Vivimos rodeados de dispositivos tecnológicos: auriculares, altavoces, tablets, móviles, impresoras, pulseras de actividad… Cuando dejan de funcionar correctamente o los sustituimos por modelos nuevos, surge una pregunta: ¿qué hacemos con ellos? Muchos terminan convertidos en residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), un problema cuyo volumen no deja de crecer. Según el informe ‘Global E-waste Monitor 2024’ de UNITAR (Instituto de las Naciones Unidas para Formación Profesional e Investigaciones) en 2022 se generaron 62 millones de toneladas de residuos electrónicos, un 82% más que en 2010. La previsión es que esta cifra aumente otro 32% hasta alcanzar los 82 millones de toneladas en 2030. Antes de llegar a ese punto, hay opciones para alargar la vida de la tecnología que ya no utilizamos.
¿Qué hacer con los dispositivos electrónicos que ya no utilizamos?
Que una tablet vaya más lenta con el paso del tiempo, que la batería del teléfono móvil dure cada vez menos o que el portátil ya no pueda ejecutar tareas exigentes no significa necesariamente que sea el momento de deshacerse para siempre de ellos.
La reutilización
Una opción es encontrarle al dispositivo un uso alternativo. Por ejemplo, que una tablet ya no posea suficiente potencia para las aplicaciones que usábamos habitualmente no significa que haya perdido toda su utilidad: puede convertirse en un lector de libros electrónicos y utilizarse para consultar recetas en Internet mientras cocinamos. Lo mismo sucede con otros dispositivos. Un móvil antiguo puede convertirse en un reproductor para escuchar música o podcasts para aprender ciencia, historia o psicología, entre otros muchos temas, mientras que un ordenador que ya no tiene potencia suficiente y se ha quedado ‘corto’ para las tareas más exigentes puede resultar perfectamente válido para escribir documentos, navegar por Internet o realizar trabajos escolares. Incluso es posible conectar un monitor en desuso a otro equipo para ampliar el espacio de trabajo y utilizarse como segunda pantalla.

La reparación
Cambiar una batería o reparar una pantalla puede mejorar el funcionamiento del dispositivo y prolongar su vida útil. Eso sí, antes de invertir en una reparación conviene valorar su coste, ya que no siempre compensa económicamente.
Puesta a punto
Eliminar programas que ya no utilizamos, liberar espacio de almacenamiento o actualizar el sistema operativo también ayuda a recuperar parte del rendimiento de un dispositivo.
¿Y por qué no donarlo, venderlo o regalarlo?
Si las opciones anteriores no acaban de convencerte o simplemente has adquirido un dispositivo nuevo y el anterior todavía funciona bien, búscale otro dueño. Se lo puedes regalar a un amigo, un conocido o un familiar o, si prefieres ganar algo de dinero, venderlo a través de plataformas de compraventa de segunda mano o visitar establecimientos y servicios especializados en tecnología que ofrecen servicios de valoración y recompra. Otra opción es la donación a través de entidades como Ordenadores sin Fronteras y Asociación Informática Abierta.

Cuidado con los datos
Los usuarios que se decidan por la donación, la venta o el regalo tienen que asegurarse de borrar correctamente toda la información almacenada en el dispositivo. No basta con eliminar las fotografías, los documentos o las aplicaciones que aparecen a simple vista. Antes de entregar un móvil, una tablet u ordenador es recomendable realizar una copia de seguridad de lo que se desea conservar, cerrar sesión en todas nuestras cuentas y restablecer el dispositivo a sus valores de fábrica.











