¿Sabías que en España el 65,8% de los menores de 12 años utiliza el servicio de comedor escolar? Se trata de un espacio que forma parte de la vida de millones de estudiantes y, además, constituye uno de los momentos más largos fuera del aula, con un impacto directo tanto en su bienestar físico como emocional. Pero, ¿se está aprovechando realmente hoy en día como parte del proyecto educativo del centro? Para reflexionar sobre esta cuestión y analizar la importancia de que se convierta en una verdadera extensión del proyecto pedagógico de los centros, celebramos, en colaboración con Sodexo, el XV Encuentro EDUCACIÓN 3.0 ‘Más allá del aula: el comedor como espacio clave del proyecto educativo’.
Emitido en directo a través de nuestro canal de YouTube, contó con la participación de Augusto Poveda, director Nacional del segmento Sanidad y Educación en Sodexo; Patri Psicóloga, psicóloga, escritora y conferenciante y Javier Luna, director general del Colegio Cristo Rey (Madrid). El debate estuvo moderado por Francisco Javier Palazón, director de EDUCACIÓN 3.0.
El comedor como una extensión del proyecto educativo
La primera cuestión planteada a los expertos fue en qué momento se ha comenzado a entender que el comedor escolar ya no es un servicio complementario, sino una extensión del proyecto educativo del centro. Augusto Poveda (Sodexo) afirmó: “Los niños entre los 3 y los 18 años se encuentran en una fase ‘esponja’ ya que absorben comportamientos, observan y miran a los demás en todo momento, por lo tanto, todo lo que les influya de manera positiva fuera del momento de las aulas es muy relevante. El comedor es un momento en el que están ocurriendo muchas cosas que, quizá hace décadas pasaba más en el ámbito familiar, cuando los colegios estaban más cerca de las familias (físicamente), y un momento importante de la formación con su entorno más cercano era en el momento de la comida. Hay que aprovechar este momento diario para avanzar en la formación de valores y de otro tipo de conceptos que forman parte de la educación integral”.
Y esa educación integral está presente en los comedores a través del aprendizaje de distintos valores como la autonomía, la convivencia, en distintos hábitos alimentarios… Así lo ratificó Javier Luna (Colegio Cristo Rey), que también señaló que “en el momento en que dejamos de pensar que la educación está solo en las aulas, es cuando el comedor deja de ser un servicio complementario. Un centro puede hablar muy bien de acompañamiento, de valores o de educación integral, pero en estos espacios cotidianos es donde esa visión baja a la realidad y es una prueba de la coherencia del colegio”.
Por su parte, Patri Psicóloga indicó que en este espacio se produce todo un contexto social dentro de la organización de un colegio. “Es un lugar donde surgen muchas interacciones con quien te cuida, con la alimentación, con tus compañeros… El niño está aprendiendo continuamente, ya no solamente del personal que atiende, sino de los propios compañeros y de los más mayores. Tenemos que tomarlo como un lugar de aprendizaje donde se van a relacionar con otros compañeros de otras clases y donde van a aprender habilidades sociales que muchas veces no se dan en un contexto como el aula”.
Durante el debate también se planteó qué se puede hacer para que deje de ser un espacio desconectado del aula. Tanto Patri Psicóloga como Luna (Colegio Cristo Rey) estuvieron de acuerdo en contar con una coherencia educativa tanto dentro como fuera del aula y, para ello, Luna incidió en que la clave se encuentra en que todos los miembros de la comunidad educativa (docentes, equipo directivo y monitores) compartan el mismo lenguaje, que formen parte de una visión común de centro. “El comedor no debe parecerse al aula, pero sí debe ir en la misma línea del proyecto educativo de centro”.
En este sentido, Poveda (Sodexo) subrayó la posibilidad de realizar distintas actividades dentro del comedor siempre y cuando estén alineadas de forma estructurada y coherente con el proyecto educativo del colegio. “Nosotros, por ejemplo, tenemos un proyecto que se llama ‘Be healthy, be happy’ que tiene como objetivo conocer el impacto que tiene la alimentación en tu salud. Se puede hacer de forma práctica, a través de excursiones a huertos, proveedores… También son importantes los programas nutricionales y acercar a las familias a los comedores”, subrayó.
¿Qué aprenden en el comedor?
El debate continuó con el aprendizaje de los estudiantes más allá de los hábitos alimentarios y qué tipo de competencias emocionales y sociales se pueden desarrollar en este espacio. También cómo se pueden reforzar valores como la convivencia, la autonomía, la sostenibilidad o el respeto. Para Patri Psicóloga, el comedor es un laboratorio de convivencia. “Es un lugar donde los alumnos entrenan habilidades sociales y emocionales, aprenden a esperar turnos y también fomentan la complicidad, porque si esto no me gusta te lo paso a ti y pásame a mí lo tuyo que me gusta más». Asimismo, es un espacio donde se pueden resolver pequeños conflictos y se adaptan a otro tipo de normas”. Igualmente, la experta señaló que, además de la convivencia, que se formaliza en el mismo hecho de compartir la mesa con las demás, en el comedor los menores desarrollan su autonomía. “El niño aprende a comer, tiene que tomar decisiones con su comida y se tiene que responsabilizar de aquello que se está comiendo”.
«El comedor no debe parecerse al aula, pero sí debe ir en la misma línea del proyecto educativo de centro»
Javier Luna, director general del Colegio Cristo Rey (Madrid)
Poveda, de Sodexo, por su parte, destacó otra cuestión importante como es la integración y de qué forma se puede aprender de otros compañeros. “El comedor es un espacio donde realmente puedes ver a un niño con una cultura o tradiciones diferentes, que ha llevado a cabo en su casa o con sus padres o abuelos. Es un sitio perfecto para empezar a entender y aceptar esas diferencias. Por otro lado, se aprende sobre la gestión de la escasez o de los recursos limitados o a que no siempre va a haber para comer lo que quiera o le apetezca. Es decir, a veces como lo que debo, no lo que quiero o me apetece. Son hábitos muy valiosos que te acompañan el resto de tu vida y el comedor es un momento muy bueno para trabajarlos”. Igualmente, para el directivo es posible reforzar valores como la tolerancia, el respeto y, por supuesto, el cuidado por el cuerpo. “Lo que se trabaja en las aulas ha de ocurrir en el comedor, además de que toda la comunidad educativa trabaje en equipo y de forma multidisciplinar”.
En este sentido, Luna (Colegio Cristo Rey) consideró que en el comedor se aprenden cuestiones fundamentales para la vida: a tolerar pequeñas frustraciones, a cuidar las formas, a saber conversar adecuadamente, a pedir las cosas con corrección y a compartir un espacio con otros, y todo desde el respeto. “El tiempo que se dedica a comer es el más delicado en la vida escolar porque es donde el alumno más libre se siente y eso hace que al final haya aprendizajes cotidianos, pero más profundos. También, desde el punto de vista emocional, es un espacio muy interesante porque nos obliga a poner en juego competencias clave como la autorregulación, la paciencia, la capacidad de gestionar el malestar cuando, por ejemplo, no te gusta una comida”.
Bienestar y comida
Tras la reflexión acerca del aprendizaje, la conversación avanzó hacia el bienestar emocional de los estudiantes. ¿Cuál es el papel que juega el momento de la comida en la salud emocional y el clima escolar?
En esta cuestión, el director general del Colegio Cristo Rey destacó que “después del ritmo académico, de la exigencia, de los horarios y de la atención constante, el comedor es un momento para parar, pausar y disfrutar de alguna manera. Pero no siempre es fácil. “La comida no siempre gusta y a veces los propios educadores tampoco lo sabemos acompañar. Nosotros también tenemos que frenar y saber entender ese espacio, porque es un tiempo que debe ser más sereno. Y eso tiene un valor emocional muy importante, no solo una necesidad fisiológica, también puede ser una experiencia de descanso”. Poveda añadió que el comedor es un punto de encuentro diario no competitivo. “Se trata de un espacio para relacionarse, ya que los alumnos se pueden expresar cómo son, sacar sus emociones, además de alimentarse. Es un elemento muy interesante porque en algunos momentos de la etapa académica hay un exceso de competitividad y el comedor puede ser un buen lugar para equilibrar la seguridad emocional de los niños”.
«En el comedor se aprende sobre la gestión de la escasez o de los recursos limitados o a que no siempre va a haber para comer lo que quiera o le apetezca»
Augusto Poveda, director Nacional del segmento Sanidad y Educación en Sodexo
Por su parte, Patri Psicóloga señaló que los seres humanos celebramos los momentos más importantes de nuestra vida en torno a una mesa, lo que favorece la regulación emocional y aumenta el sentimiento de pertenencia. “En el caso del comedor, los niños se relacionan con otros niños y es un momento para relajarse, para socializar de una forma más libre y para recuperar esa energía física y energía emocional”.
El papel de las familias y el futuro del comedor
Para finalizar, el director de EDUCACIÓN 3.0 se adentró en dos temas fundamentales: el papel de las familias y cómo será el futuro de este espacio. Poveda (Sodexo) indicó que, aunque la educación de los hijos no es delegable ni transferible, es importante que el centro ayude a las familias a desarrollar la educación que quieren para sus hijos. “Desde ese punto de vista, lo que pasa en un colegio, en las aulas y en el comedor, también tiene que tener una continuidad en el hogar. Por lo tanto, la integración de lo que ocurre en el colegio con lo que hagan luego los padres en casa es fundamental”.
Luna (Colegio Cristo Rey), por su parte, señaló que el papel de las familias es imprescindible porque “los hábitos, las actitudes y la relación con la comida es con la familia. Los estudiantes vienen con unos hábitos, con una manera de comportarse en la mesa. Por lo tanto, no es que el colegio tenga que pedir a la familia que se involucre, sino que que la familia tendría que asegurarse que el proyecto educativo del centro va en línea con lo que sus hijos viven en su casa”. En el caso de Patri Psicóloga volvió a incidir en la coherencia, también entre las familias y el comedor. “Hay que tener una coherencia entre cómo cuidan a nuestros hijos en el comedor y cómo cuidamos las comidas en casa. Hay niños a los que les cuesta comer, otros que tardan mucho en experimentar y aceptar otros sabores, y aquí es importante que tanto el personal de comedor como la familia sean capaces de transmitir calma, que no se obligue a comer alimentos en un momento determinado, por ejemplo”.
«Los niños se relacionan con otros niños y es un momento para relajarse, para socializar de una forma más libre y para recuperar esa energía física y emocional»
Patri Psicóloga, psicóloga, escritora y conferenciante
En cuanto al futuro del comedor, los ponentes centraron sus opiniones en distintos aspectos. Poveda (Sodexo) recalcó que “hay que querer que el niño quiera estar en el comedor, y para ello hay que focalizarse en dos áreas: considerar este espacio como un lugar seguro, ya que lo que ocurre alrededor del momento de la comida puede ser una forma preventiva de salud mental, y la otra está relacionada con el nuevo marco regulatorio (el Real Decreto para prevenir la obesidad infantil en el entorno escolar) con el que habrá que estudiar formas progresivas y flexibles de ir cambiando hábitos en los próximos años”. En opinión del director del Colegio Cristo Rey, tiene que haber tres direcciones claras: “Intencionalidad educativa, darle importancia al bienestar de los estudiantes en este espacio y la integración de las familias consiguiendo que se sientan cada vez más parte del mismo”. Para finalizar, Patri Psicóloga subrayó que el futuro del comedor “pasa por ser una parte integral del bienestar emocional y de la educación en valores y creo que es importante trabajar en el comedor la nutrición, pero debe convertirse en una experiencia que ayude a completar todo el proceso educativo del centro”.
