En los centros educativos, las dificultades de aprendizaje no siempre son el único reto al que se enfrentan alumnado y docentes. Problemas de conducta, dificultades para relacionarse, situaciones familiares complejas o malestar emocional pueden afectar también al día a día en el aula y al rendimiento académico. Ante estas situaciones, la figura del psicólogo educativo puede desempeñar un papel de apoyo tanto para el alumnado como para las familias y el profesorado.
Sin embargo, su presencia en los centros educativos españoles no responde a un modelo común y su incorporación continúa siendo objeto de debate. De hecho, el Consejo General de la Psicología (CGP) ha planteado al Ministerio de Educación la necesidad de actualizar la normativa para regular su incorporación, ante las necesidades psicológicas del alumnado y las demandas que también afectan al profesorado y las familias. Pero, más allá del debate sobre su presencia en las aulas, ¿qué problemas puede detectar y abordar un psicólogo educativo y cómo trabaja con alumnado, familias y docentes?
Su papel con el alumnado dentro del centro educativo
Según el perfil profesional de la Psicología Educativa definido por el CGP, su intervención comienza con la evaluación del estudiante y de los diferentes contextos en los que se desenvuelve: escolar, familiar y social. El objetivo es identificar qué factores pueden estar detrás de una determinada dificultad y qué tipo de intervención puede ser más adecuada. A partir de esta valoración, realiza intervenciones individuales o grupales, trabaja habilidades sociales y gestión emocional, aborda conflictos y coordina actuaciones con docentes, familias y otros profesionales.
Situaciones en las que interviene:
- Dificultades de aprendizaje. Cuando un estudiante presenta problemas persistentes para adquirir determinados aprendizajes, el profesional evalúa qué factores están interviniendo y ayuda a determinar qué apoyos o estrategias pueden resultar adecuados.
- Problemas emocionales. Cambios importantes en el comportamiento, tristeza, aislamiento o dificultades para gestionar las emociones son algunas de las señales que valora. De hecho, entre los motivos de consulta más frecuentes registrados por el Govern de les Illes Balears durante el primer curso de implantación de esta figura en sus centros educativos estuvieron presentes la ansiedad, los problemas familiares y las dificultades en las relaciones interpersonales.
- Acoso escolar y obstáculos en las relaciones. Participa en la detección de situaciones de aislamiento, conflictos o posibles casos de acoso, así como de dificultades para relacionarse, integrarse en el grupo o establecer vínculos con otros compañeros. También identifica dinámicas de relación que estén generando malestar o afectando a la convivencia, y colabora en programas preventivos relacionados con las habilidades sociales, la resolución de conflictos y la convivencia.
- Dificultades relacionadas con la familia. Los cambios familiares, los conflictos en casa o determinadas circunstancias personales pueden repercutir en el comportamiento y el rendimiento escolar. El psicólogo educativo valora cómo están influyendo y coordina estrategias: reuniones con las familias, orientación sobre determinadas conductas, establecimiento de pautas comunes entre casa y colegio o acompañamiento ante situaciones que afectan al bienestar del menor. Asimismo, decide cuándo una dificultad requiere la intervención de otros profesionales o servicios externos.

¿Y con los docentes?
El psicólogo educativo también trabaja junto al profesorado, tanto para detectar y prevenir dificultades como para buscar estrategias que permitan abordarlas dentro del aula. Puede asesorar sobre procesos de enseñanza y aprendizaje, manejo del grupo, resolución de conflictos, convivencia o atención a la diversidad.
Su intervención, por lo tanto, no se limita a atender al alumno de forma individual, sino que tiene en cuenta el contexto en el que se desenvuelve y la coordinación con los adultos que participan en su educación.
¿Qué formación necesita un psicólogo educativo?
Después de conocer qué funciones puede desempeñar con alumnado, familias y docentes, cabe preguntarse cómo se prepara un profesional para ejercerlas. El punto de partida es el Grado o Licenciatura en Psicología y, a partir de ahí, existen diferentes vías de especialización mediante másteres y formación de posgrado relacionada con la Psicología Educativa. También existen acreditaciones profesionales específicas, como la Acreditación Nacional de Psicólogo/a Experto/a en Psicología Educativa, para la que se contemplan, entre otros requisitos, formación específica de posgrado y experiencia profesional en este ámbito.
En cualquier caso, la formación y los requisitos pueden variar en función del puesto y del contexto profesional en el que se ejerza, por lo que conviene diferenciar entre la preparación necesaria para trabajar como psicólogo y las especializaciones o acreditaciones vinculadas a la Psicología Educativa.


