Fantasía y sorpresa para trabajar las inteligencias múltiples

Fantasía y sorpresa han sido los dos elementos indispensables para que el alumnado de la escuela infantil La Pradera en Pilar de la Horadada (Alicante) trabajara sus distintas inteligencias. Nos lo cuenta Nuria Jiménez García, maestra del centro.

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proyecto inteligencias múltiples

Potenciar cada uno de los ámbitos desde una vertiente lúdica y motivadora fue el objetivo que nos llevó a poner en marcha el proyecto ‘Ocho hadas para ocho inteligencias’, basado en el modelo de las inteligencias múltiples de Howard Gardner.

Para ello, hemos creado un escenario basado en la fantasía y en la sorpresa. A la hora de seleccionar las actividades o dinámicas que presentaría cada hada, tuvimos en cuenta los intereses y necesidades de los alumnos, pues sólo partiendo de ellos lograríamos ofrecer una respuesta didáctica ajustada a sus características, motivaciones y sus posibilidades de aprendizaje.

Primero, los parámetros

Teniendo en cuenta lo que nuestros niños y niñas ya sabían, y una vez decidido hacia dónde queríamos orientar la propuesta de trabajo, diseñamos los objetivos de este proyecto:

  • Participar en juegos lingüísticos para divertirse y aprender.
  • Nociones espaciales básicas: arriba/abajo, a un lado/a otro, delante/detrás.
  • Potenciar el desarrollo de sensaciones y percepciones a través de los sentidos.
  • Establecer relaciones lógicas para la composición de rompecabezas y la realización de clasificaciones.
  • Valorar las relaciones afectivas con el grupo de iguales y desarrollar actitudes de respeto, cooperación y empatía.
  • Identificar y reproducir sonidos a través de recursos musicales y corporales y disfrutar con de las audiciones musicales.
  • Conocer y expresar las necesidades, intereses y sentimientos propios.

Partiendo de ellos concretamos los contenidos a tratar en cada sesión y especificamos los aspectos organizativos, así como la metodología más idónea para llevarlas a cabo.

inteligencias multiples experiencia infantil

¡Así lo pusimos en marcha!

La presentación del proyecto se enmarcó en un contexto de fantasía en el que se les anunciaba que se había descubierto un bosque mágico en el que vivían ocho hadas con habilidades diferentes que revoloteaban de aquí para allá con una maleta secreta: Les habíamos pedido que nos visitara una cada día.

Con la visita del hada de la Inteligencia lingüística proporcionamos un ambiente en el que la sonoridad de los poemas invitaban a la verbalización y la repetición. Se realizaron actividades de motricidad bucofacial como animar a los pequeños a soplar a través de una pajita y de estimulación del lenguaje, tomando como referencia a la pedagoga Tamara Chuvarovsky, conocida por su trabajo para la estimulación del lenguaje que combina rimas con movimientos de las manos y sonidos.

Por su parte, el hada de la Inteligencia matemática hizo uso de la canción ‘Las olas del mar’ y, empleando como recurso un paracaídas (que sirvió para fomentar el trabajo en equipo), elaboró una coreografía en la que el movimiento, la coordinación y las nociones espaciales fueron las grandes protagonistas de su sesión.

Gracias a la visita de la Inteligencia intrapersonal pudimos profundizar sobre cómo nos sentimos y cuál es nuestro estado emocional. A través de un panel con vasitos e imágenes que representaban las distintas emociones, el hada jugó a imitar los gestos y posiciones corporales que aparecían en dichas imágenes. A continuación, las distribuyó para que cada niño colocase dentro del vaso indicado cada emoción. Ponerles nombre y ordenarlas contribuye a la mejora de la identificación y gestión de las mismas.

En grupo

Dado que la Inteligencia interpersonal se relaciona con la capacidad de percibir y distinguir los sentimientos de las demás personas, se optó por trabajar en grupo. Dimos a los pequeños la oportunidad de hablar, interactuar y formar lazos afectivos entre ellos. Iniciamos la actividad hablando sobre cómo se sentían y les pedimos que intentasen explicar por qué. También se empleó un dado con diferentes acciones afectivas que cada jugador debía ofrecer a un compañero. Al final, comprobamos que los niños que en el coloquio inicial afirmaron estar tristes o disgustados son los que recibieron más besos y abrazos.

El hada de la Inteligencia visual-espacial propuso una actividad en la que se dio una atención preferente al razonamiento lógico y a las clasificaciones. Se colocaron diferentes rompecabezas frente a los alumnos: alimentos, animales y prendas de vestir. Una vez visualizados y analizadas las cualidades de los objetos entre todos, las piezas se repartieron entre los asistentes. Los niños se iban acercando a los puzles e intentaban buscar el lugar indicado que ocupaba su pieza. Por último, se ofreció un rompecabezas a cada niño para que se divirtiese completándolo.  

Con la visita de la Inteligencia naturalista, por otro lado, nos adentramos en una historia en la que ‘Flora’, el hada de la naturaleza, recorría el camino de vuelta a su casa del bosque tras visitar a los niños de La Pradera. Este camino se creó con grandes bandejas sensoriales que los niños tendrían que transitar descalzos. Cada bandeja contenía una materia natural diferente: piedras planas, hojas, arena, agua, naranjas en rodajas… ¡Una experiencia sensorial genial!

El hada de la Inteligencia corporal-cinestésica nos visitó para movilizar el cuerpo y nos invitó a activarlo a través del yoga. La clase se colocó alrededor de ella y saludaron al sol y a la tierra, se convirtieron en animales y en una tribu de indios y hasta se relajaron pasando un día en la playa. La práctica de yoga en la infancia tiene grandes beneficios como la mejora de la concentración, el autocontrol y el equilibrio mientras se aúnan juego y relajación.   

Por último, y puesto que la Inteligencia musical se potencia a través de la escucha de canciones, tocando instrumentos y cantando o creando sonidos, qué mejor que contar con nuestra maestra de música para dirigir la actividad.

La evaluación del proyecto

Las visitas de cada una de las hadas suponía una revolución entre los pequeños, ya que su interés se acentuaba con ‘señales’ (sonidos, golpecitos en la puerta…) que las educadoras preparábamos con anterioridad. El factor sorpresa era un gran aliciente que incitaba a los niños a verse inmersos en el proyecto.

Respecto a la evaluación del proyecto, se valoró el progreso de cada sesión a través del análisis y la posterior reflexión de las observaciones realizadas durante el desarrollo de las actividades. Del mismo modo, las ocho sesiones fueron valoradas por todo el equipo de educadoras que conformamos La Pradera para analizar cuáles fueron los puntos fuertes de nuestra propuesta de intervención y aquellas cosas que serían susceptibles de mejora.

Finalmente, el proyecto concluyó con la confección de un gran mural a modo de síntesis del proyecto con fotografías y pictogramas representativos de cada inteligencia, que fue colocado en una de las paredes de la escuela.

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