La ciencia está en todas partes y lo sabes (o deberías)

Eduard Punset fue uno de los científicos que inició el acercamiento de la ciencia a la sociedad. Otros profesionales de renombre están siguiendo sus pasos, pero, ¿la divulgación científica goza de buena salud en la sociedad? El periodista César Brito analiza el impacto de la divulgación para el ámbito científico.


Párate a pensar un segundo. El edificio en el que estás, la pantalla en la que estás leyendo esto, el tejido de la ropa que llevas, lo que has desayunado esta mañana, el reloj que te dice la hora que es, las herramientas que te permiten hacer tu trabajo, el medicamento que palía los efectos de tu alergia… Todo, absolutamente todo lo que te rodea y hace que tu vida sea mejor es posible gracias a la ciencia y sus avances.

Puede que seas consciente o no, pero sin la ciencia nuestra vida sería muy diferente. Gracias al método científico y su aplicación en diferentes disciplinas, una cantidad ingente de investigadores y profesionales de la ciencia están haciendo que nuestra calidad de vida y nuestra visión del futuro estén plagadas de buenos presagios.

Lamentablemente, el trabajo de todos estos científicos y científicas no siempre tiene el impacto público que merece. Los motivos son muchos, pero uno de los principales lastres históricos del mundo de la ciencia ha sido su dificultad o incapacidad para comunicar a la sociedad la importancia de su trabajo o el impacto real de sus investigaciones en la vida de la ciudadanía.

Como estrellas del rock

Por suerte, Internet y la tecnología han modificado ese escenario de manera considerable. Actualmente, gracias a las redes sociales y a la proliferación de blogs, publicaciones especializadas dirigidas al gran público y eventos relativamente masivos, la ciencia y la comprensión de su importancia está causando un impacto real en los demás. Esto hace que la formación en la divulgación científica viva un buen momento.

Programas de televisión como Órbita Laika, eventos como ‘Desgranando Ciencia’, ‘Naukas’ o iniciativas como ‘Pint of Science’ están sacando a los especialistas de los laboratorios y ‘traduciendo’ su trabajo al lenguaje de la calle, más allá de los papers y los procesos de revisión por pares. La ciencia se ha puesto los vaqueros y la camiseta ‘molona’ para cobrar protagonismo y demostrar que puede ser accesible, divertida y abrir sus brazos a nuevas vocaciones.

El camino iniciado hace años por el desaparecido Eduard Punset -’el Félix Rodríguez de la Fuente de la divulgación científica española’- tiene su continuación en figuras como la de Antonio Martínez Ron, Clara Grima, Marián García o Aitor Sánchez, por citar sólo algunos ejemplos. Sus libros desaparecen de las estanterías en un suspiro y, a pequeña escala, desatan pasiones como auténticas estrellas del rock en todos los eventos públicos y charlas en los que participan.

Adaptarse a los nuevos tiempos

Uno de los males que ha arrastrado desde siempre la divulgación científica ha sido la incapacidad para comunicar de manera efectiva y atractiva los trabajos de científicos brillantes y la importancia de los mismos en la vida real de las personas. Esta ‘era dorada’ de la divulgación de la ciencia está empezando a quitarse de encima el marasmo académico para acoplar su mensaje a nuevos lenguajes, plataformas y públicos. Y funciona.

Hasta las más recalcitrantes y refractarias ‘ratas de laboratorio’ reconocen la importancia de esta labor. Y están empezando a tomar conciencia de lo esencial que resulta reforzar las capacidades comunicativas, aprender a contar lo que se hace de manera atractiva y a formarse, más allá de sus especialidades, para ser una potencial ‘estrella’ mediática.

César Brito

La divulgación científica no hará que los problemas del sector científico y la alarmante carencia de medios para investigar desaparezcan. Pero sí aportará una visibilidad muchísimo mayor que la que tenía la ciencia hace veinte años. Y cuando la ciencia se convierte en un fenómeno viral es más difícil -y políticamente incómodo- ignorar las carencias, o no atenderlas mínimamente. 

Aunque también tiene sus detractores, pues la acusan de banalizar un trabajo serio o de ‘espectacularizar’ un área del conocimiento que no siempre cuenta con ese glamour, la divulgación en el ámbito científico es un tren que ya ha partido y es cuestión de tiempo saber cuántas estaciones tiene por delante o dónde estará el final del trayecto.

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