Durante este último curso he trabajado en un centro de Educación Especial como maestra de Música, una experiencia que me ha hecho reflexionar sobre la importancia de la música en la vida de las personas. Por ejemplo, ¿con Educación Musical es suficiente?. Para mí la respuesta es claramente negativa. La música abarca mucho más que su enseñanza y aprendizaje, es por esto que cada vez estoy más segura de la necesidad de incluir Musicoterapia en centros de enseñanza, incluyendo especialmente los centros de Educación Especial.

Antes de continuar, es vital esclarecer la diferencia entre la Musicoterapia y la Educación Musical. La Musicoterapia es, en palabras de la World Federation of Music Therapy (WFMT): «el uso profesional de la música y sus elementos como una intervención en entornos médicos, educacionales y cotidianos con individuos, grupos, familias o comunidades que buscan optimizar su calidad de vida y mejorar su salud y bienestar físico, social, comunicativo, emocional, intelectual y espiritual». Es importante recalcar que la persona que realiza Musicoterapia debe ser un musicoterapeuta cualificado. En España la formación en Musicoterapia es a través de Máster Universitario de, al menos, 60 créditos. Por otro lado, la Educación Musical la entendemos como un proceso en el que se busca que los estudiantes logren conseguir una serie de aprendizajes.

En Educación Musical y en Musicoterapia los objetivos son muy diferentes. Mientras que la Educación Musical persigue objetivos pedagógicos, la Musicoterapia trabaja sobre objetivos terapéuticos. El musicoterapeuta trata, a través de distintas técnicas, que el usuario mejore su bienestar y calidad de vida. La intervención es completamente adaptable a la persona que recibe la terapia, pudiendo adecuarse a las necesidades que cada uno requiere. Además, el acompañamiento que realiza el musicoterapeuta es activo, no solo pasivo.


Musicoterapia: una necesidad para la atención global del alumnado                 

Musicoterapia

Durante estos meses las clases de música han sido en su mayoría grupales, por lo que la atención individualizada es prácticamente nula. En cada grupo, de entre cinco y siete alumnos, la diversidad y pluralidad del alumnado es muy notoria, viéndose así afectada la adaptación de las actividades para el total de los estudiantes. Esta adaptación es vital para poder llegar a cada uno de los menores, pero aún así veo cómo hay ámbitos a los que como maestra no puedo llegar. Es por esto que creo que la incorporación de un musicoterapeuta como parte del equipo de trabajo en un centro con estas particularidades sería ideal para dar una atención global al alumno, ya que a través de esta terapia se incide a nivel psicomotriz, cognitivo, emocional, social, conductual y espiritual, este último en el caso de personas adultas.

Al introducir la Musicoterapia como una disciplina más en un centro de Educación Especial, el musicoterapeuta llevaría a cabo su labor en coordinación con el conjunto de maestros y especialistas de otras disciplinas como Terapia Ocupacional o Fisioterapia, lo que haría que la atención al alumnado fuera integral, pudiendo llegar a lograr objetivos comunes que beneficien la calidad de vida del alumnado. Esta atención sería individualizada para todo niño y niña que fuera derivado a la terapia, de forma que sus necesidades especiales fueran atendidas, aunque no se descartarían sesiones grupales anteriormente consensuadas con todo el equipo de trabajo.


Trabajar los objetivos terapéuticos a través de la historia musical                 

Antes de cada intervención se haría una entrevista a cada familia a modo de valoración inicial, en la que se pueda conocer mejor al menor que ha sido derivado a Musicoterapia. De esta forma, el musicoterapeuta podrá recoger información que le será útil a la hora de estar en sesión, como referencias a nivel psicomotriz, perceptivo-cognitivo, en el área de comunicación y lenguaje y a nivel socio-emocional, además de los datos clínicos esenciales. Por supuesto, en esta entrevista también se le preguntaría a la familia por los gustos musicales de su hijo, con el fin de componer su historial musical. Tras la entrevista se trazarían los objetivos terapéuticos generales y específicos de cada usuario y, entre todo el equipo de trabajo, se priorizarían las necesidades para cada estudiante. El espacio en el que se realizarían las sesiones se ubicaría en un ambiente que favoreciera el desarrollo de la terapia, por lo que tendría que ser un lugar aséptico y adaptado a las necesidades de los usuarios que reciban el tratamiento.

Desde mi experiencia, si las necesidades esenciales de los estudiantes de colegios con esta singularidad estuvieran contempladas y se trabajaran en el beneficio de ellas, todos los ámbitos de la vida de esos niños y niñas se verán favorecidos, por lo que finalmente estaríamos favoreciendo la mejora de su calidad de vida.