‘Calmar la educación. Palabras para la acción’, un libro para debatir sobre la educación

El próximo 15 de octubre se presenta ‘Calmar la educación. Palabras para la acción’, un libro que debate sobre la educación. Alfonso González Hermoso de Mendoza, presidente de la Asociación Educación Abierta, resume su contenido.

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El origen del libro ‘Calmar la educación. Palabras para la acción’ son las jornadas ‘Calmar la educación’ promovidas por la Asociación Educación Abierta que se celebraron el año pasado en Madrid. De éstas, además, surgieron 95 propuestas de educación a debate con un denominador común: cambiar la educación.

La presentación de la obra (que recoge cientos de argumentos e ideas para fomentar precisamente este debate sobre la educación desde la sociedad) tendrá lugar el 15 de octubre en el auditorio de la Fundación Giner de los Ríos en Madrid desde las 19.00 horas a las 21.00 horas. Si estás interesado en asistir y quieres confirmar tu asistencia (hasta completar aforo) puedes hacerlo pinchando en el siguiente enlace.

Un sistema educativo vertebrado y vertebrador

Para poner en contexto la creciente presión a la que se somete al sistema educativo no vendría mal recordar el principio de la interrelación que reina entre el acto educativo y el ambiente, y que hace de la educación a la vez un producto y factor de la sociedad que identificaba el Informe Fauré  ‘Aprender a ser’ de la UNESCO hace 45 años; una visión mítica o desestructurada de la escuela favorece poco su futuro y su desempeño.

Libro Asociación Educativa Abierta

En primer lugar, la educación formal es una de las políticas públicas más importantes, pero la política educativa, por muy adecuada que fuera, nunca podrá neutralizar el resto de las del Estado, ni mucho menos la capacidad del mercado para construir el imaginario social. Lo más básico, como sucede en los países escandinavos, sería concebirla al menos en integración con las estrategias nacionales de promoción de la infancia y la familia.

En segundo lugar, ni la escuela ni el Estado tienen el monopolio de la educación y menos del aprendizaje; todavía en mayor medida en un mundo altamente digitalizado. Como nos recuerda Carlos Magro, vicepresidente de la Asociación Educación Abierta, en este  libro: “Siempre ha habido mucha educación sin escuela y mucho aprendizaje sin educación.”. En tercer lugar, estas nuevas metas educativas son posiblemente deseables y asumibles, pero su implantación exige algo más que buena voluntad por parte de los docentes. Los objetivos del sistema educativo deben estar definidos de manera precisa, al igual que su organización y la distribución de responsabilidades. Es esencial disponer de un auténtico sistema educativo, vertebrado y vertebrador. Asignar la gestión de las incertidumbres generadas por las actuales expectativas de cambio a los docentes es insostenible.

Familia y escuela

Preguntadas las familias por el principal objetivo que persiguen con la escolarización, la contestación mayoritaria es que haga buenas personas a sus hijos. Ingente tarea. Por si fuera poco, la vida de los centros se ve  afectada de manera creciente por el legítimo interés de las familias de estar presentes para potenciar los procesos de aprendizaje de sus hijos y, además, para conocer y valorar el ‘curriculo oculto’.

Familia y Escuela

Del mismo modo, desde el ámbito familiar están incidiendo en las instituciones educativas otros factores como la emergencia de la escolarización en el hogar, su conversión en entornos enteramente inclusivos, la creciente medicalización de los alumnos y, de manera especial, el cambio de posición social de la infancia, lo que Marta Román, miembro de GEA21, califica como “la privatización de la infancia”. Junto a las nuevas relaciones que la familia plantea con la escuela, no podemos olvidar las tensiones que se producen por el auge de los movimientos sociales, colectivos que no quieren cambiar la escuela, sino el mundo desde la escuela, considerándola el corazón de la sociedad. Al igual que tenemos que considerar la presión de las cada vez más activas políticas municipales, que consideran a los centros educativos nodos básicos para la creación de comunidad en el ámbito local. Todas ellas propuestas que tienden a competir por ocupar el tiempo de los alumnos y los espacios de los centros.

Autonomía

Otra causa de presión es la que generan los nuevos negocios que emergen en torno a la creciente complejidad de la gestión educativa y de la actividad docente. Empresas que luchan por una parte de ese 5% del PIB mundial que representa la educación. Si bien es verdad que la mayor parte de estas propuestas están vinculadas a la digitalización del aprendizaje, también lo es que cada vez en más  ámbitos, que van desde lo jurídico a la nutrición, pasando por la calidad o la innovación, surgen empresas de servicios educativos que aspiran a ayudar a los centros en su transformación.

Llegados a este punto no debemos olvidar la presión que generan sobre los centros las administraciones con el uso que hacen de la retórica de la autonomía. Detrás de esta idea hay una cierta asimilación del sistema educativo al mercado, pero también el reconocimiento de una incapacidad. “Si queremos mejorar, pero no sabemos cómo, más que imponer normas de efectos inciertos conviene dejar que cada escuela busque las soluciones que mejor le vayan” indica el catedrático de Sociología de Educación Julio Carabaña. Si a la autonomía para todo le añadimos los efectos sobre el profesorado de la ideología del “techo educativo de McKinsey”, la conclusión a la que llegamos es que la falta de una política, de un discurso educativo claro y compartido, traslada a los centros y a los docentes toda la responsabilidad generando una creciente entropía en el sistema.

Reformas educativas

Por contradictorio que pudiera parecer, junto a la apelación a la autonomía nos encontramos un sistema agobiado por el control burocrático y la precariedad pedagógica e inconsistencia técnica del currículo. Es cierto que las leyes, como la tecnología, nunca han cambiado por sí solas un sistema educativo. Así podemos comprobarlo en hechos como los que recoge Mariano Fernández Enguita, en su libro ‘Más escuela, menos aula’; en España se implantó la obligatoriedad de la educación con la Ley de Instrucción Pública de 9 de septiembre de 1857, al hilo de lo que estaba sucediendo en todos los países liberales, 20 años antes que en Francia. Sin embargo, cuando estos la aprobaron, tenían un porcentaje tres veces superior de alumnos escolarizados que España.

Reformas en la educación

Ahora bien, la adecuación regulatoria a los objetivos que persiga cada sociedad con la educación es una condición necesaria para su consecución. Un sistema educativo sostenible vive adaptando con normalidad su normativa a un entorno mutante. Entre 2008 y 2014 en los países de la OCDE ha habido 450 reformas educativas. El problema no es que haya cambios en la normativa, el problema es que el criterio al que respondan estos cambios sea sentido como propio. por los que deben aplicarlo y recibirlo.

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