La tecnología lleva más de una década transformando las aulas, pero el pasado año marcó un punto de inflexión. La aparición de políticas que limitan el uso individual de los dispositivos en determinadas etapas educativas, junto con la creciente preocupación por su impacto en la atención, comprensión y bienestar de los alumnos, ha abierto un debate clave: cómo integrarla en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
En este contexto, la cuestión es encontrar un modelo más equilibrado y pedagógicamente eficaz. Hoy los centros, docentes, administraciones y empresas afrontan el reto de redefinir el papel de los recursos educativos. Esto implica repensar el uso de los contenidos digitales en escenarios con una menor presencia de dispositivos, recuperar el valor de los materiales impresos y avanzar hacia experiencias híbridas efectivas.
Para reflexionar sobre todo ello, celebramos en colaboración con Edebé y Edelvives España el XVI Encuentro EDUCACIÓN 3.0 ‘Del papel a la pantalla y vuelta…: el nuevo equilibrio del aprendizaje’ que fue emitido en nuestro canal de YouTube. Moderado por Javier Palazón, director de EDUCACIÓN 3.0, participaron: Esteban Lorenzo, director de Productos Educativos de Edebé; Alejando Cebrián, director general de Edelvives España; Sofía Deza, directora del CEIP Clara Campoamor de Huércal de Almería (Almería); Manuel Area-Moreira, catedrático de la Universidad de La Laguna (Tenerife) y director de EDULLAB; y Camino López, profesora universitaria.
Con criterio pedagógico
El encuentro comenzó preguntando a los participantes su opinión sobre si estamos ante un retroceso digital o, por el contrario, una evolución hacia un modelo más consciente y pedagógico. Esteban Lorenzo (Edebé) señaló: “No sé si hablaría de un retroceso, pero es cierto que nos encontramos en un punto de reflexión. Tras una década marcada por la inversión en tecnología, ahora la cuestión es otra: hacia dónde debe avanzar la educación. Coincide, además, que a lo largo de este periodo, han intervenido diversos factores como la pandemia, los resultados obtenidos en PISA sobre competencia matemática o digital, el debate social y las inquietudes de las familias. No basta con incorporar la tecnología, sino preguntarnos para qué la utilizamos, cuándo tiene sentido emplearla y qué valor aporta al aprendizaje. Espero que salgamos de aquí hacia una digitalización con más criterio pedagógico y evidencia científica sobre la mesa: más estudios, más investigación y más conocimiento desde ámbitos como la neurociencia. Toca diseñar experiencias educativas en las que exista un equilibrio”.
«No basta con incorporar la tecnología, debemos preguntarnos para qué la utilizamos, cuándo tiene sentido emplearla y qué valor aporta al aprendizaje»
Esteban Lorenzo, director de Productos Educativos de Edebé
Por su parte, Alejando Cebrián (Edelvives España) añadió: “Ha habido un exceso de innovación y de metodologías, y se ha perdido el foco en la didáctica. Más que un retroceso, está habiendo un intervencionismo. Hay que reconocer los errores y en el proceso de digitalización todos los hemos cometido y, al final, se ha llegado al debate de las pantallas cuando considero que no debe trasladarse a la educación. El problema no está tanto en la digitalización en sí, sino cómo se está haciendo, y el criterio de la digitalización está en la escuela o no está en ninguna parte. Muchos centros ya habían encontrado ese equilibrio del que hablábamos. Sin embargo, determinadas medidas han trasladado a las aulas un debate sobre las pantallas, cuando el problema de fondo no está ahí. Quizás el riesgo es que se provoque un retroceso: si la escuela se hace ajena a la tecnología no se está protegiendo al alumno”.
Desde el CEIP Clara Campoamor, Sofía Deza defendió que la tecnología debe utilizarse en el aula con el objetivo de mejorar el aprendizaje del alumnado, y que para ello es necesario planificar su uso y adaptarla a las necesidades de cada estudiante. “Desde los centros intentamos avanzar hacia un modelo más regulado, consciente y pedagógico en el que la tecnología debe ser una herramienta que ayude a mejorar los aprendizajes, teniendo en cuenta a todos los estudiantes, incluidos los de necesidades educativas especiales. Este debate implica, además, la intervención de los docentes y el diseño de las planificaciones, manteniendo un objetivo claro: la mejora de la calidad educativa usando la tecnología como herramienta”.
La dimensión social estuvo presente en el debate de la mano de Manuel Area-Moreira (Universidad de La Laguna, Tenerife). “El debate actual no es más que un reflejo de uno más amplio a nivel social. Años atrás hubo un entusiasmo, una ilusión por incorporar la tecnología en todas las esferas de nuestra vida. Lo que ocurre es que ahora le hemos descubierto las orejas al lobo, es decir, vemos los efectos disfuncionales o negativos que tiene el sobreuso de la tecnología en las redes sociales, pero insisto, no sólo en el ámbito escolar, sino en todo el ámbito sociocultural. Y esto se está trasladando a la escuela. Lo que quieren es limitar la utilización de la tecnología en las aulas y esto se traduce en reglamentos de prohibición en el ámbito escolar”.
«Determinadas medidas han trasladado a las aulas un debate sobre las pantallas, cuando el problema de fondo no está ahí»
Alejandro Cebrián, director general de Edelvives España
Camino López (profesora universitaria) planteó una visión diferente al afirmar: “Yo sí creo que vivimos un retroceso digital en los centros y que se está generando cierta tecnofobia. Una de las cosas que más me preocupa son las prohibiciones de los móviles y dispositivos de uso individual que sacan la tecnología del aula. Aunque se prohiban, los alumnos siguen usando las pantallas. De hecho, los últimos estudios en Australia han concluido que más del 60% de los adolescentes las emplean sin un acompañamiento educativo que al final les imposibilita tener un marco crítico y sin protección. Eliminar la tecnología para, por ejemplo, resolver la adicción a Internet o las redes sociales no soluciona el problema porque esta adicción no tiene una base tecnológica única”.
Educar, no prohibir
A continuación, Javier Palazón planteó si tiene sentido que los centros limiten (o prohíban) su uso, o si deberían ser precisamente los espacios donde el alumnado aprenda a utilizar la tecnología de forma responsable, crítica y educativa.
Area-Moreira (Universidad de La Laguna, Tenerife) fue contundente: “La tecnología tiene que estar presente. Existe una meta formativa educativa propia de la institución escolar que es formar y alfabetizar en los artefactos culturales propios de cada época histórica. En el siglo XXI no tiene mucho sentido pedagógico prohibir determinadas tecnologías en los contextos escolares. La dificultad es hallar un equilibrio educativo y desarrollar proyectos de trabajo, formación y desarrollo de aprendizajes con los estudiantes”. Una opinión compartida por Cebrián (Edelvives España) que expuso: “Necesitamos que los niños y niñas del futuro comprendan cómo funciona el mundo y hoy lo hace a través de la tecnología. Cada vez que una nueva herramienta tecnológica ha entrado en las aulas ha generado una transformación. Pero el aprendizaje nunca ocurre en el formato. Se está poniendo el foco en la tecnología como respuesta a una realidad marcada por una educación demasiado resultadista. Ante los malos resultados obtenidos, se ha señalado a la tecnología como uno de los elementos sobre los que actuar, cuando probablemente hay problemas estructurales más graves. No puede existir una educación que no intente trasladar al aula la realidad social y el contexto al que los estudiantes tendrán que enfrentarse. Hemos pasado de una educación muy instrumental a otra basada en competencias. Y si realmente avanzamos hacia un modelo competencial, poniendo, por supuesto, el foco también en los contenidos, no resulta coherente dejar la tecnología al margen”.
«Limitar la utilización de la tecnología en las aulas se traduce en reglamentos de prohibición en el ámbito escolar»
Manuel Area-Moreira, catedrático de la Universidad de La Laguna (Tenerife) y director de EDULLAB
Por su parte, Lorenzo (Edebé) recordó: “Hacer un buen proyecto educativo que combine lo digital y mejore los resultados académicos es muy complejo. Igual que hemos asumido riesgos e inversiones para digitalizar el sistema en términos de hardware y conectividad, nos ha faltado la misma valentía y los mismos medios para trabajar la formación docente y cambiar las propuestas didácticas. Por otro lado, la escuela es el único lugar donde ahora mismo los estudiantes conviven con la tecnología regulada. Si ese espacio lo desocupa y, por ejemplo, lo ocupan las redes sociales el riesgo es muy grande. La escuela no puede dejar de ocupar ese espacio con una mirada crítica”.
En su intervención, Deza (CEIP Clara Campoamor) insistió que la responsabilidad sobre el uso de la tecnología no corresponde únicamente a la escuela: “Desde los centros se están desarrollando planes de digitalización. Es fundamental que el camino sea pedagógico y que las herramientas digitales estén al servicio del aprendizaje y de la práctica educativa. Luego está la parte de la identidad digital. Nos tomamos muy en serio esta cuestión, pero las familias tampoco pueden trasladar toda la responsabilidad al colegio. La corresponsabilidad es una tarea conjunta para construir una identidad digital sana y desarrollar un bienestar emocional relacionado con el uso de la tecnología”.
López (profesora universitaria) reclamó, mientras tanto, una revisión de la formación que recibe el profesorado. “La escuela ha estado profundamente desatendida a pesar de toda la formación. Habría que poner el foco en la calidad de esta formación. Una de las cosas que he visto es que las metodologías en sí mismas no han llegado a aprovechar el poder de la tecnología. Y de alguna manera, lo que hemos conseguido es perpetuar un paradigma educativo que, en su afán de sobrevivir y mantenerse, se está cargando el avance en tecnología educativa que hemos conseguido”.
«Creo que vivimos un retroceso digital en los centros y que se está generando cierta tecnofobia»
Camino López, profesora universitaria
Recursos educativos: hacia un modelo híbrido
Otro de los temas que se abordaron fue la transformación que están experimentando los recursos educativos. En su intervención, Cebrián (Edelvives España) afirmó: “El libro como ente y recurso único en el aula ha desaparecido y lo que las editoriales estamos haciendo es utilizarlo para que conecte con otros formatos. Al final, se pone al servicio de la didáctica. Es cierto que el papel, de alguna manera, parece asociarse más a la atención y concentración, pero uno puede trabajar en papel y estar enormemente distraído. La vuelta al papel responde, en cierto modo, a la necesidad de contar con un soporte que sustente el proyecto educativo, cuando en verdad la educación son múltiples recursos y hoy contamos con libros que cuidan la atención del alumnado y atienden a la diversidad; de ahí, que intentamos dotar al docente de múltiples recursos. Antes el libro era la verdad absoluta y ahora está al servicio del profesorado que tiene el poder de moldearlo y trabajarlo”.
En esta misma línea, Lorenzo (Edebé) añadió: “Ya no hablamos de libros, sino de un proyecto educativo que incluye materiales y funcionalidades digitales complementarias para que las usen los docentes. Intentamos, asimismo, ofrecer un gran rigor en competencias y saberes porque sin una buena formación en saberes no hay trabajo competencial. Las escuelas son cada vez más diversas y, en ese sentido, los materiales, no solo en papel, sino también los digitales, permiten personalizar, adaptar, o simplificar los contenidos. Tenemos que formar personas y los materiales están para formarlas, y si tenemos personas con buenos conocimientos pero también con buen espíritu crítico, con buenos valores, afrontaremos la digitalización de otra manera”. Area-Moreira (Universidad de La Laguna, Tenerife) reconoció que los libros de texto en papel siguen teniendo mucha presencia y que el gran reto es que sus características pedagógicas deben transformarse de manera radical. “Es evidente que no pueden seguir cumpliendo esa funcionalidad de guía única y casi exclusiva curricular de antes. Todo tiene que estar bajo un mismo proyecto educativo. donde a veces se trabaja en un impreso y en otras ocasiones de forma digital”, justificó.
Deza (CEIP Clara Campoamor) lo resumió de este modo: “El papel tiene unas necesidades que no las puede cubrir lo digital. Y lo digital tiene unas necesidades que no se pueden cubrir con el papel. Ese modelo híbrido, que compensa las faltas de uno y de otro, es hacia donde nos debemos dirigir”.
El futuro de la educación
Para cerrar el encuentro, los participantes reflexionaron sobre el futuro de la educación y sobre si el modelo híbrido, que combina recursos impresos y digitales, ha llegado para quedarse. Area-Moreira (Universidad de La Laguna, Tenerife) apuntó: “Antes comenté que uno de los objetivos es formar a los estudiantes como ciudadanos del futuro y que esa formación tiene que ver con el dominio de unos códigos y formatos. Con la llegada de la IA, se están rompiendo las reglas hasta ahora conocidas sobre los recursos educativos porque esta genera su propia información y contenido adaptado. También nos obliga a reenfocar cuál debería ser la relación a establecer entre el alumnado y esta tecnología”.
«Es fundamental que el camino sea pedagógico y que las herramientas digitales estén al servicio del aprendizaje y de la práctica educativa»
Sofía Deza, directora del CEIP Clara Campoamor de Huércal de Almería (Almería)
Cebrián (Edelvives España) cerró su intervención recordando que “hay un exceso de responsabilidad hacia los docentes y hacia la escuela como el lugar donde hay que solucionar todos los problemas sociales. Asimismo, quiero lanzar un mensaje sobre la importancia que tiene el rigor ante una sociedad que cada vez está perdiendo el interés por la verdad y en la que proliferan los bulos y la desinformación. Creo que encontraremos el equilibrio”. Y López (profesora universitaria) lo hizo llamando a la “responsabilidad de las altas esferas, a que cuando legislen lo hagan con coherencia e informados, sabiendo interpretar adecuadamente los resultados científicos y aterrizarlos en una propuesta que no desmonte la educación como lo hace cada nueva ley de educación”.
Deza (CEIP Clara Campoamor) opinó: “La escuela tiene que estar liderada por una cultura de centro basada en un proyecto que tiene que estar reflexionado por toda la comunidad educativa, incluidos los alumnos a los que tenemos que escuchar. Por otro lado, nos dirigimos hacia entornos muy mecanizados y nos estamos alejando de la humanización”. Finalmente, Lorenzó (Edebé) concluyó: “La IA tendrá un impacto general en lo que somos y en la escuela. Luego está el tema de lo humano. Precisamente en la escuela nos educamos con otros humanos y esto va a ser básico en los próximos años. Debemos mantener una visión un poco más tranquila aunque todo cambia muy rápido. La escuela se adaptará a las nuevas circunstancias como lo ha hecho siempre”.












