En los centros educativos públicos es habitual que los espacios y materiales necesiten tareas de mantenimiento y mejora por el uso diario que reciben. Como profesoras de Tecnología y Digitalización de 2º de ESO en el IES Manuela Malasaña de Móstoles (Madrid), vimos en esta situación una oportunidad para convertir una necesidad en una experiencia de aprendizaje real en la que el alumnado pudiera aplicar lo aprendido para mejorar un espacio que forma parte de su vida escolar. Y es que observamos que parte de los estudiantes mostraban baja motivación hacia el aprendizaje, algunas dificultades de convivencia y una orientación académica dirigida, en muchos casos, hacia Ciclos Formativos de Grado Básico.
Por eso, desarrollamos una propuesta inspirada en los principios del aprendizaje-servicio y del aprendizaje basado en comunidad cuya finalidad era la restauración integral del taller de Tecnología del centro. Nuestro objetivo: aumentar la implicación del alumnado, mejorar el clima de aula y desarrollar competencias a través de una actividad práctica, útil y significativa.
Convertir una necesidad en un proyecto educativo
Planteamos la intervención siguiendo la metodología de trabajo por proyectos incluida en el currículo de Tecnología y Digitalización de 2º de ESO, y participaron estudiantes de todos los grupos con edades comprendidas entre los 13 y los 15 años. Esta forma de trabajo permitió que el alumnado se involucrara activamente en todo el proceso tomando decisiones, organizando tareas y resolviendo problemas en un contexto real, mientras que las docentes nos encargamos de coordinar, supervisar y acompañar. El proyecto se estructuró en las siguientes fases:
Diagnóstico del estado del taller
En la evaluación inicial detectamos que el taller presentaba desgaste en el mobiliario y una distribución poco funcional del espacio. De ahí surgió la necesidad de realizar distintas actuaciones de mantenimiento para mejorar las condiciones en las que se desarrollan las actividades prácticas de la materia.

Diseño de propuestas de mejora
Contábamos con un presupuesto de 300 euros, por lo que, tras estudiar las necesidades del aula y diseñar el proyecto para su mejora, priorizamos la reutilización de materiales y el uso de herramientas básicas.
Planificación de tareas y organización de recursos
Adquirimos pinturas, lijas, barnices y herramientas manuales para restaurar el mobiliario, reutilizando además mesas, bancos y taburetes ya existentes. De este modo, fomentamos la sostenibilidad y el aprovechamiento de los recursos disponibles en el centro.
Restauración del mobiliario y acondicionamiento del espacio
Una vez finalizadas las tareas de pintura y restauración, reorganizamos el taller creando cuatro ambientes diferenciados: diseño e investigación, creación, montaje y exposición.
Evaluación final del proceso
El resultado fue un espacio más funcional y flexible que podríamos considerar un ‘aula de futuro’ de bajo coste. La comunidad educativa valoró positivamente la experiencia, despertando el interés por extender la iniciativa a otros espacios del centro e incorporarla como proyecto de mejora de la convivencia escolar.

Resultados positivos y objetivos alcanzados
Evaluamos la experiencia de forma continua mediante una rúbrica analítica que incluía criterios relacionados con el análisis de necesidades, el diseño de propuestas de mejora, la aplicación de conocimientos tecnológicos, el trabajo cooperativo, la organización del proyecto, la seguridad y la presentación final. Además de la gran implicación del alumnado en el desarrollo de las actividades, observamos una mejora clara en la motivación, la participación y la convivencia durante el trabajo cooperativo. Consideramos, por tanto, que los objetivos planteados al inicio de la experiencia se alcanzaron de forma satisfactoria y que la intervención contribuyó a mejorar un espacio común, reforzando el compromiso y la responsabilidad del alumnado con su entorno.
Creemos también que este tipo de proyectos podría implantarse como una estrategia educativa especialmente útil para alumnado con riesgo de absentismo, baja motivación académica o dificultades de integración; siempre con un compromiso coordinado del equipo docente y del equipo directivo, garantizando así su continuidad y sostenibilidad.


