¿Puede la programación fomentar la resolución de problemas?

Gracias a esta disciplina, el alumnado desarrolla sus habilidades de análisis, creatividad y su tolerancia a la frustración a la hora de enfrentarse a los problemas, y consiguen resolverlos con éxito.

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La programación ayuda a resolver problemas

La robótica y la programación son cada vez más populares en el entorno educativo. Prueba de ello es que, poco a poco, se están integrando en el estudio de múltiples materias y en cualquier nivel educativo: en Infantil se enfoca su práctica desde un punto de vista manipulativo y cooperativo mediante el empleo de robots como Bee-Bot; en Primaria se trabaja en la fase creativa de la programación, tanto a nivel visual como en la resolución de los ejercicios prácticos; y en Secundaria se afronta su aprendizaje desde la transversalidad con otras materias.

De esta manera, la programación permite trabajar conocimientos de Ciencias Naturales o desarrollar proyectos en materias como Historia, Lengua y Literatura o Ciencias Sociales.

También ayuda a trabajar otro tipo de habilidades relacionadas sobre todo con la resolución de problemas. “Y esta es una habilidad que acompañará a los estudiantes a lo largo de toda su vida”, explica Antonio Muñoz, docente en la academia de tecnología, programación y robótica Educa en Digital.

La programación ayuda en la resolución de problemas

Aprender haciendo

La clave para entender la relación entre programación y resolución de problemas está en los procesos que hay que seguir para llevar a cabo las tareas con éxito: su práctica consiste en desestructurar el ejercicio en busca de sus componentes mínimos, investigar todas las opciones que alterarán el resultado y ponerlas en práctica. “Esto refuerza el pensamiento analítico del alumnado y el reconocimiento de variables que mejoran sus habilidades de clasificación y aportan capacidad de abstracción”, afirma Roberto D. Leyva, asesor técnico docente del área de Experimentación en el aula de INTEF. Y estas habilidades tienen una gran repercusión a lo largo de la vida académica, ya que con ellas los estudiantes estructuran mejor los conocimientos y afrontan su comprensión con garantías.

Para lograr que el aprendizaje de estas disciplinas se transforme en una lección más profunda, es necesario elegir una metodología adecuada. Para Lía García, coordinadora del Grupo Temático de Robótica Educativa de Hisparob (Plataforma Tecnológica Española de Robótica), es el trabajo por proyectos el que les otorga sentido. “Si trabajamos la robótica con metodologías que fomenten el ‘aprender haciendo’ estaremos planteando al alumnado un problema a resolver”, comenta.

Aumenta la tolerancia al fracaso

Al final, aprender a solventar los retos impuestos es sinónimo de fracasar constantemente; en este caso, en un entorno seguro en el que poder ensayar tantas veces como la motivación y la paciencia lo permitan. Y es que “al programar se eleva la capacidad de atención y se lidia con la frustración, porque es rara la ocasión en que el ejercicio sale al primer intento”, añade Muñoz.

Mejora la tolerancia al fracaso con programación

Además, los éxitos a la hora de resolver problemas de robótica o programación sólo son posibles si se crea un clima de confianza y seguridad en el aula. Rafael Simón, profesor de programación y robótica para niños de 5 a 8 años en Educa en Digital, comenta que es fundamental que los niños se encuentren cómodos y rodeados de compañeros con las mismas inquietudes con los que puedan interactuar. “Esto les aporta tranquilidad para tener una mente más creativa a la hora de resolver problemas”, reflexiona. Por esta razón, la creatividad se postula como uno de los principales aspectos relacionados con la resolución de problemas, siguiendo al orden y a la objetividad.

Apps, juegos, manualidades…

Si los pilares de estos conocimientos no se basan en el lenguaje, sino en la habilidad para resolver problemas, parece lógico pensar que se puede comenzar a cualquier edad. “Ajustando materiales, expectativas y metodologías a las diferentes edades, se puede empezar desde bien pequeños”, sugiere García. Por ello, se han diseñado todo tipo de aplicaciones, programas y hasta juegos de mesa en los que se trabajan el pensamiento computacional y la resolución de problemas desde edades tempranas; incluso con estudiantes que todavía no han aprendido a leer y escribir.

Arduino con Scratch

¿La clave? El uso de recursos gráficos para dar las ‘órdenes’, del mismo modo que lo hacen algunos lenguajes como Scratch o Ardublock, dos de los programas de programación por bloques más populares. “Gracias a ellos es posible introducir al alumnado conceptos como los bucles o las variables, sin que necesiten usar un teclado. En su lugar, se ayudan de formas y colores para crear la secuencia en la que están trabajando”, comenta Carlos Alcalá, profesor de programación de Educa en Digital. De esta manera, comienzan a desarrollar habilidades como la capacidad de observación y análisis antes de que sepan leer o formar líneas de código complejas.

Pensando en el futuro

Que los estudiantes desarrollen su capacidad para resolver problemas y el pensamiento computacional facilitará, además, su futura incorporación al mundo laboral. De hecho, en los trabajos del futuro la tecnología tendrá un papel fundamental, como recogen dos informes elaborados recientemente por el Center for the Future of Work en los que sugieren 42 trabajos que se crearán en los próximos 10 años. Para ejercerlos, será necesario tener una formación específica y unas capacidades para resolver problemas bien desarrolladas, pues no hay que olvidar que con la evolución de estos puestos vendrán nuevos desafíos asociados que los ciudadanos del futuro tendrán que afrontar.

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