Las familias monoparentales, formadas por un único progenitor, asumen su día a día de forma diferente a cuando se comparte la crianza en pareja. El padre o la madre tiene que asumir todas las tareas de la casa, trabajar y educar a su hijo (o hijos) de manera independiente. Esto provoca que, en muchas ocasiones, no se tenga todo el tiempo que se desee para estar con el pequeño. No obstante, en los momentos en los que te encuentres con tu hijo, puedes reforzar el vínculo con él a través de juegos para familias monoparentales como los que muestro a continuación. Son muy sencillos de realizar y los menores se lo pasarán pipa.
Cambio de papeles
El objetivo es que tu hijo haga de ti y tú de él ya que es una forma de fomentar la empatía y que el pequeño entienda todas las tareas que hace el adulto en el día a día. Para ello no se necesita nada especial y se puede hacer en un momento concreto: después de salir del cole o antes de cenar, por ejemplo.
En primer lugar es importante explicarle al menor en qué consiste el juego para que después sea el niño el que decida como un adulto y viceversa. De este modo, el pequeño puede decidir qué hacer, qué normas hay que cumplir en casa o de qué forma organizar el tiempo. El adulto, por su parte, puede actuar como ‘un niño’ (se puede exagerar en algún momento, como cuando se enfada o llora, para hacerlo un poco más divertido). Al finalizar, se le puede preguntar si su papel lo ha considerado fácil o difícil y por qué. Se puede llevar a cabo a partir de los 4 años.
Hacer equipo
En este juego la idea es elegir una misión sencilla que haya que cumplir entre los dos. Una opción puede ser recoger la habitación en tan solo 5 minutos, construir la torre más alta posible o hacer un dibujo entre los dos sin poder hablar. De este modo, se refuerza la cooperación y la sensación de unidad entre padre o madre e hijo. Al finalizar la misión es importante celebrar el resultado, aunque no haya salido perfecto: lo habéis hecho juntos. Este juego se puede realizar con niños a partir de 5 años.
La caja de las emociones
Para trabajar las emociones tan solo se necesita una caja o una bolsa en la que meter papelitos en los que se escriban o se dibujen distintas emociones: alegría, tristeza, enfado… (en este primer paso lo puedes hacer tú solo o con la ayuda del pequeño). Luego, cada uno saca un papel al azar y se preguntan cuestiones como: ¿cuándo me siento así? ¿Qué es lo que me ayuda cuando me siento de esa manera? Las preguntas las puedes comenzar a realizar el adulto, pero el pequeño también puede preguntarle a su padre o a su madre. De esta forma, os conoceréis un poco más. Se puede hacer con niños a partir de 4 años y enseñarle dibujos o caritas fácilmente reconocibles.
Ser los protagonistas de vuestra propia historia
La finalidad de este juego es que el menor a partir de 4 años construya una visión positiva de su familia, con su padre y con su madre. Se puede hacer de manera oral o utilizando un papel para ir dibujando o escribiendo las partes de la historia. Para ello, el adulto puede comenzar como si se tratase de un cuento: “Había una vez una familia muy especial que…”. Poco a poco, y entre los dos, tenéis que ir formando la historia por partes e incluso se le puede añadir pequeñas aventuras o retos que ya habéis resuelto previamente en casa: un problema en el cole, un enfado en casa… En la misma historia se buscan soluciones y, lo más importante: siempre hay que cerrar el relato de forma positiva.
Los superpoderes
El objetivo es reforzar el vínculo y la autoestima de ambos. El primer paso es que cada uno diga cualidades del otro: “tienes mucha paciencia”, “eres muy cariñoso”. Después, se apuntan o se dibujan como si fueran superpoderes y pensar en momentos en los que estas cualidades os ayudan. Por ejemplo: “gracias a que eres muy cariñoso y a tu beso y abrazo de la mañana, me siento mucho mejor el resto del día”. Se puede realizar a partir de 4 años aunque, en ese caso, es mejor dibujarlo que escribirlo.