Lo que PISA 2025 ha descubierto sobre el uso de pantallas y la IA en el aprendizaje

PISA 2025 revela que los alumnos utilizan cada vez más pantallas e inteligencia artificial, pero su uso excesivo o sin orientación puede distraer y dificultar el aprendizaje.

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PISA 2025

Las conclusiones del informe PISA 2025 han vuelto a poner el foco sobre el rendimiento del alumnado español: los resultados en competencias como lectura y matemáticas sitúan a España por debajo de la media de la OCDE. Todo ello, además, en un contexto de retroceso generalizado del rendimiento entre los estudiantes de los países participantes. Los datos reabren así el debate sobre qué está ocurriendo en las aulas, cómo se está utilizando la tecnología y qué papel debe desempeñar para mejorar el aprendizaje.

Más tecnología no significa necesariamente más aprendizaje

Una de las conclusiones que más debate ha generado de PISA 2025 es que disponer de más dispositivos digitales no implica necesariamente obtener mejores resultados académicos. Los datos de la OCDE muestran que las herramientas digitales pueden contribuir al aprendizaje cuando se utilizan con una finalidad educativa, pero también que las distracciones y determinados usos se relacionan con un peor rendimiento. Y con la inteligencia artificial ocurre algo similar.

La cuestión, por tanto, no es si las pantallas son buenas o malas para la educación ni si hay que prohibir herramientas como ChatGPT en los centros. El debate que abre PISA 2025 tiene más que ver con qué hacen los estudiantes con estas herramientas y qué ocurre con su aprendizaje cuando la tecnología sustituye parte del esfuerzo cognitivo que deberían realizar por sí mismos.

En España, los estudiantes de 15 años declaran utilizar dispositivos digitales en el centro educativo una media de 1,4 horas al día para actividades de aprendizaje, frente a las 1,7 horas de media de la OCDE. Al mismo tiempo, dedican 0,7 horas diarias al uso de dispositivos para actividades de ocio durante la jornada escolar, frente a 1,1 horas de media en la OCDE.

La propia OCDE señala que el uso frecuente de dispositivos con fines ajenos al aprendizaje se asocia con peores resultados. En cambio, un uso moderado y orientado a objetivos educativos puede aportar beneficios. Y es que no es lo mismo utilizar una tableta para analizar una fuente, realizar una simulación científica o resolver un problema que tenerla constantemente disponible para cambiar de aplicación, consultar contenido de ocio o responder a notificaciones.

PISA 2025

La distracción digital también afecta al resto de la clase

En este sentido, además, el problema no se limita al uso que cada estudiante hace de su propio dispositivo. PISA 2025 señala que, en España, el 29% del alumnado afirma que sus compañeros se distraen con dispositivos digitales durante la mayoría o todas las clases de ciencias. El porcentaje es similar al promedio de la OCDE, situado en el 28%.

Además, existe una diferencia de rendimiento asociada a esta situación: los estudiantes españoles que declaran estar en aulas donde existe esta distracción obtienen 16 puntos menos en ciencias que aquellos que no señalan este problema, una vez tenidas en cuenta las características socioeconómicas de estudiantes y centros. En el conjunto de los países analizados por la OCDE, la diferencia es de 11 puntos.

España también ha reforzado las restricciones al uso del móvil en los centros educativos. El 86% de los estudiantes está escolarizado en centros donde no se permite utilizar teléfonos móviles en las instalaciones, frente al 67% en PISA 2022. En el conjunto de la OCDE, el porcentaje es del 49%. Según la OCDE, los estudiantes de centros con estas restricciones tienen alrededor de un 13% menos de probabilidades de declarar distracciones digitales.

¿Qué ocurre con la inteligencia artificial en las aulas?

La inteligencia artificial añade una nueva dimensión al debate. El 54% de los estudiantes españoles afirma utilizar chatbots de IA para ayudarles a aprender al menos una vez a la semana, frente al 46% de media de la OCDE.

Entre los usos escolares analizados, el 42% utiliza estas herramientas para realizar una primera búsqueda sobre un tema nuevo; el 40%, para resumir un texto que tenía que leer; y el 33%, para redactar trabajos escritos. Solo un 8% declara no utilizar nunca o casi nunca chatbots para ninguno de los usos escolares analizados.

Los datos también muestran que los estudiantes que no utilizan chatbots de IA para sus tareas escolares obtienen, en general, mejores resultados que quienes sí los utilizan. Sin embargo, dentro del grupo que utiliza IA para aprender, quienes hacen un uso moderado tienden a obtener mejores resultados que quienes la utilizan muy poco o de forma intensiva. La clave vuelve a estar, por tanto, en cómo y para qué se utiliza la herramienta.

La cuestión adquiere todavía más importancia a medida que estas tecnologías se incorporan a las actividades escolares. La OCDE ha advertido de ello en su Digital Education Outlook 2026: la IA generativa puede mejorar el resultado de una tarea sin que eso implique necesariamente que se haya producido aprendizaje. Delegar en una herramienta determinadas tareas cognitivas puede elevar la calidad del producto final, pero no necesariamente las capacidades del estudiante.

Cuando, por el contrario, se utiliza con una intención pedagógica clara, la IA puede actuar como tutor, compañero de aprendizaje o asistente y contribuir al desarrollo de capacidades como el razonamiento, la argumentación o la colaboración. Por eso, una de las competencias que deberían adquirir los estudiantes es precisamente aprender a evaluar lo que genera la IA: comprobar si la información es correcta, identificar errores, contrastar fuentes y decidir cuándo una respuesta es fiable.

Por lo tanto, el reto está en diseñar situaciones de aprendizaje en las que su uso tenga un propósito claro y no sustituya los procesos cognitivos que el alumnado necesita desarrollar. 

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Laura Pajuelo

Soy periodista especializada en tecnología y educación digital. Actualmente ejerzo como subdirectora de contenidos de EDUCACIÓN 3.0, donde coordino el equipo de redacción del medio. En mis artículos analizo el impacto de la innovación tecnológica en las aulas y en la sociedad, abordando temas como la transformación digital, las competencias digitales, el uso educativo de nuevas herramientas y las tendencias que están redefiniendo la enseñanza y el aprendizaje. Desde una mirada divulgativa y con rigor periodístico, busco conectar la actualidad tecnológica con el ámbito educativo y acercar a docentes, familias y profesionales de la educación claves para aplicar la tecnología de forma crítica, responsable y efectiva.

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