La enseñanza de lenguajes de programación se ha convertido en esencial en la FP, donde nos ayuda a preparar a los estudiantes para los desafíos del mercado laboral. Por eso, decidimos introducir a nuestro alumnado a Python para desarrollar competencias prácticas y pensamiento lógico.

La elección de este lenguaje no es casual: es sencillo, versátil y con una sintaxis clara, lo que lo convierte en una excelente opción para quienes se inician en el mundo de la programación. Y lo aplicamos siguiendo el enfoque flipped classroom y el aprendizaje basado en proyectos (ABP), permitiendo a los alumnos trabajar sobre problemas reales, colaborativos y progresivos.

enseñar python en FP

Entorno de aprendizaje

En un primer acercamiento, introdujimos la parte  teórica con apoyo audiovisual (vídeos cortos y recursos interactivos), para luego empezar a trabajar de forma guiada en el aula de Informática y desarrollar mini-proyectos individuales y grupales. Tuvimos que dividir los contenidos en bloques temáticos(variables y tipos de datos, estructuras de control, funciones y manejo de ficheros), y establecimos que las sesiones prácticas tuvieran una duración de 2 horas en las que los estudiantes pasaban de una breve explicación inicial (máximo 10 minutos) a realizar actividades guiadas por retos.

Así, en grupos de 2 estudiantes, diseñaron una calculadora funcional con operaciones básicas, reforzando el uso de condicionales y entrada de datos. En una segunda actividad, implementaron un juego en el que el ordenador genera un número aleatorio y el usuario debe adivinarlo, con pistas tipo ‘mayor a menor’. Con ella, se trabajaron bucles y funciones. Después, en el proyecto final individual cada estudiante eligió entre 3 proyectos (gestor de contraseñas, agenda de contactos o sistema de notas) y lo programó con una guía paso a paso. Para ello, se utilizó una rúbrica de evaluación y un formulario de autoevaluación personal.

En todas las actividades, se emplearon herramientas como Replit, Google Classroom y formularios de autoevaluación semanal que permitieron una retroalimentación constante y personalizada.

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Protagonistas de su aprendizaje

Gracias a este enfoque práctico, los alumnos se sintieron protagonistas de su aprendizaje y mostraron una mayor autonomía y creatividad. También generó un ambiente colaborativo muy positivo entre los compañeros, especialmente en el trabajo en parejas y en la resolución colectiva de errores.

Entre los resultados más relevantes, podemos destacar un notable incremento del compromiso del alumnado y una mejora en su capacidad de resolución de problemas. El 85% del grupo finalizó con éxito los proyectos propuestos y un 60% manifestó interés en seguir profundizando en la programación más allá del módulo obligatorio. Además, el uso de herramientas de evaluación formativa, como rúbricas y autoevaluaciones semanales, permitió a los estudiantes identificar sus propios avances y áreas de mejora. 

Esta experiencia no solo ha contribuido a mejorar la competencia digital de mis alumnos, sino también a reflexionar sobre mi práctica educativa. La implementación de metodologías activas y el uso de tecnologías accesibles han demostrado ser claves para motivar a los estudiantes y adaptar la enseñanza a un perfil de alumnado cada vez más diverso.