El verano es sinónimo de vacaciones, juegos al aire libre, baños en la playa y la piscina, pero también es la época del año en la que la radiación ultravioleta (UV) es más intensa. Y sus efectos pueden ser especialmente perjudiciales para los más pequeños de la casa, cuyo sistema inmunológico y piel aún están en desarrollo, según alertan desde la Asociación Española de Pediatría (AEP).

Por ello, es fundamental que las familias tomen medidas preventivas para disfrutar con seguridad: la exposición excesiva al sol puede causar quemaduras solares, envejecimiento prematuro de la piel, manchas y, a largo plazo, aumenta el riesgo de cáncer de piel. De hecho, en el caso de los niños, la AEP constata que el daño solar recibido en la infancia puede multiplicar las probabilidades de desarrollar problemas cutáneos en la edad adulta.  

protegerse del sol

Consejos prácticos para protegerse del sol

Inculcar desde pequeños hábitos de protección solar no solo permite cuidarlos hoy, sino que también los protegerá mañana de posibles problemas en su piel. Y es que la educación y el ejemplo son las mejores herramientas para fomentar buenos hábitos. A continuación, hemos recopilado algunos consejos clave: 

Usar protector solar adecuadamente

El uso de crema solar es imprescindible durante todo el año, pero especialmente en verano. Para tener claro cuándo utilizarlo basta con guiarse por el índice UV: si es igual o superior de 3, hay que echársela. ¿Pero cuál? Los expertos coinciden: debe tener un factor de protección solar (FPS) de al menos 30 (ideal 50) y ser de amplio espectro (protegiendo contra los rayos UVA y UVB). Se recomienda aplicarla 30 minutos antes de la exposición al sol y repetir cada dos horas, o después de nadar o sudar. 

Con los niños hay que tener especial precaución. De hecho, como recuerda Lucia Galán, más conocida como ‘Lucía, mi pediatra’, los menores y especialmente los lactantes son muy sensibles a la radiación solar: se queman con facilidad y corren riesgo de deshidratarse. Por eso, se deben tomar medidas para evitar la exposición directa al sol, como buscar sombra, usar ropa protectora y mantenerlos en interiores durante las horas pico de sol. Además, mientras los bebés menores de 6 meses no deben usar protector solar,  entre los 6 meses y los 2-3 años es mejor optar por los filtros físicos/minerales, que reflejan la radiación en la piel (sobre la crema) sin penetrar en ella. 

Evitar las horas de mayor radiación

El sol es más intenso entre las 12:00 y las 16:00 horas. En ese horario, es mejor permanecer a la sombra o realizar actividades en interiores; si se está al aire libre es esencial reforzar las medidas de protección. Además, hay que mantenerse bien hidratado, bebiendo agua de manera regular: en verano, la OMS recomienda beber entre 2,5 y 3 litros de líquidos al día para adultos, especialmente durante las olas de calor. Esta cantidad puede variar según la actividad física, el clima y la edad, siendo importante aumentar la ingesta si se realiza ejercicio o se está expuesto a altas temperaturas.

Ropa adecuada y accesorios

El uso de ropa ligera pero de manga larga, sombreros de ala ancha y gafas de sol con protección UV puede marcar una gran diferencia. De hecho, el doctor Pedro Rodríguez, dermatólogo especialista en Oncología y Cirugía Dermatológica del Hospital Ruber Internacional, afirma que “las camisetas con fotoprotección son especialmente útiles en niños, ya que facilitan la protección y reducen la necesidad de reaplicar protector solar en todo el cuerpo constantemente”. Además, estas prendas están diseñadas para ser cómodas y efectivas, permitiendo a los niños jugar al aire libre sin preocuparse por las quemaduras solares. Junto a ello, también es importante optar por gafas de sol que bloqueen los rayos UV y puedan dañar la vista de los pequeños. 

Buscar sombra siempre que sea posible

Ya sea bajo un árbol, una sombrilla o un toldo, estar en la sombra ayuda a reducir la exposición directa a los rayos solares. Sin embargo, esto no sustituye al uso de protector solar, ya que los rayos UV pueden reflejarse en superficies como la arena o el agua.