“Los maestros deben ver su clase como un equipo que trabaja unido”

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Albert Alegre

Con una trayectoria de más de 15 años en el terreno de la inteligencia emocional, Albert Alegre ha recogido toda su experiencia en la obra ‘Cómo desarrollar la inteligencia emocional de los niños. Estrategias para padres’ (Ediciones Pirámide). Con él hemos hablado acerca de los aspectos más significativos de este trabajo, pero también de lo que supone la gestión inadecuada de las emociones o sobre qué aspectos necesitan valorar los docentes para llevar las educación emocional al aula.

¿Cómo surge la idea de escribir esta obra y qué destacaría de ella?

Cómo desarrollar la inteligencia emocional de los niños. Estrategias para padres. Un libro de Albert Alegre

Llevo muchos años dando cursos y colaborando con familias y escuelas para ayudarles a educar a sus hijos y/o alumnos para que cultiven su inteligencia emocional. Me pareció que era hora de poner por escrito todo lo aprendido.

Habla de un ‘arsenal de estrategias’ para el desarrollo y la educación de los hijos. ¿A qué estrategias se refiere y cómo saber cuándo aplicar una u otra?

La inteligencia emocional no se mejora haciendo unos juegos de rol o unos ejercicios más o menos experienciales. Es necesario cambiar los modelos de relacionarse diariamente con los niños y resulta imprescindible establecer un clima y una dinámica de cooperación entre padres e hijos.

Esta cooperación requiere de una fuerte conexión afectiva; entender la familia como un equipo y trabajar así en la toma de decisiones; aprender a hablarnos de forma cariñosa y afectiva; utilizar una disciplina positiva (desechando los gritos, las amenazas, los castigos y las bofetadas, pero sin renunciar a exigir de los hijos una conducta responsable); y solucionar los conflictos de forma constructiva. La gran suerte es que el día está lleno de interacciones con nuestros hijos y, por tanto, tenemos decenas de oportunidades para hacerlo mejor y aplicar métodos positivos de enfrentar situaciones parecidas y conseguir esta cooperación sin necesidad de gritos, amenazas o castigos.

La inteligencia emocional se empieza a trabajar desde edades tempranas, ¿cómo se inicia este proceso y se le da continuidad hasta alcanzar la madurez?

La inteligencia emocional debe practicarse desde el primer día. Se empieza escuchando y atendiendo a los lloros y necesidades del bebé, y se continúa estableciendo una cultura de colaboración y mutuo respeto desde que los niños son bien pequeños. Es una educación que combina el máximo cariño, respeto, amabilidad y generosidad con la máxima exigencia para que respondan de igual forma.

No saber identificar, entender y gestionar las emociones adecuadamente, ¿qué implica?

La emoción es información sobre nuestros objetivos y deseos, así como las dificultades que encontramos en el camino. Por tanto, si no conocemos y gestionamos de manera adecuada nuestras emociones no sabremos lo que realmente queremos o cómo nos afectan las dificultades que encontramos. Básicamente implica que estamos mal equipados para lidiar con los retos que plantea la vida cada día.

Si no conocemos y gestionamos de manera adecuada nuestras emociones no sabremos lo que realmente queremos o cómo nos afectan las dificultades que encontramos

Además, si no entendemos e identificamos las emociones de los demás resulta mucho más difícil entender su conducta. Tendemos a interpretar los problemas que los demás nos crean como ataques personales y a ver la vida en términos de amigos y enemigos, o buenos y malos, en vez de entender que cada uno tiene sus objetivos y su saco de emociones, miedos, inseguridades e intereses que le hacen actuar de la forma que lo hace. Cuando entendamos esto podremos plantearnos preguntas tales como: ¿Qué busca esa persona y cómo puedo hacer compatibles mis objetivos y los suyos? o ¿cómo puedo minimizar sus miedos, o maximizar su satisfacción colaborando conmigo?

¿Cómo valora la introducción de las emociones el aula?

Creo que es importantísima. Nos pasamos años y años enseñando a los niños contenidos de tipo académico, que son sin duda muy importantes, pero nos olvidamos de que lo que realmente determina la felicidad de las personas es la forma en que se relacionan consigo mismas y con los demás. Y nadie nos enseña a hacer eso bien.

Albert Alegre, autor del libro 'Cómo desarrollar la inteligencia emocional de los niños' l

Sin embargo, debo advertir que muchas escuelas caen en la trampa de pensar que la educación emocional es cuestión de añadir un currículo emocional en la escuela con lecciones, ejercicios y dinámicas. El auténtico aprendizaje de la inteligencia emocional se hace cambiando la forma en que nos relacionamos con los alumnos. Los maestros deben empezar a ver su clase como un equipo que trabaja unido; establecer conexiones afectivas sinceras y fuertes con sus alumnos; aprender a hablarles con respeto; y utilizar una disciplina positiva que promocione la colaboración. También deben aprender a enfrentar el conflicto como una oportunidad educativa y no como una indisciplina que debe ser aplastada inmediatamente.

¿Qué recomendaciones sugiere a los docentes dispuestos a trabajar y desarrollar experiencias relacionadas con la inteligencia emocional?

Que empiecen a practicar las cinco estrategias que apunté en la pregunta número dos y que se reúnan con sus alumnos para decirles que a partir de ahora son un equipo que trabajará para obtener unos objetivos compartidos por todos. También que discutan y negocien esos objetivos conjuntamente, que establezcan planes con ellos, que aprendan a escucharlos y a comunicar de forma que refuercen el equipo en vez de destruirlo, que conozcan a sus alumnos como personas.

El conflicto hay que entenderlo como una oportunidad de aprendizaje

Es importante, por otro lado, que aprendan a enfrentar el conflicto positivamente, entendiéndolo como una oportunidad de aprendizaje y utilizando sistemas de resolución con los que todo el mundo gana y las relaciones personales se refuerzan. Uno de los consejos más importantes que doy a los maestros es que con sus actuaciones y conducta dejen bien claro a sus alumnos que les importa más la persona que el estudiante. En el subconsciente del alumno parece haber un relato que funciona algo parecido a esto: “Si yo te importo como persona, entonces tú también me importas y me interesa lo que vienes a enseñarme, pero si lo único que te importa es tu clase, mi rendimiento y mi conducta, entonces no me importas un pepino y no esperes mucho de mí”. El docente que no se dé cuenta de esto tendrá muchas dificultades.

Cómo experto en inteligencia emocional, ¿cuáles son las mayores dificultades que familias y educadores le han expresado sobre este tema?

Hay dos dificultades muy grandes. La primera es romper con una visión de la paternidad o del magisterio en el que la disciplina y la obediencia son muy importantes, y en la que se confunde respeto con obediencia. Cuando aprendemos a establecer una cultura de cooperación entre alumnos y maestros, nos damos cuenta de que el respeto no es obediencia, es voluntad de colaborar con la otra persona, de escuchar sus razones y emociones y de conjuntamente buscar soluciones a los problemas que tenemos.

La segunda dificultad es que cambiar nuestra forma de hacer las cosas cuesta mucho. Estamos acostumbrados a dar órdenes, a enfadarnos cuando los hijos no nos hacen caso, a veces a mimarlos en exceso sin exigir nada a cambio, a sobreprotegerlos, y a explotar cuando nos sentimos superados.

Con los hijos tenemos cientos de oportunidades diarias y lo que no sale bien una vez sale mejor la siguiente si seguimos intentándolo

Cambiar esas formas de hacer y adoptar nuevas formas de relacionarlos, de hablarnos, de escucharnos, de disciplinar, y de resolver conflictos cuesta. Es como aprender a tocar la guitarra, no se hace en un día, requiere práctica. La buena noticia es que con los hijos tenemos cientos de oportunidades diarias y lo que no sale bien una vez, sale mejor la siguiente si seguimos intentándolo.

Por último, un pequeño test, ¿qué le sugieren las siguientes palabras?

Educar: cuando aprendemos a cooperar nos damos cuenta que nos educamos los unos a los otros. Los adultos enseñamos a los niños, pero ellos nos enseñan muchas cosas también. De hecho cuando utilizamos las estrategias que propongo en mi libro para desarrollar la inteligencia emocional de nuestros hijos, sin darnos cuenta estamos desarrollando nuestra propia inteligencia emocional también.

Emoción: una información vital para saber quiénes somos, qué queremos y hacia dónde vamos. Una oportunidad si sabemos procesarla con inteligencia y una amenaza si no sabemos gestionarla inteligentemente. La falta de regulación emocional puede arruinarnos la vida.

Inteligencia: la defino como la velocidad de entender información nueva. Depende más de lo que nos pensamos de nuestra inteligencia emocional. Los miedos, estereotipos y prejuicios a menudo nos impiden procesar adecuadamente información nueva que contradice esas ideas preconcebidas.

Sentimiento: algunos expertos distinguen entre emoción y sentimiento. Para mí son distinciones fútiles. Los sentimientos son emociones y por tanto llevan información sobre nosotros mismos y sobre los demás que si sabemos procesar y gestionar nos pueden ser muy útiles. Por el contrario, si no sabemos hacerlo, pueden llevarnos por el mal camino y crearnos innumerables dificultades, a menudo innecesarias.

 

Cómo desarrollar la inteligencia emocional de los niños. Estrategias para padres

 

Título: Cómo desarrollar la inteligencia emocional de los niños. Estrategias para padres
Editorial: Ediciones Pirámide
Género: Familia y relaciones

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