Correos, informes, reuniones administrativas… Estas tareas ocupan una parte importante de la agenda de muchos directores de centro y, más allá del agotamiento que producen en su día a día, les alejan de otras con mayor impacto educativo. De hecho, organismos como la OCDE han puesto de manifiesto la importancia de reenfocar el liderazgo educativo para que los equipos directivos puedan concentrar sus funciones y responsabilidades en la mejora de los resultados del aprendizaje. Aquí es donde la Ley de Pareto —también conocida como principio 80/20— se transforma en una herramienta estratégica que ayuda a detectar qué estrategias y tareas deben priorizarse. Y es que permite identificar qué 20% de las acciones produce el 80% de la mejora del centro.
Adaptando el principio de Pareto, enumeramos 4 acciones que podrían ayudar a los equipos directivos a priorizar la transformación pedagógica del centro.
Observar las aulas
Algunos estudios coinciden en que la presencia pedagógica del director está relacionada con mejores resultados académicos y una mayor coherencia metodológica. Más allá de ‘vigilar’ o evaluar las aulas con intenciones punitivas, se trataría de comprender qué está ocurriendo realmente en los procesos de enseñanza-aprendizaje: recoger evidencias, dialogar con el profesorado y conectar lo observado con los objetivos del centro para generar mejoras reales.
Desde la lógica Pareto, dedicar tiempo a esta actividad puede sustituir muchas reuniones improductivas, ya que unas cuantas visitas bien planificadas generan un impacto muy superior al de largos documentos que apenas influyen en la práctica diaria.
Acompañar al profesorado
La Ley de Pareto ayuda a entender que no todo el desarrollo profesional tiene el mismo efecto. En este sentido, los expertos consideran que las formaciones genéricas y desconectadas del aula podrían tener un retorno limitado, mientras que el acompañamiento real —mentoría, co-docencia o análisis conjunto de prácticas— produce mejoras profundas en la enseñanza.
Cuando los directores priorizan este acompañamiento, el mensaje que trasladan a su equipo docente es claro: la mejora del centro pasa por el crecimiento profesional de sus integrantes. Además, se fortalece la confianza, un factor decisivo para que el profesorado asuma cambios metodológicos y trabaje de forma colaborativa.
Resolver los conflictos clave
Desde esta perspectiva, resulta esencial identificar los conflictos más importantes que, de no abordarse, podrían contaminar el clima del centro: tensiones entre equipos, problemas de convivencia reiterados, desacuerdos que bloquean decisiones pedagógicas… Así, los directores que aplican este enfoque pasarían de ‘apagar fuegos’ constantemente a intervenir de forma estratégica, anticipándose a los problemas que más daño pueden causar.
Definir objetivos claros
Pocos objetivos pero bien definidos. Esta es otra de las bases del principio 80/20 y, traducido a los centros educativos, consistiría en dejar de lado los planes repletos de líneas estratégicas para fijar dos o tres prioridades claras y conectadas con la práctica diaria para multiplicar su impacto en el centro.