El verano es una oportunidad estupenda para seguir aprendiendo fuera del aula y convertir cualquier paseo por la playa, la montaña o el parque en una experiencia en la que los más pequeños descubran, observen e investiguen su entorno. De hecho, organismos como la UNESCO han desarrollado iniciativas como ‘Learning Through Landscapes’, que tiene como objetivo poner en valor las actividades educativas conectadas con el entorno y la naturaleza para desarrollar la curiosidad, la observación y el pensamiento crítico del alumnado.
Una alternativa para llevarlo a la práctica es animar a los más jóvenes de la casa a elaborar su propio cuaderno de campo: un diario de observación en el que registrar todo lo que les llama la atención durante sus salidas; especialmente lo relacionado con elementos naturales como paisajes, animales, insectos o fenómenos meteorológicos. Además de escribir, pueden realizar dibujos, recoger muestras, pegar hojas y fotografías, fomentando al mismo tiempo la diversión y el respeto por el medioambiente.
¿Por qué un cuaderno de campo es una buena actividad para el verano?
Elaborar un cuaderno de campo durante las vacaciones permite recordar o aplicar algunos de los aprendizajes adquiridos durante el curso sin recurrir a cuadernos de repaso o ejercicios tradicionales. También convierte a los estudiantes en protagonistas de sus propios descubrimientos y ofrece otros beneficios:
- Potencia la observación y la curiosidad.
- Favorece la expresión escrita y el dibujo.
- Refuerza la atención y la concentración.
- Desarrolla el pensamiento científico mediante la formulación de preguntas y pequeñas hipótesis.
- Promueve el contacto con la naturaleza y la conciencia ecológica.
- Estimula la creatividad al combinar texto, ilustraciones y elementos naturales.
- Crea un recuerdo personal que pueden conservar durante años.
Cómo crear un cuaderno de campo paso a paso
Para que los menores entre 6 y 12 años elaboren su propio cuaderno de campo, no es necesario contar con muchas herramientas ni materiales especiales: basta con una libreta y ganas de explorar. Así pueden comenzar en seis sencillos pasos:
1. Elegir el cuaderno
Una libreta en blanco, un cuaderno de dibujo o incluso un bloc elaborado de forma artesanal son opciones idóneas para dar forma a este recurso. Lo esencial es que las hojas sean de un gramaje grueso y resistente y con un tamaño cómodo para llevarlo en las salidas.
2. Personalizar la portada
Escribir el nombre del propietario, el título del cuaderno y decorar la portada con dibujos o pegatinas relacionadas con la naturaleza convertirá el proceso en una experiencia más estimulante y divertida.
3. Preparar los materiales
Conviene llevar lápices de colores, un bolígrafo, una regla, pegamento y una pequeña bolsa para guardar hojas, flores u otras muestras que se incorporarán posteriormente.
4. Observar antes de escribir
Durante cada salida es fundamental detenerse unos minutos para mirar con atención lo que nos rodea y plasmarlo después. Podemos animar a los menores a que se planteen algunas preguntas para facilitar esta fase: ¿Qué animales aparecen? ¿Qué plantas predominan? ¿Hace viento? ¿Qué sonidos se escuchan?
5. Registrar cada descubrimiento
Se trata de la finalidad principal del cuaderno de campo: anotar en cada página la fecha, el lugar, el tiempo atmosférico y una breve descripción de lo observado, completando el registro con anotaciones, dibujos, esquemas…
6. Añadir curiosidades e investigar
En casa pueden complementar la información resolviendo dudas sobre lo que han visto o ampliando información con datos científicos: el nombre de una planta, de qué especie es el ave que han dibujado o responder alguna de las preguntas que les hayan surgido durante el paseo. De esta forma, el cuaderno seguirá creciendo y se convertirá en una herramienta viva que se perfecciona tras cada salida.