El verano invita a reconectar con lo esencial: la calma de los días largos, la flexibilidad en los horarios y la posibilidad de compartir tiempo sin tantas prisas. Es un momento para observar cómo juegan los niños y niñas cuando no todo está pautado, para acompañarlos sin tanto reloj y para ofrecerles experiencias que dejen huella en sus recuerdos. Incluso las pantallas pueden convivir con todo esto si se integran con sentido y presencia adulta: la clave no está en eliminarlas, sino en equilibrarlas con propuestas que enriquezcan el día a día. 

A continuación, encontrarás ideas de actividades para hacer en verano para disfrutar en familia, tanto sin tecnología como con recursos digitales pensados para aprender, crear o reflexionar. Muchas de estas propuestas, además de ser divertidas, responden a necesidades profundas de la infancia: movimiento, vínculo, expresión, exploración, autonomía.

actividades para hacer en verano

Actividades sin pantallas: juego espontáneo, vínculo y expresión

Cuando se ofrece tiempo de calidad y propuestas abiertas, los niños despliegan todo su potencial creativo. Las siguientes propuestas fomentan la imaginación, el juego libre, la motricidad y la conexión familiar:

Crear plastilina casera

Preparar plastilina con ingredientes naturales (harina, sal, agua y colorante) es una actividad sensorial que relaja, estimula la creatividad y fortalece la motricidad fina. El proceso de amasado, combinación de colores y modelado de figuras favorece la coordinación mano-ojo. Además, se adapta fácilmente a todas las edades y permite compartir un rato tranquilo mientras se conversa o se escucha música suave. 

Animarse con la creatividad

Pintar con hielos de colores o dibujar con agua (mezclando colorante alimentario o unas gotas de pintura) es una propuesta refrescante, artística y sensorial. Los más pequeños exploran texturas y contrastes de temperatura, fomentando la observación y la paciencia. Además, se puede aprovechar para experimentar con la mezcla de colores, ver qué ocurre al combinarlos y descubrir nuevas tonalidades. 

Congelar y rescatar

Introducir objetos pequeños (como juguetes de plástico o flores recogidas durante una salida al campo) en moldes con agua y congelarlos. Luego se plantea el reto de liberarlos usando sal, cucharas o agua templada. Así, se combina el juego simbólico con el descubrimiento científico: observan cómo se derrite el hielo, formulan hipótesis y se sorprenden con el resultado. Una experiencia perfecta para fomentar la atención sostenida, la experimentación y la curiosidad.

Dibujos para colorear

Ofrecer ilustraciones para colorear con temática veraniega (helados, playa, animales marinos…) fomenta la concentración y la expresión artística. Puede hacerse con música suave, utilizando distintos materiales como ceras, rotuladores o lápices de colores, o creando una ‘galería’ con las obras terminadas. De esta forma, se invita a la calma, al disfrute del proceso y a la relajación después de juegos más activos.

Gincana en casa o en el parque

Diseñar un circuito con pistas, acertijos, pruebas físicas o juegos de observación convierte cualquier espacio en una aventura. No hace falta mucho material: basta con papel, lápiz y ganas de moverse. Se puede adaptar según la edad, incluir retos cooperativos o pruebas creativas, como ‘imita a un animal’ o ‘encuentra algo azul’. Su desarrollo potencia la autonomía, la lógica y la diversión compartida y mejora habilidades sociales, de liderazgo y de resolución de conflictos.

Cocinar juntos

Preparar recetas sencillas como polos de frutas, tartas, batidos o galletas caseras es una forma excelente de compartir tiempo y fomentar hábitos saludables. Los menores se sienten valorados al participar en tareas reales y desarrollan habilidades como la secuenciación, el conteo o la coordinación. Además, al manipular alimentos, se estimulan los sentidos y se genera un espacio natural para conversar.

Caja de recuerdos del verano

Proponerles guardar objetos especiales (fotos, entradas, conchas, frases que hayan dicho, dibujos) en una caja decorada por ellos convierte la experiencia en algo significativo. Al final del verano, abrir la caja y repasar cada recuerdo puede generar conversaciones profundas y fortalecer el vínculo familiar. Es también una manera de cultivar la memoria emocional, el agradecimiento y valorar lo vivido.

actividades para hacer en verano

Actividades con pantallas: tecnología con criterio y propósito

Cuando las pantallas se utilizan de forma supervisada, puntual y con intención, pueden abrir puertas a la creatividad, el pensamiento crítico o el aprendizaje autónomo. Para ello, estas propuestas combinan lo digital con una intención clara y acompañada:

Juegos educativos interactivos

Existen plataformas online seguras y sin publicidad diseñadas para el aprendizaje, que ofrecen juegos de matemáticas, lenguaje, ciencia o lógica adaptados a cada etapa educativa. Son entornos donde los niños pueden practicar y repasar contenidos escolares de forma divertida y motivadora. Lo recomendable es que el adulto acompañe, observe y dialogue sobre lo que están haciendo para reforzar su comprensión. 

Ver cortos con valores

Elegir cortometrajes que transmitan emociones, valores o mensajes positivos y comentarlos en familia es una excelente forma de educar la mirada crítica. Preguntar qué han sentido, qué habrían hecho en lugar del protagonista o qué mensaje extraen fomenta la empatía y la reflexión. Además, permite aprender a analizar lo que ven con atención, evitando el consumo pasivo y potenciando el pensamiento profundo, el diálogo y la conexión emocional.

Crear un cómic digital

Con la ayuda de herramientas muy intuitivas los estudiantes pueden crear sus propias historias en formato cómic. Pueden inventar personajes, diseñar escenarios y escribir diálogos, trabajando la escritura creativa, la ortografía y la estructuración narrativa. Esta actividad combina el uso de tecnología con expresión personal, reforzando la autoestima, la imaginación y el placer de contar lo que imaginan. También es una forma de dar sentido al lenguaje escrito desde lo lúdico.

Aprender a programar jugando

La programación ya no es cosa solo de adultos: plataformas como Scratch permiten crear historias, juegos o animaciones con bloques de código visual.  Mientras la utilizan, desarrollan el pensamiento lógico, la creatividad y la perseverancia. Asimismo, avanzar en pequeños retos refuerza su confianza y les hace sentir que pueden crear y no solo consumir tecnología.