¿Y si Bloom no fuera suficiente? Así funciona la Taxonomía de Marzano y Kendall

La Taxonomía de Marzano y Kendall amplía la de Bloom al incorporar la metacognición, la motivación y las emociones. Así pueden utilizarla los docentes para diseñar actividades.

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taxonomía de Marzano y Kendall

La tradicional Taxonomía de Bloom ha guiado el diseño curricular durante décadas, pero su enfoque centrado en los procesos cognitivos dejó fuera otros aspectos que también intervienen en el aprendizaje. De ahí que los investigadores Robert J. Marzano y John S. Kendall decidieran desarrollar la denominada Nueva Taxonomía de los Objetivos Educativos, también conocida como Taxonomía de Marzano y Kendall. Esta propuesta incorpora, además de los procesos cognitivos, la metacognición y el denominado ‘sistema interno o Self-System’, relacionado con aspectos como la motivación, las emociones y la disposición del estudiante hacia el aprendizaje.

Comprender sus seis niveles de procesamiento permite a los docentes contar con una hoja de ruta antes de diseñar una actividad, un material o una situación de aprendizaje: qué conocimientos deben recuperar, qué necesitan comprender, qué tendrán que analizar, cómo aplicarán lo aprendido y qué factores pueden favorecer su implicación en el proceso. A continuación, repasamos cada nivel y proponemos cómo incorporar la taxonomía de Marzano y Kendall al diseño de las clases.

taxonomía de Marzano y Kendall niveles

Define qué necesitan recordar (Nivel 1: Recuperación)

Antes de diseñar una actividad es necesario definir qué conocimientos previos necesita recuperar el alumnado y cuáles debe ser capaz de recordar al finalizar. Pueden ser datos, conceptos, hechos o procedimientos básicos. Por ejemplo, antes de crear una actividad sobre fracciones, hay que determinar qué conceptos deben tener presentes: numerador, denominador, fracción equivalente… Este primer paso establece una base sobre la que construir los aprendizajes posteriores.

Asegúrate de que lo comprendan (Nivel 2: Comprensión)

Después, se debe comprobar que el alumnado comprende el significado de los contenidos y que no se limita a memorizarlos. Para ello, se pueden plantear actividades en las que explique una idea con sus propias palabras, elabore un esquema, establezca relaciones o represente gráficamente un concepto. En el caso de las fracciones, podrían representar mediante un dibujo qué significa que dos fracciones sean equivalentes.

Decide qué tendrán que analizar (Nivel 3: Análisis)

El siguiente paso es preguntarse qué relaciones, patrones, errores o diferencias deben identificar. Esto ayuda a diseñar actividades que les obliguen a ir un poco más allá de la comprensión. Continuando con el mismo ejemplo, pueden comparar varias fracciones, identificar relaciones y patrones entre ellas y explicar por qué unas son mayores o menores que otras.

Plantea para qué utilizarán lo aprendido (Nivel 4: Utilización del conocimiento)

Ahora toca pensar en qué problema, situación o reto permitirá aplicar los conocimientos adquiridos. El objetivo es que los estudiantes utilicen lo aprendido para tomar decisiones, resolver problemas, investigar o realizar una tarea. En este sentido, podría diseñarse una actividad en la que tengan que ajustar las cantidades de una receta para cuatro personas a una familia de seis.

Incorpora un momento para pensar sobre cómo aprenden (Nivel 5: Metacognición)

También es interesante reservar un espacio para que el alumnado tome conciencia de cómo ha aprendido y de las decisiones que ha tomado durante la actividad. Para ello, es posible plantearle cuestiones como: ¿qué objetivo tenía?, ¿qué estrategia he utilizado?, ¿qué me ha resultado más difícil? o ¿qué podría hacer de otra manera? Incluir preguntas de autoevaluación, diarios de aprendizaje o listas de comprobación ayuda a convertir esta reflexión en parte de la propia actividad.

Pregúntate por qué querrán aprenderlo (Nivel 6: Sistema interno o Self-System)

Para finalizar, el docente debe hacerse la siguiente pregunta: ¿qué puede hacer que mi alumnado encuentre interesante o útil lo que va a aprender? En este sentido, conviene relacionar los contenidos con sus intereses, ofrecer cierto margen de elección y autonomía o conectarlos con situaciones cercanas a su realidad. Por ejemplo, plantear un proyecto relacionado con un problema de su entorno puede ayudar a que comprendan para qué sirve lo que están aprendiendo y se impliquen más en la actividad.

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Silvia Rodríguez

Periodista científica con gran experiencia en el ámbito de formación.
Me apasiona escribir y conectar con la naturaleza. Estoy enganchada al mundo #mindfulness y a la importancia de saber vivir el momento presente #aquiYahora

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