Razones y trabas para el uso de los dispositivos móviles en las aulas universitarias

Para tomar apuntes o realizar consultas puntuales. Estos son los usos más habituales de ordenadores portátiles, teléfonos móviles y tabletas en las aulas universitarias. En ocasiones, la ausencia de apoyo de las instituciones universitarias o la falta de formación del profesorado impiden que su empleo como herramienta de enseñanza-aprendizaje sea más generalizado.

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La reticencia de los docentes y la falta de inversión de las instituciones son las principales barreras para el uso de dispositivos móviles en las aulas. Al menos esta es una de las conclusiones a las que ha llegado el estudio ‘Análisis del uso de dispositivos móviles en las aulas universitarias españolas’, elaborado por los profesores Estrella Martínez-Rodrigo, Julia Martínez-Cabeza Jiménez y Miguel A. Martínez-Cabeza Lombardo, de la Universidad de Granada.

Para la investigación, han realizado 100 entrevistas a profesores de distintas universidades españolas, con edades comprendidas entre los 39 y los 64 años. De sus conclusiones, sale reforzada la idea de que la insuficiente formación tecnológica es una de las causas de la falta de implementación en el aula de dispositivos móviles como herramienta de enseñanza-aprendizaje.

Para qué se usan los dispositivos móviles en el aula

A día de hoy, el ordenador portátil sigue siendo el equipo preferido por el alumnado en las clases. Ya lo utiliza el 87% para tomar apuntes o seguir las presentaciones en Power Point que se estén empleando durante la explicación. En determinadas titulaciones también es recurrente el uso de programas específicos, como puede ser software de edición de vídeo en el grado de Comunicación Audiovisual.

Los docentes han detectado que el teléfono móvil es utilizado por el 75% de los estudiantes universitarios para realizar consultas puntuales. En titulaciones relacionadas con idiomas, por ejemplo, ha sustituido al diccionario tradicional. También se emplea para acceder a las plataformas específicas de las universidades y sus recursos, como la biblioteca electrónica.

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“Algunos de los docentes participantes en el estudio atribuyen al teléfono móvil un componente motivador en el proceso de aprendizaje”, según se afirma en el artículo. En él también se recoge que “la utilidad fundamental es un cierto aumento de la atención y concentración del alumnado”.

Respecto a la tableta, es el dispositivo menos utilizado: tan solo el 50% recurre a ella en el aula. “Su finalidad suele ser tomar apuntes y utilizar aplicaciones que exigen un mayor rendimiento del que ofrece el smartphone. Se presenta como híbrido entre el ordenador portátil y el teléfono móvil, pero sin llegar a alcanzar el rendimiento del primero –a excepción de algunos modelos de alta gama– ni la portabilidad del segundo”.

Fuera del aula, se ha detectado que los dispositivos móviles se utilizan, sobre todo, para recopilar información sobre una materia. Bien para estudiarla o bien para preparar trabajos. También se han convertido en una importante herramienta de comunicación. Tanto alumno-profesor a través del correo electrónico, como entre alumnos vía WhatsApp a la hora de organizar proyectos colaborativos.

Barreras a salvar

Más allá de estos usos, la mayoría de los docentes participantes en la encuesta de la Universidad de Granada considera que “los dispositivos móviles pueden suponer nuevas oportunidades para la innovación docente […], principalmente, nuevos modelos y sistemáticas de investigación en cualquier rama del conocimiento, generando una labor auténticamente interdisciplinar”.

Aunque también se ha detectado un miedo a “innovar por innovar” y perder de vista los objetivos didácticos, o que esta herramienta se convierta en un factor de distracción para el alumnado cuando el tema no sea de su interés. Es aquí donde se debería poner hincapié en una formación adecuada de los docentes, un aspecto este último que una gran mayoría considera insuficiente.

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El proceso de aprendizaje de un 55% de ellos ha sido íntegramente autodidacta. En la mayor parte de los casos derivado de las necesidades que han surgido en las aulas durante los últimos años. El 27% afirma que ha recibido uno o varios cursos básicos. Mientras que sólo el 18% reconoce que tiene una formación más completa. Esto es debido a las herramientas que las universidades en las que trabajan han puesto a su disposición, o porque ya la habían adquirido antes de dedicarse a la docencia.

Otra pata del problema reside en papel de las instituciones. “Quizá habría que preguntar a las universidades por qué no eliminan los ordenadores estacionarios de los despachos e implantan portátiles para todos”, reivindica unos de los participantes en el estudio.

“Las ayudas económicas de los departamentos sólo son para publicaciones, traducciones y participaciones en congresos. Y una ayuda al equipamiento (al menos en especialidades tecnológicas) es fundamental. Muchos profesores –añade– se plantean usar sus equipos personales para la docencia porque se someten a mucho desgaste y uso, y al final los gastos corren por cuenta del docente”.

Según el artículo de la Universidad de Granada, se espera que en diez años se hayan superado estas barreras. Para entonces los dispositivos móviles constituirán una herramienta de aprendizaje en el entorno educativo universitario. Además de un recurso que genere motivación en el alumnado y fomente el trabajo autónomo.

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