En verano los días son más largos, el calor aprieta y muchas familias sienten la presión de organizar cada minuto libre de sus hijos: campamentos, clases extraescolares, viajes, tardes de piscina… Todo con la intención de que estén entretenidos. Incluso se convierte en habitual que ocupen los momentos en los que no tienen ‘nada que hacer’ usando la tablet o el móvil. Pero recurrir sistemáticamente a dispositivos móviles impide que los niños aprendan a tolerar la frustración o, simplemente, aprendan a aburrirse. 

Para la experta educativa Natalia Serrano, investigadora del grupo Creatividad, Motivación y Autorregulación en el ámbito educativo (EDUCREAMA) de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), “si cuando un niño se aburre le ponemos delante de una pantalla, pierde oportunidades de explorar su entorno, seguir aprendiendo, abrir nuevas expectativas y conocer alternativas que le van a permitir establecer nuevas conexiones”. En este sentido, la experta explica a EFE que solo hay que dejarle una caja de cartón y seguramente se entretenga más con ella que con el juguete que contenía esa caja. 

El aburrimiento es necesario

De hecho, cada vez más psicólogos infantiles advierten de que se debe dejar tiempo para el aburrimiento, ya que no solo es positivo, sino necesario para el desarrollo de los menores. “A los niños hay que permitirles que se aburran para que busquen y encuentren aquello que les calme esta emoción, y no recurran a los padres continuamente para no sentirse así”, constata Juan Onieva, doctor en Educación y máster en Políticas y Prácticas de Innovación Educativa. 

Y es que el posible malestar que puede generar el aburrimiento no debe interpretarse como un sentimiento negativo; solo hay que aprender a gestionarlo. De hecho, para Stephanie Lee, PsyD, directora del ADHD and Behavior Disorders Center en el Child Mind Institute de Nueva York, el aburrimiento ayuda a los niños a desarrollar la tolerancia frente a experiencias poco ideales. “La vida nos pide que manejemos nuestras frustraciones y que regulemos nuestras emociones cuando las cosas no van como lo planeamos, y el aburrimiento es una gran manera de enseñar esa habilidad”, afirma la experta. 

Además, aburrirse permite desarrollar otras habilidades como el pensamiento creativo: durante momentos de aburrimiento o bajo estímulo se activa la red de modo predeterminado (default mode network) del cerebro –la encargada de la imaginación, las asociaciones libres y el pensamiento introspectivo–. Y, según un meta‑análisis publicado en Nature Reviews Neuroscience (2023), durante periodos de inactividad mental, estas redes se sincronizan y favorecen la generación espontánea de ideas. 

el aburrimiento puede ser beneficioso

El verano como prueba de autonomía 

Es por ello que el verano puede convertirse en un valioso terreno de entrenamiento para la autonomía. Cuando no todo está planificado, los niños aprenden a autorregularse, a tomar decisiones sobre cómo invertir su tiempo y a asumir el control sobre su ocio. "El aburrimiento ayuda a los niños a desarrollar su mundo interior y a descubrir qué les interesa realmente", afirma la psicóloga Teresa Belton, experta en creatividad infantil. 

Pero, ¿cómo llevarlo a cabo? Algunas ideas para fomentar el aburrimiento creativo son:

  • Establecer tiempos muertos diarios sin pantallas ni actividades dirigidas.
  • Disponer en casa de materiales como papel, telas, objetos reciclados que les permitan crear libremente.
  • Animar al juego simbólico, al aire libre y sin reglas impuestas.