Llevo años utilizando smartwatches y, si hay una cosa que me molesta de la experiencia, es tener que cargarlo todas las noches. Es cierto que, en algunos casos, la autonomía se estira un poco más, pero la realidad es que pocos modelos superan los dos días, así que en mi rutina está conectarlo a su cargador a diario. Fui todavía más consciente todavía de lo incómoda que resulta esta dependencia del enchufe durante las semanas que estuve probando el Amazfit T-Rex 3 Pro, un reloj inteligente que podría definirse como todoterreno y que, en su hoja de especificaciones, promete una duración de la batería de hasta 25 días.
En la realidad de mi uso —que incluye notificaciones, brillo alto y varias sesiones de GPS activado con rutas offline—, he superado sin problema los 10 días antes de tener que recargar. Es que incluso se me olvida que tengo que cargarlo.
Pensado para fitness
Lo que más llama la atención al ponértelo por primera vez es su diseño robusto, con una sensación clara de producto resistente y bien construido. El bisel y los botones son de titanio de grado 5, y la pantalla está cubierta por cristal de zafiro, por lo que en ningún momento he tenido la sensación de tener que protegerlo en exceso. Lo he usado de forma continuada para entrenar, en rutas por el campo o jugando en la tierra del parque con mis hijos, y sigue prácticamente impoluto.
Eso sí, tengo que señalar que tengo la muñeca bastante fina y el reloj me resulta algo grande. Estoy acostumbrada a modelos más compactos, y aunque con el uso te adaptas, no es el smartwatch más discreto del mercado.
Es especialmente interesante si vas a usarlo para actividades deportivas, porque incluye más de 180 modos de entrenamiento y ofrece métricas avanzadas en todos ellos: desde carrera de montaña hasta natación. Los datos de VO₂ máx, recuperación y estrés me han ayudado a organizar mejor mis sesiones semanales, aunque —y aquí viene un punto crítico— no siempre resultan tan precisos como en dispositivos de gama más alta.
Al comparar mis registros de frecuencia cardíaca con los de otros relojes (especialmente uno dedicado en exclusiva al running), noté que durante entrenamientos intensos aparecían picos poco coherentes o un ligero retraso en algunos valores. No es nada crítico para una persona como yo, que practica deporte de forma recreativa, pero es un aspecto a tener en cuenta si se busca un uso más profesional o competitivo.
El GPS, sin embargo, me sorprendió muy positivamente por su precisión incluso en lugares sin cobertura. Utilicé la función de mapas offline y planificación de rutas en una caminata circular por un sendero poco señalizado, y el reloj me guió con soltura, mostrando puntos de interés (POI) y rutas sin depender del móvil en ningún momento. Un detalle que me resultó especialmente útil es que la pantalla tiene un brillo muy alto, así que incluso en un día de sol intenso en plena sierra, los datos —y las notificaciones del móvil— fueron perfectamente visibles a plena luz del día.
A mejorar
Sin duda, lo que menos me ha gustado de la experiencia con el Amazfit T-Rex 3 Pro ha sido la fluidez de la navegación por los menús. En más de una ocasión el reloj tardó en responder a los gestos, y moverse entre las distintas opciones o confirmar una acción puede resultar frustrante, ya que la interfaz se siente algo lenta en determinados momentos.
- Diseño Robusto: Reloj preparado para aventuras con cristal de zafiro, pantalla AMOLED de 3000 nits y bisel/botones de aleación de titanio. Disponible en 48 mm y 44 mm.