“La IA se puede convertir en la herramienta más efectiva contra el principal mal de la atención a la diversidad: la pereza”

La IA ayuda a avanzar hacia una educación realmente inclusiva. Así lo cree Antonio Márquez Ordóñez, maestro de Pedagogía Inclusiva y director de Aula Desigual.

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Antonio Márquez Ordóñez

Antonio Márquez Ordóñez, maestro de Pedagogía Inclusiva y director de Aula Desigual, lleva años trabajando para transformar la mirada con la que los centros educativos abordan la diversidad. Su experiencia y conocimiento en inclusión educativa, Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) y eliminación de barreras en el aula le han convertido en un referente para quienes buscan avanzar hacia modelos educativos en los que todo el alumnado pueda aprender y participar sin quedar al margen. En esta entrevista reflexiona sobre cómo llevar la inclusión al aula ordinaria, las barreras culturales y pedagógicas que todavía persisten y el papel de los equipos directivos en este cambio. También aborda el potencial de la inteligencia artificial para facilitar propuestas más diversas y accesibles, sin perder de vista sus riesgos, y defiende una idea fundamental: la tecnología y los recursos pueden ayudar a construir aulas inclusivas, pero el verdadero cambio depende de las personas y de la cultura de cada centro.

Pregunta: A lo largo de su trayectoria ha defendido una concepción de la educación inclusiva que pone el foco en el aula ordinaria. ¿Qué significa realmente atender a la diversidad dentro de ella?

Respuesta: Significa que ningún alumno o alumna tenga que salir de su grupo para recibir una atención diferenciada e individualizada. Aunque pueda parecer beneficioso a priori, este tipo de exclusión no responde a una mejor atención, sino a una visión en la que se pone el foco del problema en el alumnado con dificultades para desvincular de toda responsabilidad al modelo didáctico o pedagógico que se sigue en su aula. De esta forma justificamos la exclusión en base al niño o niña y nunca en base a la propuesta de trabajo del aula que no es capaz de atender a la diversidad que acoge.

P: Con frecuencia se habla de inclusión, pero en la práctica muchos alumnos siguen recibiendo apoyos fuera de su aula o realizando actividades diferentes a las de sus compañeros. ¿Cuáles son las principales barreras que todavía impiden una inclusión real?

R: La principal barrera es, sin duda, la cultural. Desaprender es algo muy complicado para el ser humano y, por ende, para el ser docente. Mientras no seamos capaces de aceptar que nuestros diseños didácticos, el de cada docente, llevan incorporados barreras que hacen que determinados alumnos a alumnas se queden fuera; mientras no seamos capaces de programar pensando que hay diferentes formas de alcanzar ese aprendizaje; mientras las actividades se sigan planteando de forma única, con acceso único o con expresión única por parte del alumnado; mientras no se entienda que aprender a aprender no es algo que venga de serie en todo el alumnado; mientras siga ocurriendo todo esto, seguirán estando presentes barreras a la participación.

Acceder no implica comprender, asimilar, generalizar, valorar o monitorizar.

Antonio Márquez Ordóñez

P: ¿Qué papel debería desempeñar el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) en esta transformación y qué errores son más habituales cuando los centros intentan aplicarlo?

R: El DUA debe abordar la tarea de poner al docente en la situación de reconocer las barreras que sus actividades pueden proponer y guiarlos para que esas barreras se eliminen con propuestas alternativas. El problema es que cuando se quiere aplicar se sigue pensando en las dificultades de un determinado alumno; se sigue pensando que las barreras son defectos de forma de ese alumno o alumna; se sigue asociando a adaptación curricular; se identifica con bajar el nivel; y se llega a la creencia de que no es tarea del docente de área, sino del PT con “su” alumno de NEAE. La simplificación del DUA es otro problema, ya que muchas personas o centros entienden que solo se trata de facilitar el acceso poniendo vídeos o audios que acompañen al texto. Pero el aprendizaje es algo más profundo que el simple acceso. Acceder no implica comprender, asimilar, generalizar, valorar o monitorizar. DUA aborda todos los aspectos implicados en el aprendizaje profundo.

Antonio Márquez Ordóñez

P: La llegada de la IA está modificando rápidamente la forma de enseñar y aprender. ¿Qué competencias considera imprescindibles para que los docentes puedan utilizarla de manera crítica, ética y realmente útil para atender a la diversidad?

R: La llegada de la IA, como todas las cosas que impliquen innovar en educación tiene sus pros y contras. Estamos viendo como su mal uso puede ser un aliado perverso contra el pensamiento crítico y creativo. El apagón creativo es muy peligroso para todos, no solo para los discentes, sino también para los propios maestros que construyen sus programaciones con la IA. No obstante, en materia de inclusión y con un adecuado uso creo que se puede convertir en la herramienta más efectiva contra el principal mal de la atención a la diversidad: la pereza. Llevo muchísimos años oyendo a los profesores que generar todo el material que sería necesario para promover alternativas basadas en DUA, propuestas multiniveladas o diversidad de formatos de acceso es una tarea ingente que no pueden abordar porque tienen que atender a los otros 24. La llegada de la IA viene a romper esa gran barrera a la inclusión por su facilidad, versatilidad y rapidez. Malos tiempos para la cultura de la pereza.

P: La IA permite generar en pocos segundos actividades, materiales, textos adaptados, apoyos visuales o diferentes formas de presentar una misma información. ¿Dónde ve sus mayores posibilidades para avanzar hacia una educación más inclusiva?

R: Generar un audio alternativo a un texto, traducir textos orales en tiempo real, aumentar la realidad, apoyar con ilustraciones al instante una explicación compleja; diseñar tres alternativas multiniveladas para una actividad que trabajamos habitualmente de manera única; crear textos en lectura fácil reduciendo a segundos la gran complejidad de esta tarea; inventar dinámicas de trabajo que faciliten la planificación, la organización o la revisión de tareas… Las posibilidades son infinitas para los docentes.

Me preocupa el uso con abuso por la reducción al mínimo esfuerzo y que no se valore el potencial de la IA desde un  conocimiento más pedagógico e inclusivo.

Antonio Márquez Ordóñez

P:¿Qué riesgos le preocupan especialmente en la incorporación de la IA a la atención a la diversidad?

R: La gran preocupación es la de que el docente genere todos estos contenidos formativos, materiales, recursos o actividades sin sentido crítico, sin curar los productos que ofrece la IA. Me preocupa el uso con abuso por la reducción al mínimo esfuerzo y que no se valore el potencial de la IA desde un  conocimiento más pedagógico e inclusivo. Tenemos claro que mayores recursos en un centro educativo no implica mayor inclusión, además, incluso pueden generar mayores situaciones de exclusión. Imagina que a un centro le proporcionan tres maestros/as de PT. Si ese centro no ha realizado un cambio de cultura, los tres PTs implicarán mayor número de alumnos saliendo de sus aulas. El mismo peligro amenaza al alumnado NEAE con la llegada de la IA si en el profesorado no se produce un cambio de cultura: se seguirán generando recursos que provocarán exclusión pero en mayor cantidad y velocidad.

P: Desde la perspectiva de los equipos directivos, ¿qué decisiones organizativas pueden marcar una diferencia real a la hora de construir una escuela más inclusiva?

R: Creo que el liderazgo del equipo directivo es clave en esta transformación, siempre que sea un liderazgo compartido y colaborativo pero que busque, desde el inicio, la reflexión dialogada que ponga al claustro en procesos de autoevaluación que les lleven identificación de las barreras que generan. Este paso es fundamental para que la formación y regeneración se produzca solo en base a lo que la autoevaluación determine. Con buena voluntad, equipos directivos seleccionan cursos o acciones formativas para la reconstrucción de sus modelos de inclusión; pero si estas decisiones no se toman en base a una evaluación previa de la realidad del centro en todo su conjunto, no tendrán una utilidad real y pronto caerán en el olvido.

Cuando las evidencias siempre se centran en el mismo instrumento de evaluación se cierran las posibilidades de participación de todo el alumnado.

Antonio Márquez Ordóñez

P:¿Cómo debería evaluarse el progreso de un alumno dentro de un modelo verdaderamente inclusivo? ¿Seguimos utilizando instrumentos y criterios de evaluación que pueden convertirse en nuevas barreras?

R: Esa es una de las claves de la atención a la diversidad: la evaluación auténtica. Y criterios e instrumentos son dos cosas bien diferentes. Desde mi visión, los criterios de evaluación son una herramienta absolutamente válida para generar situaciones de evaluación diversas, con múltiples opciones para que el alumnado pueda expresar su aprendizaje y no se vea limitado a una única forma de respuesta cerrada. El problema se genera cuando las evidencias que se recogen en el aula son pocas, repetitivas y con pocas posibilidades de información sobre las formas en las que el alumnado podría haber alcanzado ese aprendizaje. Cuando las evidencias siempre se centran en el mismo instrumento de evaluación se cierran las posibilidades de participación de todo el alumnado. No es el criterio lo que puede convertirse en barrera sino las actividades y tareas que proponemos en el aula para obtener información sobre el grado de adquisición de ese criterio. Esa selección de actividades y tareas son las que pueden generar evidencias simples que no representan la diversidad de formas de aprender y de expresar que se producen en el aula.

Para que un aula sea inclusiva debe apoyarse en las personas, no en los recursos.

Antonio Márquez Ordóñez

P: Y mirando al futuro, ¿cómo imagina el aula inclusiva dentro de cinco o diez años? ¿Qué papel tendrán la inteligencia artificial y otras tecnologías y qué elementos de la labor docente seguirán siendo insustituibles?

R: Quiero mirar al futuro con optimismo, pero lo veo complicado. La solución no está en los recursos ni en la tecnología que tengamos y que será increíblemente sorprendente en el plazo que me propones, no me cabe duda. Pero para que un aula sea inclusiva debe apoyarse en las personas, no en los recursos. Mientras las personas no se vean a sí mismas como inclusivas, usarán los recursos y la tecnología para generar más exclusión. Esperemos que esa misma tecnología nos aporte soluciones para cambiar mentalidades.

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Subdirectora editorial de EDUCACIÓN 3.0
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Soy periodista especializada en tecnología y educación digital. Actualmente ejerzo como subdirectora de contenidos de EDUCACIÓN 3.0, donde coordino el equipo de redacción del medio. En mis artículos analizo el impacto de la innovación tecnológica en las aulas y en la sociedad, abordando temas como la transformación digital, las competencias digitales, el uso educativo de nuevas herramientas y las tendencias que están redefiniendo la enseñanza y el aprendizaje. Desde una mirada divulgativa y con rigor periodístico, busco conectar la actualidad tecnológica con el ámbito educativo y acercar a docentes, familias y profesionales de la educación claves para aplicar la tecnología de forma crítica, responsable y efectiva.
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