Mi hijo ha pedido su primer móvil, ¿qué hago? Este momento se ha convertido en uno de los que más dudas genera entre las familias y suele darse cuando llega el paso de Primaria a Secundaria. Es ahí, casi sin excepción, cuando se produce la entrega masiva del primer smartphone. No porque hayan reflexionado y concluido que sus hijos están preparados sino porque, de repente, todos sus compañeros parecen tenerlo, y la presión —sobre los hijos y sobre los propios padres y madres— se vuelve difícil de sostener.
“Todos mis amigos tienen uno». Este argumento es el detonante final y no les falta razón: la exclusión digital tiene un coste social real, especialmente a esas edades. El problema es que esa percepción del ‘todos’ suele estar distorsionada. En muchas clases, la mayoría de las familias preferiría esperar, pero como nadie lo dice en voz alta, cada una toma la decisión en soledad evitando ir a contracorriente.
Qué es y para qué sirve un pacto de familias
Para hacer frente a esta situación y hacer visible ese silencio mayoritario, surgen los pactos de familia. Son acuerdos informales entre las familias de un mismo centro —o de una misma clase— por el que se comprometen conjuntamente a no entregar un smartphone a sus hijos durante el curso escolar. No tiene validez legal ni obliga a nadie, de hecho la familia que lo desee puede retirarse en cualquier momento. Su ‘fuerza’ es social porque cuando varias familias toman la misma decisión de forma visible, sus hijos dejan de ser ‘los raros sin móvil’ y esa decisión pasa a ser una opción normalizada. El objetivo no es prohibir nada, sino romper la inercia del ‘todos lo tienen’ que convierte la entrega del smartphone en algo que se hace por omisión, sin decidir realmente.
Cómo llevar un pacto de familias a los centros
Uno de los movimientos que está impulsando este tipo de acuerdos es ‘Adolescencia Libre de Móviles’ (ALM), que nació en noviembre de 2023 promovido por un grupo de familias del barrio barcelonés de Poblenou. Se organizaron para retrasar la entrega del primer teléfono móvil hasta los 16 años o, al menos, hasta que sus hijos alcanzaran la madurez necesaria para utilizarlo de forma responsable. Y lo hicieron como respuesta a una evidencia sólida. Los estudios muestran que cuanto antes llega el smartphone, mayor es el riesgo: los niños y niñas que lo reciben a los 12 años presentan una mayor probabilidad de sufrir depresión, una peor calidad del sueño y una mayor exposición a conductas de riesgo online. No obstante, una encuesta de ALM realizada entre más de 22.000 familias catalanas reveló una paradoja significativa: mientras el 61,7 % de las familias con hijos en Primaria considera que lo adecuado es esperar hasta los 16 años, el 82,1 % de las familias con hijos en Secundaria reconoce haber entregado el smartphone antes de los 12 años.
A partir de la experiencia acumulada en diferentes centros educativos de nuestro país, esta iniciativa ciudadana ha desarrollado una metodología con recomendaciones prácticas que puede servir de punto de partida para otros centros interesados. Estas son las principales.
Formar un pequeño grupo motor
No hace falta una asociación constituida ni meses de preparación. Con tres o cuatro familias comprometidas y un docente o miembro del AMPA que coordine, es suficiente para empezar. En muchos centros, el germen ha sido tan simple como una conversación en la puerta del colegio o un mensaje en el grupo de padres de clase.
Documentarse y preparar la información necesaria
Antes de convocar a nadie, hay que reunir argumentos sólidos como recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría, informes de UNICEF y algún estudio relacionado con el sueño o la salud mental en los adolescentes. No para abrumar a las familias con datos: una reunión bien preparada genera un efecto completamente distinto a una que funciona solo como un intercambio de opiniones.
Hablar con la dirección del centro
No es imprescindible hacerlo, pero resulta de gran utilidad. Un equipo directivo que apoya estos pactos abre puertas y las familias lo reciben de otra manera. En la localidad de Cardedeu (Barcelona), cuando el ayuntamiento respaldó el movimiento AML, el pacto se extendió a cinco escuelas y tres institutos en un solo curso. Los centros públicos dieron un paso más: acordaron no usar el móvil ni siquiera con fines pedagógicos.
Presentar el pacto en una reunión de familias
Una sesión de una hora con datos concretos y un espacio para preguntas suele ser más que suficiente. Es recomendable dejar claro desde el principio que esto no es un contrato, sino un compromiso anual que se renueva si quiere la familia.
Difundirlo en los canales del centro
El grupo de WhatsApp de la clase es el canal más efectivo. Si una familia se compromete a retrasar la entrega del smartphone y lo hace visible en ese grupo, ayuda a que otras se animen a hacer lo mismo. El efecto de arrastre es real: en muchos centros, el simple hecho de que tres o cuatro familias expresen públicamente su decisión ha bastado para que otras —que pensaban lo mismo pero no querían parecer ‘raras’— se sumaran sin dudarlo.
Ofrecer alternativas concretas
Una de las dudas más habituales es cómo mantener el contacto con los hijos sin un smartphone. La pregunta “¿y si le pasa algo?” aparece en casi todas las reuniones y tiene respuesta: los teléfonos básicos de llamadas y mensajes —sin acceso a internet ni redes sociales— permiten esa comunicación sin los riesgos asociados al smartphone. Los relojes GPS son otra opción muy valorada por las familias con hijos más pequeños.