Virus, malware, ransomware, phishing… Existen muchos riesgos que pueden hacer mella en la privacidad y seguridad de nuestros ordenadores. Y no sólo los personales: informes recientes advierten de que el sector educativo es uno de los objetivos habituales de los ciberdelincuentes por la gran cantidad de datos personales con los que trabaja. Por eso, resulta esencial mejorar el nivel de protección de todos los dispositivos informáticos que se usan en salas comunes como aulas, laboratorios o bibliotecas; aunque también en los despachos de cualquier colegio, instituto o universidad. Por eso, no basta con instalar un antivirus: es aconsejable definir una estrategia que combine tecnología, prevención y formación. Proponemos algunas recomendaciones para reforzar la seguridad informática de los centros educativos.
Los ordenadores, actualizados
Un sistema obsoleto es la puerta de entrada perfecta para un ataque. Por suerte, los desarrolladores de software, incluyendo los de los sistemas operativos, se esfuerzan por ofrecer actualizaciones periódicas que solucionan los agujeros de seguridad que van encontrando en sus programas. Además, las ofrecen de forma gratuita y durante grandes periodos de tiempo para que los ordenadores y otros dispositivos estén siempre actualizados con los últimos ‘parches’ disponibles. Aunque hay varias formas de hacerlo, la más sencilla es activar las actualizaciones automáticas en el sistema para que instale todo lo necesario cuando corresponda. Aun así, también es conveniente programar revisiones periódicas y sustituir el software que haya dejado de recibir soporte.

El software debe ser legal
Más allá de las consideraciones éticas y legales, uno de los grandes problemas de instalar copias piratas o descargadas desde páginas no oficiales es que pueden abrir múltiples agujeros de seguridad al utilizar parches o cracks que habitualmente se emplean para introducir software malicioso en el ordenador: malware, spyware, troyanos… Sin embargo, el software legal permite instalar actualizaciones que solucionen los posibles problemas de esos programas. En este sentido, es recomendable apostar por herramientas actualizadas y siempre que sea posible emplear software libre, licencias educativas y programas verificados por el centro. Incluso existen alternativas gratuitas –programas y plataformas online– que proporcionan similares funciones que los software sin exponer la seguridad de los equipos.
¿Antivirus? Siempre
Necesarios en cualquier ordenador, los antivirus son imprescindibles en entornos como el escolar donde los equipos se comparten y cualquier estudiante puede acceder o intercambiar archivos a través de memorias USB. Sistemas como Windows incluyen protección integrada, aunque también existen decenas de antivirus tanto gratuitos como de pago que hacen de barrera ante virus, malware y ataques no deseados. Una vez instalado, también es importante analizar memorias USB y discos externos, bloquear archivos sospechosos y programar escaneos automáticos. Como alternativa o refuerzo, algunos centros están incorporando las soluciones EDR (Endpoint Detection and Response), capaces de detectar comportamientos sospechosos, aislar equipos infectados o bloquear amenazas en tiempo real.
Resetear tras cada inicio
Otro recurso de seguridad en el entorno educativo son los mecanismos que resetean el ordenador tras cada reinicio: cualquier acción que realice el usuario desaparece una vez se apague o se reinicie el ordenador. Con ello se eliminan cambios no autorizados y archivos temporales o se reduce el riesgo de persistencia de malware. Eso sí, sólo actúa cuando se reinicia el equipo. Esta funcionalidad se puede aplicar mediante hardware (más seguro, pero también más caro) o software como Deep Freeze de Faronics u otras herramientas que permiten hasta personalizar qué carpetas o programas se conservan.
Usuarios, contraseña y autenticación segura
Las credenciales son prácticamente imprescindibles para acceder a cualquier plataforma, programa o aplicación: desde iniciar sesión en el equipo hasta consultar el correo electrónico o trabajar en un entorno colaborativo. Algunas prácticas recomendables para evitar suplantaciones de identidad o accesos no autorizados pasan por asignar a cada usuario su propia cuenta; evitar perfiles con permisos de administrador; usar contraseñas robustas o activar la autenticación en dos pasos siempre que sea posible.
Copias de seguridad siempre al día
Perder todos los datos, archivos y trabajos creados y almacenados en el ordenador es una de las peores pesadillas para cualquier usuario ante un ataque de malware, sea del tipo que sea. Una solución rápida suele ser formatear el equipo y reinstalarlo todo, por lo que es muy importante realizar copias de seguridad cada poco tiempo. En el caso de los ordenadores compartidos en los centros es imprescindible que cada estudiante se encargue de gestionar sus archivos y trabajos, guardándolos en un dispositivo externo (como una memoria USB) o subirlos a algún servicio de almacenamiento en la nube. En cuanto al software, es aconsejable disponer de copias de seguridad del sistema y de todos los programas que se han instalado, ya sea a través de imágenes del disco duro o de herramientas específicas para backups.
Blindar la red Wi-Fi
Dado que los equipos de cualquier institución educativa están conectados a una red Wi-Fi, no basta con proteger solo los ordenadores; la señal inalámbrica también debe estar blindada. Algunas recomendaciones para ello son usar cifrado de seguridad WPA2 o WPA3; cambiar contraseñas por defecto; separar redes para profesorado, alumnado e invitados (siempre que sea posible); instalar firewalls y filtros de conexión; utilizar VPN para accesos remotos…
Formación para alumnado y docentes
En Internet hay mucha picaresca que debemos conocer y saber cómo afrontar. Por eso, es clave formar a toda la comunidad educativa en aspectos básicos como no instalar software que provenga de fuentes no oficiales, comprobar cualquier programa antes de ejecutarlo o, ante la duda, evitarlo e informarse antes de proceder. También es fundamental ofrecer documentación o talleres sobre ciberseguridad para que docentes y alumnado se familiaricen con conceptos como phishing y correos sospechosos; privacidad y protección de datos; uso seguro de la nube; navegación segura o buenas prácticas digitales. Porque la tecnología es una ayuda, pero evitar el error humano es la principal herramienta para proteger los sistemas de los centros educativos.
La número 6 debería de ser la primera norma.
Hasta que colegios y empresas no den la formación necesaria a todos los que acceden a una red seguirán expuestas. Siempre hay empleados leyendo el correo personal desde el ordenador del trabajo o abriendo ficheros de dudosa procedencia.