La habitación del hijo u otra estancia de la casa no deben ser exactamente como un aula, pero sí pueden –y deben– ser una continuidad, convirtiéndose en el espacio adecuado para aquellas tareas escolares que el estudiante realiza en el hogar, especialmente en etapas de alta exigencia como la preparación de la EBAU y otros exámenes finales.
Un lugar propio para concentrarse
Lo primero es encontrar el lugar idóneo donde pueda concentrarse. Si no comparte habitación con otros hermanos, su propia habitación es el mejor lugar, ya que favorece la rutina y la asociación mental entre espacio y estudio. Sobre todo, conviene que siempre realice las tareas en el mismo espacio y que así logre también identificarlo como ‘zona de estudio’ y consolidar el hábito.
En este espacio debe reinar la tranquilidad, evitando ruidos del exterior. Si no es posible un silencio total, pueden utilizarse soluciones como tapones, auriculares con cancelación de ruido o música instrumental suave, que ayuden a amortiguar las distracciones.
Si no se dispone de una habitación completa, al menos la mesa de trabajo debe estar ordenada y libre de elementos que distraigan: cómics, móviles, otros dispositivos innecesarios… Una buena práctica es dejar el smartphone fuera del alcance o en modo concentración.
Además, es fundamental organizar bien el material de estudio en cajones o estantes, y tener cuadernos y bolígrafos a mano para evitar las interrupciones constantes. Incorporar un calendario visible, una pizarra o un planificador semanal no solo ayuda a organizarse, sino que también actúa como elemento motivador y de control del progreso.
Un entorno que facilite el aprendizaje
Crear un ambiente adecuado es clave para mejorar el rendimiento. El espacio debe ser lo más neutro posible, bien ventilado y con una temperatura confortable (entre 20 y 22 grados). Pequeños detalles como abrir la ventana antes de empezar o ventilar en pausas ayudan a mantener la concentración.
La iluminación es otro factor determinante: lo ideal es aprovechar la luz natural. Si no es suficiente, se recomienda una lámpara de luz blanca que ilumine correctamente toda la superficie de trabajo y evitar sombras o contrastes excesivos que fatiguen la vista.
La comodidad también influye, pero sin excesos. Nada de estudiar en la cama o en el sofá. Es preferible una silla firme con un respaldo que sostenga bien la zona lumbar, evitando tanto las sillas demasiado rígidas como las excesivamente blandas.
La ergonomía: la gran olvidada
Respecto a la mesa, debe estar a la altura correcta: los codos han de formar un ángulo de 90 grados. Una mala postura mantenida en el tiempo no solo afecta a la salud (dolores de espalda o cuello), sino también a la capacidad de concentración. Si se utiliza ordenador, la pantalla debe situarse a la altura de los ojos, mientras que teclado y ratón deben quedar alineados con los codos. También es recomendable hacer pausas breves cada 45-60 minutos para evitar la fatiga física y mental.
Alternativas cuando no hay espacio propio
Si no es posible estudiar en el dormitorio, se puede habilitar un rincón del salón. Eso sí, durante el tiempo de estudio debe dejar de ser una zona de paso: sin televisión de fondo ni interrupciones constantes. Establecer horarios compartidos en casa puede ayudar a respetar ese momento como tiempo de concentración.