Cuando un docente recibe la noticia de que va a ser tutor, la reacción puede ir desde la ilusión hasta la incertidumbre. Y es que, además de la enseñanza de una materia, la tutoría implica acompañar al alumnado en su proceso educativo y mantener una relación más estrecha con las familias y con el resto de profesionales del centro. Una ampliación de funciones que puede plantear dudas, especialmente la primera vez: qué responsabilidades asumir, cómo organizarse o cómo actuar ante determinadas situaciones.
Por eso, conviene afrontar este nuevo reto sin improvisar. Para los expertos, conocer las funciones del tutor, apoyarse en el equipo docente y de orientación y establecer desde el principio unas pautas de organización ayuda a ganar seguridad y a afrontar esta responsabilidad con más herramientas. También permite entender la tutoría como una oportunidad para acompañar al alumnado desde una perspectiva más amplia y desarrollar nuevas habilidades dentro de la práctica docente.

Cómo prepararse para las nuevas funciones
Antes de comenzar conviene tener claro qué se espera del tutor y qué recursos tiene el centro para acompañar esta labor. Para conocer algunas de las claves que faciliten esta nueva función, el INTEF y la Universidad de Alicante recomiendan seguir estos pasos.
Conocer el Plan de Acción Tutorial del centro
Lo primero es revisar el Plan de Acción Tutorial (PAT) y la documentación interna del centro para conocer las actuaciones previstas, los procedimientos de seguimiento y los canales de coordinación. La acción tutorial requiere una planificación conjunta, tanto a nivel de centro como de grupo, que después se concreta y personaliza en la figura del tutor. Consultar el PAT también sirve para conocer qué criterios y protocolos sigue el centro ante cuestiones como la convivencia, la comunicación con las familias o el acompañamiento del alumnado.
Coordinarse con orientación y el equipo docente
La tutoría no es una responsabilidad individual. Resulta fundamental identificar a las personas y servicios a los que es posible recurrir cuando una situación requiere una intervención específica y saber cómo coordinarse con ellos. Por ejemplo, ante un estudiante que comienza a mostrar dificultades para relacionarse con sus compañeros o un cambio importante en su comportamiento, el tutor puede recoger información del resto de docentes y trasladar la situación al departamento de orientación para valorar conjuntamente cómo actuar. Del mismo modo, ante un problema que afecta a su rendimiento académico, coordinarse con los profesores que le dan clase ayuda a tener una visión más completa antes de ponerse en contacto con la familia.
Preparar la comunicación con alumnado y familias
La comunicación es otra de las cuestiones que debe planificarse. No se trata solo de saber cuándo se convocarán las reuniones con las familias, sino de establecer unos canales y pautas que faciliten un contacto claro y ordenado durante el curso. Explicar desde el inicio cómo contactar con el tutor, qué tipo de cuestiones pueden abordarse por cada canal y cuándo se tratarán determinados asuntos ayuda a evitar malentendidos y a reservar los encuentros individuales para las situaciones que necesitan una atención más específica.
Qué competencias debe desarrollar un tutor
Más allá de conocer las funciones y organizar las tareas del día a día, ejercer como tutor requiere desarrollar una serie de habilidades que entran en juego en la relación con el alumnado, las familias y el resto del equipo docente. La comunicación, la escucha, la capacidad de organización y el trabajo coordinado son algunas de ellas.
Así lo recoge un estudio de la Universidad de Murcia que identifica cuatro dimensiones dentro de las competencias tutoriales: información y adaptación; gestión y apoyo grupal; orientación educativa y profesional; y seguimiento continuo del alumnado. En la práctica, estas competencias se traducen en saber observar cómo evoluciona el grupo, detectar cuándo el alumnado necesita apoyo, orientarle cuando sea necesario y mantener una comunicación adecuada con las familias. También conlleva saber escuchar antes de ofrecer una respuesta, tener en cuenta la información que aportan otros docentes y coordinar diferentes puntos de vista a la hora de tomar una decisión.
Verlo como una oportunidad profesional
Poner en práctica estas habilidades también amplía la experiencia profesional del docente. Asumir esta función aporta experiencia en ámbitos como la coordinación con otros profesores, la comunicación con las familias, la gestión de un grupo o el seguimiento individual del alumnado. Una vivencia que resulta especialmente valiosa si, más adelante, el docente asume otras responsabilidades dentro del centro que requieran coordinar personas, acompañar al alumnado o participar en la organización educativa. Además, para quienes quieran profundizar en estas competencias existen formaciones específicas que engloban de principio a fin todo este proceso.


