En muchas ocasiones necesitamos explicar una enfermedad u otras situaciones complejas a niños pequeños. Y aunque el impulso inicial de los adultos suele ser protegerlos a través del silencio, los menores perciben los cambios: notan el cansancio, los gestos, las ausencias y las emociones contenidas. Y cuando no comprenden lo que ocurre, intentan darle sentido con los recursos que tienen, pese a que esa interpretación puede generar más inseguridad que una explicación clara y adaptada. Por eso, es necesario encontrar la forma adecuada de explicar enfermedades a menores. Y hay dos herramientas especialmente útiles: el lenguaje simbólico y la metáfora.
Por qué el lenguaje importa
La comprensión emocional y la comprensión verbal están estrechamente relacionadas en la infancia: un mensaje ambiguo puede generar confusión y uno excesivamente técnico, angustia; por lo que el reto está en traducir la realidad a un formato que el niño pueda gestionar. En este sentido, el lenguaje simbólico cumple una función fundamental, porque las metáforas, los cuentos o las imágenes ayudan a convertir una realidad compleja en algo representable. No se trata de ocultar la verdad, sino de hacerla comprensible.
La música, por otra parte, puede convertirse en una herramienta especialmente potente, ya que actúa como un lenguaje en sí misma: permite expresar y canalizar emociones que muchas veces los niños no saben nombrar con palabras, facilitando una vía de comunicación más accesible y natural. En el ámbito educativo esto resulta especialmente valioso, ya que ofrece una forma de acompañar sin invadir, facilitando al menor tanto comprender lo que siente como a expresarlo desde un lugar seguro.
Por ejemplo, al hablar de una enfermedad podemos emplear la palabra ‘bichito’ para nombrar algo que no debe estar ahí y, además, utilizar la metáfora del cuerpo como una orquesta donde todos los instrumentos deben sonar en armonía: cuando uno de ellos se desajusta, necesita ayuda para volver a afinarse. Esta imagen nos permite explicar una situación difícil desde un lugar accesible sin recurrir a explicaciones médicas complejas ni generar un miedo innecesario; sino buscar la serenidad de los niños ofreciendo comprensión, cercanía y seguridad.
Pautas según la edad
Antes de abordar este tipo de conversaciones, conviene tener en cuenta que los niños suelen tolerar mejor una verdad bien acompañada que una incertidumbre prolongada. Además, es preferible una comunicación progresiva, abierta a nuevas preguntas; y es importante recordar que cada uno reacciona de manera diferente: algunos preguntan enseguida, otros necesitan tiempo y otros aparentan normalidad antes de expresar lo que sienten. Y ante todo, es fundamental adaptar la explicación a la edad del menor:
- En Educación Infantil necesitan mensajes simples y tranquilizadores, siendo suficiente con explicar que algo no va bien y que los adultos están ocupándose. Las metáforas sencillas y los apoyos visuales resultan muy útiles.
- En los primeros cursos de Primaria pueden comprender mejor lo que ocurre y suelen necesitar más información, por lo que es importante permitir preguntas y responder con honestidad, evitando sobrecargar. El uso de metáforas más elaboradas facilita la comprensión sin generar angustia.
- En cursos superiores de Primaria aparece una mayor necesidad de entender. En estos casos conviene ofrecer explicaciones algo más completas, siempre adaptadas, y prestar especial atención a lo que realmente están preguntando, ya que muchas veces buscan seguridad más que datos.
Claves prácticas para acompañar
Más allá de la edad, algunas pautas resultan especialmente útiles cuando se aplican de forma consciente:
- Utilizar un lenguaje adaptado sin simplificar en exceso, traduciendo la realidad a un nivel comprensible para el niño, y ofrecer una explicación adecuada para evitar confusión y reducir la ansiedad.
- Validar sus emociones –comprendiendo que pueden reaccionar con miedo, silencio o enfado– y acompañarlas sin juzgar para que se sientan seguros.
- Mantener rutinas estables: aunque la situación cambie, conservar hábitos cotidianos que ayuden a sostener emocionalmente al niño.
- Apoyarse en recursos simbólicos como cuentos, metáforas o música para facilitar la comprensión emocional y abordar la situación de forma más accesible.
Este tipo de situaciones no son ajenas al aula, y contar con herramientas para acompañarlas resulta fundamental para ayudar al niño a entender, pero también ofrecer comprensión, escucha y estabilidad para que afronte mejor lo que está viviendo.
En este artículo puedes consultar una selección de cuentos para explicar vivencias complejas como la muerte a los menores.