La escena se repetía dentro y fuera del aula: niños que no comían sin una pantalla delante, familias desbordadas ante el uso constante de dispositivos y docentes que percibían cómo la tecnología empezaba a interferir en el desarrollo de hábitos básicos. Pero lejos de optar por eliminar la tecnología, el Colegio Narval de Cartagena (Murcia) apostó por diseñar una estrategia que permitiera integrarla desde un enfoque consciente y para la que contó con el apoyo de Rossellimac.
Así nació lo que hoy se conoce como Tecnología Saludable: una propuesta que no busca aumentar el uso de dispositivos, sino dotarlo de sentido pedagógico y equilibrio. “Había familias que nos decían: ‘no consigo quitárselo’ o ‘no come si no es con el móvil’”, explica Ana Zamora, tutora de Educación Infantil e impulsora de la iniciativa.

De la prohibición a la educación en el uso
La inspiración no surgió de la nada. Zamora estableció un paralelismo con una experiencia previa en el propio centro: la introducción del desayuno saludable para combatir la bollería industrial. “Si conseguimos cambiar hábitos alimenticios desde el aula, ¿por qué no hacer lo mismo con la tecnología?”, plantea. La clave estaba en asumir que el colegio podía ser un agente activo en la construcción de hábitos digitales, igual que lo es en otros ámbitos del desarrollo infantil.
A partir de esta idea, el centro rediseñó su proyecto tecnopedagógico con el objetivo de que el uso de dispositivos respondiera siempre a una intención educativa. Los iPad pasaron a convivir con materiales manipulativos como plastilina o bloques lógicos, integrándose en dinámicas de aprendizaje por rincones, con tiempos limitados y supervisión constante del profesorado. “La tecnología no puede ser un fin, tiene que ser un medio”, insiste Zamora. Bajo esta premisa, su uso se reserva para momentos concretos: refuerzo de contenidos, ampliación de aprendizajes o desarrollo de competencias específicas. El resto del tiempo, el protagonismo lo siguen teniendo las experiencias analógicas, esenciales en estas etapas.
Una estrategia que trasciende el aula
Uno de los elementos diferenciales del proyecto ha sido su enfoque integral. No se trata únicamente de organizar mejor el uso de los dispositivos en clase, sino de construir una cultura digital compartida entre escuela y familia.
Para ello, el centro ha incorporado herramientas de gestión y supervisión que permiten a los docentes controlar en tiempo real el uso de los dispositivos, garantizando tanto la seguridad como la adecuación de los contenidos. Además, ha impulsado talleres dirigidos a las familias para ayudarles a establecer límites coherentes en casa, configurar controles parentales y fomentar alternativas de ocio más saludables. “Si no trabajamos con las familias, el impacto se queda a medias”, señala Zamora. Esta colaboración ha sido clave para trasladar los hábitos adquiridos en el aula al entorno doméstico.
El proyecto también ha incidido en la reflexión docente. Lejos de ser una implantación tecnológica al uso, ha implicado revisar metodologías, tiempos y objetivos, priorizando siempre el bienestar del alumnado. En este sentido, Rossellimac ha actuado como socio estratégico, acompañando al centro en el diagnóstico inicial, la formación del profesorado y la implementación de la estrategia.
Los efectos de este cambio de enfoque no tardaron en hacerse visibles. Según el centro, el clima de aula ha mejorado de forma notable: hay menos distracciones, mayor concentración y una relación más equilibrada con los dispositivos. La tecnología ha dejado de ser un elemento disruptivo para convertirse en una herramienta al servicio del aprendizaje. También se ha observado una mayor implicación de las familias, que valoran positivamente contar con pautas claras y coherentes. Y en términos académicos, el centro apunta a una mejora en el rendimiento y en el desarrollo de la competencia digital alineada con las exigencias del currículo actual.
Unirse a Tecnología Saludable
Los centros interesados en unirse a la iniciativa Tecnología Saludable pueden hacerlo a través de Rossellimac. Los equipos directivos accederán a un diagnóstico inicial de su proyecto digital, formación específica para el profesorado y un plan de implementación progresivo que combina asesoramiento pedagógico y soporte técnico. El objetivo no es replicar un modelo cerrado, sino construir una hoja de ruta propia que permita integrar la tecnología desde el equilibrio, el bienestar y el sentido educativo, implicando desde el inicio a toda la comunidad escolar.
(Este contenido ha sido elaborado en colaboración con Rossellimac)


