¿Es la inteligencia artificial una aliada o un riesgo para el aprendizaje? Para Sarah Henkelmann-Hillebrand, Pan-European Market Development Manager Education de Epson Europe, la clave no está en usar esta tecnología sin más, sino en saber cómo integrarla con un objetivo educativo en el aula. Defensora de un equilibrio entre lo digital y lo analógico, destaca la importancia de reforzar entre los estudiantes habilidades como el pensamiento crítico, la adaptabilidad y la inteligencia emocional. También aboga por la necesidad de apostar por experiencias de aprendizaje inmersivas que favorezcan la participación y la comprensión profunda. En esta entrevista reflexiona sobre cómo la innovación, bien aplicada, puede contribuir a una educación más inclusiva, colaborativa y conectada con las necesidades reales del alumnado.
Pregunta: La IA es uno de los temas centrales en los debates actuales sobre la educación y el aprendizaje en las aulas. ¿Se sienten realmente preparados los equipos docentes para este cambio de paradigma?
Respuesta: Nos encontramos en un punto de inflexión en el que la sensación predominante es de incertidumbre y preocupación constructiva. Si bien la IA ya está transformando el mundo que conocíamos, nuestros últimos estudios indican que casi un tercio del profesorado español teme que las escuelas no están dotando a los estudiantes de las habilidades necesarias para este futuro. Es más, una cifra muy reveladora es que el 62% afirma que el sistema educativo actual no sabe cómo preparar al alumnado para un mercado laboral que será radicalmente diferente al de las generaciones anteriores.
Por lo tanto, el reto reside en la desconexión entre lo que se enseña y lo que se necesitará. Los docentes tienen claro que, en un mundo dominado por la IA, el éxito dependerá de habilidades exclusivamente humanas como la adaptabilidad, la inteligencia emocional y el pensamiento crítico. Sin embargo, la realidad del aula es preocupante: el 84% no ha observado mejoras en la capacidad de pensamiento crítico de sus estudiantes recientemente, e incluso más de la mitad ha notado un descenso real en esta competencia vital.
P: El uso de la IA por parte del alumnado es cada vez más frecuente. ¿Cómo afecta esto en el proceso de aprendizaje diario?
R: El impacto es significativo y, según el profesorado, tiene doble filo. Sabemos que el 94% de los y las docentes observan que su alumnado ya utiliza herramientas de IA para realizar tareas y deberes. La preocupación radica en que la mitad considera que este uso tiene un efecto negativo en el aprendizaje: existe la percepción de que la IA se usa como un atajo cognitivo que permite a los y las estudiantes saltarse su propia educación.
«Existe la percepción de que la IA se usa como un atajo cognitivo que permite a los y las estudiantes saltarse su propia educación»
Sarah Henkelmann-Hillebrand (Epson Europe)
Las consecuencias de este atajo son tangibles en las capacidades básicas. Al profesorado le preocupa que esta dependencia excesiva esté reduciendo la capacidad del alumnado para detectar información falsa y desarrollar pensamiento crítico. Además, los y las docentes advierten de que estas herramientas y soluciones están llevando a peores resultados en los exámenes, ya que sus estudiantes muestran dificultades para rendir cuando no tienen el soporte de la IA.
P: Ante este escenario, ¿cuál podría ser la solución?
R: La solución que proponen los equipos docentes es equilibrio, sensatez y propósito. No se trata de introducir tecnología en el aula porque sí, ni de digitalizar por inercia sustituyendo libros por pantallas sin un beneficio pedagógico claro. La tecnología debe entrar en la escuela para solucionar retos concretos, como la falta de motivación o la dificultad para visualizar conceptos abstractos, no para replicar lo que ya funciona bien en formato físico.
La mayoría del profesorado afirma que debe haber un balance cuidadoso entre las herramientas digitales y el uso de lápiz y papel. No es un rechazo a la innovación, sino un reconocimiento de que cada herramienta tiene su función. De hecho, el 60% cree que sus estudiantes aprenden mejor en papel, y sigue considerando esenciales los recursos tradicionales para asentar los fundamentos de la escritura y la aritmética.
«La tecnología debe entrar en la escuela para solucionar retos concretos, como la falta de motivación o la dificultad para visualizar conceptos abstractos, no para replicar lo que ya funciona bien en formato físico»
Sarah Henkelmann-Hillebrand (Epson Europe)
En Epson creemos que la tecnología debe apoyar y enriquecer el aprendizaje. Debemos usar el papel para estructurar el pensamiento y asentar las bases cognitivas, y reservar la tecnología para aquello donde aporta un valor diferencial único, como la inmersión, la colaboración en tiempo real o la inclusión. Se trata de sumar capacidades, no de restar procesos cognitivos esenciales.
P: En este sentido, otro desafío identificado en el nuevo estudio de Epson es el espacio físico del aula y el llamado ‘desafío de la última fila’. ¿Cómo influye la disposición de la clase en la equidad educativa?
R: El espacio físico puede ser una barrera invisible tan potente como la digital. Casi la mitad del profesorado en España coincide en que el alumnado que se sitúa al fondo de la clase se distrae con más facilidad, y observa que estos estudiantes suelen esforzarse menos en su trabajo. La distancia física se traduce en distancia pedagógica.
Este problema se agrava con la actual tecnología de comunicación visual más habitual en el aula. Los docentes se sienten encadenados a la parte delantera del aula debido a la necesidad de manejar pantallas táctiles planas. Al no poder moverse, pierden conexión con el grupo y se pone en desventaja a quienes se sientan más lejos. Romper esta rigidez espacial es una prioridad para garantizar que todo el alumnado reciba la misma atención. La equidad real en el aula implica también que todos y todas tengan el mismo acceso visual y la misma atención, sin importar dónde se sienten.
«La clave del aprendizaje inmersivo es que hace tangibles los conceptos abstractos, ofreciendo un entorno seguro donde los estudiantes pueden experimentar y aprender haciendo, algo vital para prepararles para el futuro»
Sarah Henkelmann-Hillebrand (Epson Europe)
P: En este contexto de redefinición del aula, el aprendizaje inmersivo aparece como una tendencia fuerte. ¿Es una herramienta efectiva para recuperar esa atención perdida?
Absolutamente, sí. Es una solución pedagógica muy potente si se aplica de forma correcta y una respuesta directa a la necesidad de desarrollar esas habilidades más humanas que mencionábamos al principio. Al simular escenarios del mundo real, como puede ser interactuar con una célula o visitar una ciudad histórica, se fomenta la resolución de problemas y el pensamiento crítico de una forma que la teoría no puede.
La clave del aprendizaje inmersivo es que hace tangibles los conceptos abstractos, ofreciendo un entorno seguro donde los estudiantes pueden experimentar y aprender haciendo, algo vital para prepararles para el futuro.
P: Para lograr esa inmersión y equidad, ¿por qué Epson apuesta por la proyección frente a las pantallas interactivas tradicionales?
R: La proyección ofrece una flexibilidad que las pantallas fijas no pueden igualar y responde directamente a las demandas del profesorado que hemos comentado. Los proyectores, combinados con conectividad inalámbrica, permiten al docente controlar el contenido desde cualquier punto, rompiendo las cadenas con la pizarra.

Además, la proyección es inherentemente más inclusiva y colaborativa. El profesorado coincide en que los proyectores de gran pantalla ayudan a ver mejor a quienes están al fondo, solucionando el problema de visibilidad. Y a diferencia de las gafas de realidad virtual, que aíslan, o las pantallas pequeñas, que limitan, los proyectores permiten crear entornos inmersivos compartidos donde toda la clase participa simultáneamente. Es tecnología diseñada para unir al grupo, no para aislar al individuo.