Cuando el mundo se convierte en tu aula

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Raúl Sanahuja

Teniendo en cuenta que la media europea es de un ordenador por cada siete alumnos, Raúl Sanahuja, responsable de Comunicación de Epson Ibérica, reflexiona sobre los beneficios que pueden aportar los proyectores y las PDI que, además, fomentan el aprendizaje colaborativo. 

proyector Epson IbéricaEl mundo digital está cambiando no sólo la forma en que vivimos, sino también cómo aprendemos: cada minuto que pasa, los usuarios suben 72 horas de vídeo a YouTube; en Facebook se comparten 2.460.000 contenidos y Google recibe 4.000.000 de peticiones de búsqueda. Todo ello, desde una población activa de 2.100 millones de personas.

Y es que, sin lugar a dudas, la tecnología está impulsando la necesidad de cambios en los sistemas educativos de toda Europa, pero a un ritmo no lo suficientemente rápido. A pesar de aumentar presupuestos y ser una de las prioridades en la estrategia global de la UE, sólo la mitad de los alumnos de 16 años estudian en centros con un equipamiento digital considerable. Esto nos lleva a concluir que sólo el 50% de nuestra futura fuerza laboral está en un entorno tecnológicamente bien orientado. Evidentemente, una barrera que queda compensada por la curiosidad de nuestros jóvenes, quienes utilizan su propia tecnología, tanto en el ámbito personal como con fines educativos.

Esta situación queda demostrada en la encuesta de la London School of Economics, que situaba como actividad online más común de los niños de entre 9 y 16 años, la realización de los deberes (85%). Por tanto, no se trata de un desconocimiento global, sino de un ritmo de adopción lento que, entre otras cuestiones, se debe a factores como la financiación, la tecnología obsoleta y la formación del profesorado. Pero, vayamos a esta última, porque puede ser la palanca de cambio real.

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La realidad del aula

Menos del 30% de los niños tiene un acceso adecuado a la tecnología en el aula o están recibiendo una enseñanza de profesores con conocimientos digitales sólidos. Por supuesto, la clave del éxito debe ser la garantía de que contamos con un profesorado bien formado y equipado para enseñar a utilizar apropiadamente las nuevas tecnologías. Esa es la clave: no se trata de aportar conocimientos y acumularlos, sino de ayudar a entender cómo gestionar correctamente la información. Para ello, se requieren profesores con un conocimiento adecuado de aquellos entornos donde los alumnos van a formarse o a adquirir la información.

La realidad del aula debe pasar a la experiencia colectiva, al aprendizaje en grupo. Es decir, el trabajo en colaboración de un grupo de estudiantes y profesores para resolver problemas o realizar una tarea. O bien la interacción con otros centros educativos —como los proyectos que propicia eTwinning—, permitiendo la colaboración entre alumnos de culturas diversas, con capacidad para compartir información en tiempo real. Hacer del mundo un aula educativa, ¿por qué no?

Una realidad así requiere de las tecnologías adecuadas, donde los proyectores y las pizarras interactivas se convierten en el mejor compañero de viaje para compartir contenido digital a gran escala, para conseguir una experiencia de aprendizaje colaborativo más eficiente y efectiva. Teniendo en cuenta, además, que la media europea es de un ordenador para cada siete alumnos, una gran pantalla compartida en el aula supone el mejor recurso. Convertir el mundo en el aula puede, entonces, ser una realidad.

A través de los proyectores interactivos, los alumnos pueden aprender y enseñarse mutuamente, compartiendo ideas y forjando vínculos más fuertes entre sí. Un trabajo colaborativo que pone los cimientos de un ecosistema educativo que prepare a los jóvenes para sus responsabilidades laborales futuras. Porque, practicar la docencia con tecnología no sólo introduce en el aula nuevos modos de interacción, sino que también enseña a los alumnos destrezas básicas y les ayuda a habituarse a entornos tecnológicamente orientados donde, inevitablemente, trabajarán en un futuro.

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El mundo se convierte en tu aula

Las tecnologías colaborativas o la realidad aumentada impulsan contenidos más dinámicos en el aula, y transforman la experiencia de aprender, eliminando límites físicos. Adoptar este tipo de tecnologías, como el caso de la proyección interactiva, impulsa la creatividad de los estudiantes manteniéndolos en un entorno colaborativo, convirtiendo las aulas en talleres de trabajo en grupo. Por ejemplo, la realidad aumentada potencia la realización de trabajos científicos con unos recursos presupuestarios limitados, eliminando la necesidad de espacios amplios o la creación de laboratorios experimentales.

Los próximos diez años nos van a llevar a garantizar oportunidades para nuestros centros educativos, con ayuda de la tecnología. Vamos a tener colegios cada vez más interconectados, donde se transforme la manera de enseñar y aprender, en línea con la transformación de los espacios de trabajo.

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