En los centros educativos trabajamos la inclusión, la igualdad de oportunidades y la atención a la diversidad. Pero, ¿qué ocurre cuando nuestros estudiantes salen del sistema educativo? ¿Está realmente preparada la empresa para comprender y valorar esa diversidad? Estas preguntas fueron el detonante de un proyecto llamado Alesia que empezó a tomar forma gracias a la experiencia vivida con uno de mis alumnos de FP en el IES Alonso de Madrigal (Ávila) y que llevó a los estudiantes a desarrollar un sistema que tradujera las conversaciones a lengua de signos español.
Una historia real como punto de partida
Brillante, responsable y apasionado por la informática, Álex quería dedicarse al desarrollo de aplicaciones informáticas. Sin embargo, durante el curso fue un alumno prácticamente invisible: participaba poco en clase, evitaba intervenir en público y le costaba relacionarse con sus compañeros. Preocupado por esta situación hablé con su familia para conocerle mejor, y sus padres me explicaron que era un chico muy introvertido y no lo había pasado bien durante sus primeros años de escolarización. De hecho, al comenzar Primaria le habían detectado una pérdida auditiva significativa en uno de sus oídos; circunstancia que tal vez influyera en su forma de relacionarse con los demás.
Al finalizar sus estudios debía comenzar su periodo de prácticas en el mercado laboral y eligió una empresa que encajaba perfectamente con sus aspiraciones profesionales, preparándose durante meses para estar a la altura de aquella oportunidad. Aunque esa compañía solía incorporar a su plantilla a la mayoría de estudiantes que realizaban allí sus prácticas, apenas dos horas después de conocerle me comunicaron que no querían continuar con él y decidieron que no merecía una oportunidad. ¿El motivo? Álex apenas hablaba, no se comunicaba y no respondía a preguntas.
Aquella tarde comenzó a tomar forma una idea que acabaría convirtiéndose en Alesia: un asistente capaz de traducir mensajes de voz a lengua de signos española (LSE) en tiempo real mediante inteligencia artificial, visión artificial y un avatar tridimensional. Su objetivo es facilitar la comunicación entre personas oyentes y personas sordas, ayudando a reducir una barrera que todavía está presente en muchos ámbitos de nuestra vida cotidiana. En definitiva, una solución tecnológica nacida para responder a un problema real.

¿Cómo se desarrolló Alesia?
Uno de los mayores desafíos del proyecto era conseguir que una frase pronunciada por una persona oyente pudiera representarse correctamente en lengua de signos española mediante un avatar virtual. Para lograrlo, los alumnos diseñaron un sistema dividido en cuatro etapas:
La primera consiste en la captura del mensaje de voz: utilizando modelos de inteligencia artificial, el sistema escucha el mensaje pronunciado por el usuario y lo transcribe automáticamente a texto en tiempo real.
La segunda aborda uno de los aspectos más complejos del proyecto: la lengua de signos española (LSE) no es una traducción palabra por palabra del español hablado, sino una lengua con su propia gramática y estructura. Por ello, una vez obtenido el texto se utiliza un modelo de inteligencia artificial específicamente entrenado para aplicar las reglas gramaticales de la LSE y reorganizar la frase tal y como sería expresada por una persona signante.

La tercera incorpora visión artificial: se analizaron vídeos de intérpretes realizando signos y mediante técnicas de IA se obtuvieron las coordenadas de todas las partes del cuerpo que intervienen en cada signo: brazos, manos, dedos y articulaciones. Esa información se almacena en una base de datos asociada a cada palabra o concepto.
En la cuarta entra en acción Alesia: el sistema toma la frase ya adaptada a la gramática de la lengua de signos, busca las coordenadas asociadas a cada palabra y las envía a un avatar tridimensional que reproduce los movimientos necesarios para representar el mensaje en lengua de signos.
La tecnología como respuesta a problemas reales
El alumnado que participa en Alesia aprende programación, inteligencia artificial y metodologías ágiles, pero también desarrolla empatía, pensamiento crítico, capacidad de escucha, trabajo colaborativo… De hecho, el verano en que Álex terminó sus estudios recibí un correo en el que se informaba de que había sido seleccionado para incorporarse al equipo de una empresa tras superar su proceso de selección. Al principio no entendí por qué me habían incluido en la conversación, pero tras fijarme en el remitente lo comprendí: quien enviaba el mensaje era un antiguo estudiante que había participado en el desarrollo de Alesia.
En aquel momento confirmé que el verdadero valor del proyecto no estaba únicamente en el producto desarrollado, sino en las personas que habíamos ayudado a formar y en el alumnado que había aprendido a mirar más allá del código y a ponerse en el lugar de los demás, entendiendo que la tecnología sólo tiene sentido cuando se construye desde la empatía y responde a necesidades reales.
Este proyecto fue galardonado como ‘Mejor Experiencia TIC Educación Inclusiva, Igualdad y Diversidad’ en SIMO EDUCACIÓN 2025.











