Todos conocemos a esos ‘heroicos’ profesores proactivos, con inquietudes pedagógicas y siempre dispuestos a llevar a cabo innovaciones en sus aulas que se salen del guion.
Docentes que impulsan metodologías activas o que buscan conectar el aprendizaje con problemas reales para hacerlo más significativo. Sin embargo, existe un riesgo evidente: que estas iniciativas se queden en proyectos aislados o, incluso, en experiencias puntuales porque no sientan el apoyo de la dirección.
Por eso, es fundamental que los equipos directivos amplíen su mirada y apoyen el emprendimiento de la forma correcta, aplicando incluso estrategias como la Ley de Pareto—también conocida como principio 80/20— para priorizar lo que realmente genera impacto.En este contexto cobra sentido la figura del ‘emprendedor educativo’: alguien capaz de identificar todo tipo de oportunidades de mejora en la enseñanza y convertirlas en proyectos viables, dotándolos de recursos y estructura. Puede ser un miembro de la dirección o un profesor que trabaje en estrecha vinculación con ella. Pero, además de pasión por la educación, necesita incorporar una mentalidad empresarial y contar con habilidades de negocio: planificación, gestión financiera, marketing, desarrollo de negocio sostenible…
Además, el emprendedor educativo debe adaptar cada acción al perfil del alumnado –teniendo en cuenta su edad y características– y fomentar el trabajo en equipo: más allá del resultado, importa aprender a colaborar, compartir y reconocer las capacidades de los demás. En este sentido, resulta especialmente enriquecedor que el estudiante recree cómo se crea una empresa, entre en contacto con emprendedores que les cuenten las dificultades que tuvieron o participe en actividades como concursos de ideas, talleres prácticos, uso de recursos digitales, visitas a empresas…
Competencia transversal
Para que el emprendimiento educativo se consolide, se tienen que crear una serie de condiciones. Esto implica apostar por una visión estratégica que lo integre en el proyecto educativo, y que emprender sea una competencia transversal dominada por la creatividad, la iniciativa y la resolución de problemas. Para conseguirlo, es imprescindible crear espacios de experimentación pedagógica e impulsar proyectos que involucren al profesorado y el alumnado. Y todo ello enfocado a que lo conseguido se mantenga en el tiempo, que no sea algo esporádico.
De igual modo, el emprendedor educativo debe encargarse de estructurar cada una de las propuestas, generar dinámicas que fomenten la colaboración de todos y, por supuesto, facilitar recursos para que se puedan poner en marcha. Es, además, el encargado de permitir que se experimente y animar a que los profesores propongan ideas, aunque haya incertidumbre respecto a los frutos que se puedan conseguir.
Integrado en el funcionamiento cotidiano
Para que la innovación tenga impacto real es necesario, por último, que los equipos directivos y el emprendedor educativo transformen esas experiencias en el espíritu de sus centros, que el emprendimiento no sea algo complementario si no que esté integrado en el funcionamiento cotidiano. Es decir, convertir esa energía innovadora en estrategia compartida, creando así el ecosistema donde esas iniciativas puedan crecer y perdurar. Esto implica facilitar tiempos para el trabajo colaborativo de los profesores, ofrecer herramientas para compartir experiencias y consolidar una cultura de mejora continua.
Enhorabuena por el artículo, totalmente oportuno. Necesitamos pasar de las modas a las evidencias porque innovar no es hacer cosas nuevas y diferentes, es también medir el impacto. El problema no es la innovación. La educación necesita innovar. El problema es otro: raramente sabemos cuánto funcionan realmente estas propuestas. Algunos nos movemos en estos escenarios y no es tarea fácil. No sólo hace falta emprendedores educativos en los centros sino también en las administraciones, a todos los niveles, porque hacen falta políticas valientes y trazabilidad en las decisiones. El impacto ha de medirse y ojalá la educación deje de ser un campo abonado a modas, creencias y opiniones. Gracias por la iniciativa.
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