¿Cómo enseñar a los alumnos a gestionar la frustración en el aula?
La psicóloga y psicopedagoga Laura Aguilera sugiere en el siguiente artículo qué técnicas se pueden utilizar con los estudiantes para ayudarles a gestionar su frustración en el aula.
La psicóloga y psicopedagoga Laura Aguilera sugiere en el siguiente artículo qué técnicas se pueden utilizar con los estudiantes para ayudarles a gestionar su frustración en el aula.
La frustración es la emoción que deriva de la impotencia, la rabia, la tristeza… Resulta de lo más compleja ya que convive con otras emociones y aparece cuando no somos capaces de gestionar una situación sobre la que teníamos ciertas expectativas, o cuando nos llevan la contraria y no queremos ceder ante las opiniones de la otra persona. Para aprender a gestionarla, debemos contar con recursos y estrategias, así como una base que nos permita solucionar esas situaciones, que si no se canalizan de forma adecuada pueden derivar en conflicto.

Índice de contenido:
Ante la frustración, es necesario seguir el siguiente proceso y exponer al alumnado los pasos que pueden dar. Esto le permitirá fomentar su capacidad de pensamiento estratégico para establecer metas ante ciertas expectativas, así como planes alternativos cuando no las cosas no salen como desearían.
Situación: estoy haciendo un trabajo grupal y no nos ponemos de acuerdo sobre cómo llevarlo a cabo. “Siento impotencia y rabia porque quiero hacerlo a mi manera, es la forma más adecuada”.

De la misma manera que se expone el ejemplo de una gestión correcta de la frustración, es importante hacer la analogía de cómo sería esta misma situación sin realizar todos los pasos y sin buscar una solución: preguntar a los alumnos y debatir sobre el tema les hará tomar conciencia. Los estudiantes probablemente contestarán: se enfadarán, no acabarán el trabajo o lo harán mal y sin coherencia, etc. De esta manera vemos la parte positiva de canalizar la frustración hasta un resultado positivo.
Además de exponer con claridad los pasos adecuados para gestionar la frustración, es importante asentar unas bases que nos permitirán que el proceso sea un éxito de principio a fin.
Si no enseñamos a los alumnos a ponerse en el punto de vista de los demás, no conseguiremos que ante un conflicto o una situación que genera frustración puedan llegar a un punto de reflexión para solucionarlo. Por ello, es muy importante que entiendan qué es la empatía o que la practiquen de forma dirigida a través de juegos con el tutor, para que cuando llegue el momento estén preparados para hacer uso de este recurso tan necesario en nuestro día a día.

Es necesario que el profesorado utilice un lenguaje positivo, que sirva de modelo para sus alumnos. Hay que tener en cuenta que la habilidad para aprender es cambiante y depende de nuestro esfuerzo (neuroplasticidad cerebral) y que por consiguiente si un alumno fracasa en alguna tarea no significa que esté todo perdido. Siempre se puede mejorar con esfuerzo, motivación y un lenguaje positivo que haga ver a los estudiantes que son capaces de superarse.

Por ejemplo, un alumno que suspende un examen de matemáticas a pesar de haber estudiado mucho, sentirá frustración cuando el profesor le dé su examen y vea la nota. Ahora bien, si el profesor lo anima, ve los aspectos positivos de su examen, así como su esfuerzo (“Sé que te has esforzado. Revisa donde has tenido los errores y verás como en el siguiente examen lo harás mejor”), el alumno tendrá una reacción emocional muy distinta a si ve que su profesor no le da importancia a su examen o ve que no tiene remedio (“Has hecho este examen muy mal”).
Asimismo, hay que eliminar mensajes tales como: “No vale la pena que me esfuerce porque no me va a salir bien igualmente”, y cambiarlos por “si me esfuerzo creo que puede salirme mejor, voy a intentarlo”.
El alumnado frustrado no podrá establecer empatía, ni un pensamiento positivo, y mucho menos establecer una estrategia si no tiene sus emociones desagradables bajo un mínimo control. Es decir, si está rabioso porque no se entiende con sus compañeros haciendo un trabajo, no podrá aportar una solución al conflicto.
Por ello es necesario enseñar a los alumnos a bajar el nivel de intensidad de sus emociones para que no acaben en frustración. Se pueden practicar en el aula a modo de juego ya que si se hace uso de ellas de forma regular.
Algunas técnicas de relajación son:
1 Comentario
Buen día
Serían tan amable de enviarme está información por correo para traspasarle a los profesores de mi hijo que tiene síndrome de down y les falta mucho en un buen trato con el,poca empatia y apoyo,no de todos por supuesto.
Muchas gracias ??