Miguel León Arregui, de Fundación ONCE: “La formación digital reduce desigualdades y amplía el abanico de oportunidades reales en un mercado cada vez más tecnológico”

La capacitación digital es esencial para favorecer la mejora de la empleabilidad y autonomía de las personas con discapacidad. Así lo cree Miguel León Arregui, coordinador del Programa Por Talento Digital Esenciales de Fundación ONCE, que además reflexiona en esta entrevista sobre la necesidad de ofrecer modelos formativos más modulares, accesibles y conectados con la realidad del mercado laboral.

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La transformación digital está redefiniendo las oportunidades de acceso al empleo, pero no lo hace en igualdad de condiciones para todos. En este contexto, la inclusión —especialmente cuando confluyen factores como género y discapacidad— sigue siendo uno de los grandes retos del sistema educativo y formativo. Miguel León Arregui García, coordinador del Programa Por Talento Digital Esenciales de Fundación ONCE, lleva años trabajando precisamente para impulsar iniciativas que buscan reducir brechas estructurales y mejorar la empleabilidad real de colectivos en riesgo de exclusión. Desde la alfabetización informacional hasta el uso crítico de la inteligencia artificial, pasando por la construcción de una identidad profesional online, defiende una visión de la formación digital como herramienta de autonomía, empoderamiento y participación plena en la sociedad.

En esta entrevista, reflexiona sobre los desafíos que aún persisten en el sistema educativo español —desde barreras metodológicas hasta un déficit de expectativas— y plantea la necesidad de avanzar hacia modelos más flexibles, inclusivos y conectados con la realidad del mercado laboral

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Pregunta: La brecha digital es una realidad que afecta a diversos sectores de la sociedad, pero cuando añadimos la variable de género y discapacidad el riesgo de exclusión se multiplica. ¿Cómo contribuye la formación en competencias digitales de las mujeres con discapacidad a mejorar su empleabilidad real?

Respuesta: Cuando hablamos de mujeres con discapacidad nos encontramos ante una doble brecha: la de género y la de acceso a oportunidades formativas y laborales. La capacitación digital actúa como palanca de equilibrio porque permite acceder a sectores en crecimiento, mejorar la autonomía en la búsqueda activa de empleo y fortalecer la confianza profesional. No se trata solo de saber utilizar herramientas digitales, sino de adquirir competencias que permiten participar en procesos de selección, teletrabajar, emprender o construir una identidad profesional online. La formación digital reduce desigualdades estructurales y amplía el abanico de oportunidades reales en un mercado cada vez más tecnológico.

P: Más allá del acceso a dispositivos o conectividad, ¿qué tipo de competencias digitales considera que son hoy estratégicas para la inserción laboral? ¿Dónde detectan mayores carencias?

R: Las competencias estratégicas combinan hoy día habilidades técnicas y competencias transversales, siendo clave la alfabetización informacional, la comunicación digital eficaz, la gestión de la identidad profesional online, la ciberseguridad, el uso responsable de la inteligencia artificial y la capacidad de adaptarse a nuevas herramientas. Detectamos mayores carencias no tanto en el manejo básico de dispositivos, sino en la confianza para utilizarlos de forma autónoma, en la protección de datos personales y en la comprensión crítica del entorno digital. También existe una brecha en el aprovechamiento profesional de herramientas como la IA, que pueden mejorar la empleabilidad si se utilizan con criterio.

“La IA debe abordarse como una herramienta que puede facilitar procesos, mejorar la productividad y compensar barreras”

Miguel León Arregui

P: En un contexto de transformación acelerada por la inteligencia artificial y la automatización, ¿existe el riesgo de que las personas con discapacidad queden rezagadas? ¿Qué debería proponer el sistema educativo para anticiparse a este escenario y no actuar únicamente de forma reactiva?

R: Existe ese riesgo si no se apuesta por una formación inclusiva desde el inicio. La IA no debe abordarse como un contenido técnico reservado a perfiles especializados, sino como una herramienta cotidiana que puede facilitar procesos, mejorar la productividad y compensar barreras. El sistema educativo debería integrar la inteligencia artificial, la ética digital y la accesibilidad tecnológica de forma transversal, enseñando a comprender cómo funcionan estas herramientas y cómo utilizarlas de manera crítica y segura. Anticiparse implica democratizar el conocimiento tecnológico y garantizar que la accesibilidad forme parte del diseño inicial, no como adaptación posterior.

P: Desde su experiencia, ¿qué barreras estructurales siguen encontrando las personas con discapacidad en el sistema educativo y formativo español? ¿Son más tecnológicas, metodológicas, de expectativas…?

R: Las barreras son múltiples y, en muchos casos, acumulativas: existen obstáculos tecnológicos cuando los entornos no son plenamente accesibles, pero también barreras metodológicas relacionadas con ritmos de aprendizaje rígidos o falta de personalización. Sin embargo, uno de los factores más determinantes sigue siendo el de las expectativas: cuando el entorno educativo no confía plenamente en el potencial del alumnado con discapacidad, las oportunidades se reducen. Superar estas barreras requiere una combinación de accesibilidad, flexibilidad metodológica y un cambio cultural que ponga el foco en las capacidades y no en las limitaciones.

“Cuando el entorno educativo no confía plenamente en el potencial del alumnado con discapacidad, las oportunidades se reducen”

Miguel León Arregui

P: La inclusión educativa suele abordarse desde edades tempranas y, especialmente, en la etapa obligatoria, pero ¿está preparado nuestro modelo de FP y universitario para ofrecer itinerarios flexibles y accesibles que respondan a las necesidades de las personas con discapacidad adultas y eviten el abandono temprano de este alumnado?

R: Aún existe margen de mejora. La Formación Profesional y la Universidad han avanzado en recursos y adaptaciones, pero la flexibilidad curricular, la orientación personalizada y la integración real de competencias digitales accesibles siguen siendo desafíos pendientes. Las personas adultas con discapacidad necesitan itinerarios adaptables, formación práctica y acompañamiento que tenga en cuenta sus circunstancias personales y laborales. Evitar el abandono implica ofrecer modelos formativos más modulares, accesibles y conectados con la realidad del mercado laboral.

P: Cuando se habla de educación inclusiva, el discurso a menudo se centra en los recursos y las adaptaciones curriculares, pero no se apuesta por una mirada más cultural o social. ¿Hasta qué punto urge un cambio más pedagógico y cultural y no tan tecnológico o normativo?

R: El cambio cultural es imprescindible, ya que la inclusión no puede limitarse a cumplir una normativa o proporcionar herramientas de apoyo; debe formar parte de la cultura del centro. Esto implica metodologías activas, aprendizaje práctico, participación real del alumnado y una visión que entienda la diversidad como un valor añadido. La tecnología es una aliada, pero sin una transformación pedagógica que fomente autonomía, pensamiento crítico y confianza, la inclusión se queda en lo formal. El reto es avanzar hacia modelos donde el alumnado sea protagonista de su aprendizaje.

“Evitar el abandono implica ofrecer modelos formativos más modulares, accesibles y conectados con la realidad del mercado laboral”

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P: ¿Qué papel pueden desempeñar los equipos directivos y docentes de los centros educativos para mejorar las oportunidades formativas y laborales del alumnado con discapacidad más allá de cumplir con la normativa?

R: Los equipos directivos y docentes son agentes clave de cambio, pudiendo impulsar una cultura inclusiva desde la planificación estratégica del centro, promover la formación continua del profesorado en accesibilidad y competencia digital, y establecer alianzas con entidades sociales y empresas para facilitar transiciones al empleo. Más allá del cumplimiento normativo, su papel consiste en generar expectativas altas, acompañar procesos individuales y conectar la formación con proyectos reales que permitan al alumnado visualizar un futuro profesional posible y alcanzable.

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Colaboradora de EDUCACIÓN 3.0
Con una trayectoria de más de 20 años en el mundo de la comunicación, actualmente colaboro con EDUCACIÓN 3.0, donde tengo la oportunidad de desarrollar mi otra gran pasión como periodista: crear contenidos relacionados con tecnología, innovación educativa y formación. En cada artículo, reportaje o entrevista que elaboro busco trasladar a la comunidad docente información rigurosa y relevante tratada con un enfoque divulgativo, práctico y cercano.
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