Los adolescentes recurren a la inteligencia artificial para hacer deberes, resolver dudas, estudiar un examen o, incluso, pedir consejos. Pero la facilidad con la que estas herramientas ofrecen respuestas también puede llevarles a confiar en ellas sin cuestionarlas, compartir más información de la necesaria o utilizarlas para tareas que deberían realizar por sí mismos. Saber aprovechar su potencial va mucho más allá de escribir buenos prompts: también implica desarrollar el criterio necesario para decidir cuándo es apropiado utilizarlas, qué riesgos conllevan y qué límites no deberían cruzarse. Una forma sencilla de trabajar estas cuestiones consiste en crear un semáforo de la inteligencia artificial, un recurso visual que ayuda a fomentar un uso responsable de la IA edad por edad.
Diseñar el semáforo de la IA
El semáforo se crea en un cartel o póster dividido en tres colores (verde, ámbar y rojo) que clasifica los distintos usos de la inteligencia artificial según sean recomendables, requieran supervisión o deban evitarse. Puede elaborarse como una pequeña manualidad con cartulina y tarjetas de colores o diseñarse con alguna herramienta gratuita de diseño gráfico para imprimirlo después y colocarlo en un lugar visible de la casa. Así, además de un recordatorio, también se convierte en un recurso que invita a hablar sobre privacidad, pensamiento crítico, ética digital y uso responsable de la tecnología cada vez que surge una duda.
Dividirlo en colores
Antes de empezar, conviene decidir en familia qué situaciones incluir en cada categoría. El objetivo no es memorizar una lista de normas, sino reflexionar sobre cómo utilizar la IA de forma responsable y comprender por qué determinados usos son más adecuados que otros.
Verde: la IA como herramienta para aprender
Para aquellos usos responsables de la IA que actúan como apoyo al aprendizaje y no como sustituto del esfuerzo personal se utiliza el color verde. Aquí pueden incluirse acciones como pedir explicaciones sobre un concepto difícil, practicar idiomas mediante conversaciones, obtener ideas para un proyecto o generar preguntas para repasar antes de un examen.
Ámbar: detenerse antes de pulsar «enviar»
El color ámbar recuerda que la IA puede equivocarse y que sus respuestas siempre deben revisarse antes de utilizarlas. También invita a reflexionar sobre cuándo realmente aporta valor y cuándo conviene resolver una tarea por uno mismo. En este grupo encajan acciones como pedir ayuda para resolver un problema después de haberlo intentado, utilizar un texto generado por la IA como punto de partida para escribir uno propio, crear imágenes indicando que han sido generadas con inteligencia artificial o comprobar cualquier información consultándola también en otras fuentes.
Rojo: usos que nunca deberían permitirse
Por su parte, el color rojo reúne aquellas acciones que pueden comprometer la privacidad o la seguridad. Entre ellas se encuentran introducir datos personales propios o de otras personas, compartir fotografías para que la IA las analice sin consentimiento, utilizar estas herramientas para suplantar la identidad de un compañero, generar contenido ofensivo o presentar como propio un trabajo realizado íntegramente por inteligencia artificial con el objetivo de engañar al profesorado.
Ponerlo en funcionamiento y actualizarlo
Además de recoger ejemplos para cada color, las familias pueden reforzar el aprendizaje utilizando tarjetas didácticas con situaciones reales como: “le pido a ChatGPT que escriba una redacción completa”, “subo una foto de un amigo para crear un avatar”, “le pido que me explique una ecuación paso a paso” o “le pregunto ideas para un experimento de ciencias”. El reto consiste en clasificarlas en el color correspondiente y debatir juntos el motivo de esa elección.
Asimismo, el semáforo no tiene por qué ser un cartel estático. A medida que aparezcan nuevas herramientas, aplicaciones o funciones, puede revisarse y actualizarse. De este modo, las normas evolucionan al mismo ritmo que la tecnología y el semáforo deja de ser una simple lista de recomendaciones o prohibiciones para convertirse en un recurso vivo que fomenta el diálogo y el pensamiento crítico.