Cómo usar el vídeo como herramienta educativa en la escuela

Poner un vídeo en clase no es suficiente para incorporarlo en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Su uso requiere tener claros sus beneficios, fórmulas para introducirlo en clase y conocer cuáles son las necesidades del alumnado.


En las aulas de hoy en día, el alumnado ha dejado de ser un actor pasivo para empezar a convertirse en protagonista de su propio aprendizaje. Una evolución a la que ha contribuido el uso de metodologías activas y la utilización de herramientas tecnológicas más o menos innovadoras.

El vídeo es una de ellas y no es ni mucho menos un recurso nuevo. Hace varios años que algunos docentes empezaron a incorporarlo a sus aulas como material de apoyo para impartir asignaturas de ciencias o idiomas, entre otras. Desde entonces su evolución ha sido bastante notable.

Vídeos enriquecidos

En aquel momento, junto al rol pasivo del alumnado, la creación de contenidos era inaccesible y el vídeo no se vinculaba con procesos de innovación educativa. Así lo recuerda Miguel Ujeda, director de innovación del Colegio Mirasur, en Pinto (Madrid): “A día de hoy, todos podemos ser creadores, todos podemos interactuar y la innovación educativa implica el uso del vídeo”.

Con estas premisas sobre la mesa, la cuestión es cómo abordar su incorporación al aula más allá de su consumo como contenido educativo. “Hay muchos profesores que, sin hacer grandes cambios en su metodología, seleccionan vídeos, los editan o enriquecen para ofrecerlos de forma controlada al alumnado”, señala Ujeda.

Eso sí, advierte que enriquecer vídeo no es cualquier cosa: “Supone cortar lo que sobra, añadir una pista de audio por encima de la existente, incluir preguntas para medir la comprensión del alumnado, etc.”. Aplicaciones como EdPuzzle o PlayPosit permiten hacerlo de manera muy intuitiva y distribuirlos en las principales plataformas de aprendizaje. “Lo que aportan es la capacidad de analizar quién visiona el vídeo, cuántas veces, medir la comprensión y controlar su distribución y acceso por parte del alumnado”, enumera. También existe la opción de crear listas de reproducción en YouTube.

Creadores de contenido

Otra forma de acceso, señala el director de innovación del Colegio Mirasur, implica hacer lo anterior integrando metodologías activas y técnicas didácticas que requieren de una reestructuración del contenido. El propósito es facilitar su acceso cuando el alumnado realmente lo necesita. “Es el caso del profesorado que emplea el vídeo para aplicar Flipped Classroom, Aprendizaje Basado en Retos o Aprendizaje Basado en Proyectos o, por ejemplo, para ofrecer una mejor retroalimentación entre el alumnado”, describe. “Digamos que hay una práctica deliberada a nivel docente que considera el vídeo como un recurso especialmente interesante para mejorar la comprensión de lo complejo y para ofrecer feedback”.

En estos casos, los alumnos y el profesor se convierten en creadores. Y, en ocasiones, estos últimos dan un salto más y añaden a su actividad la de youtubers.  Esto suele ocurrir porque el profesor tiene una forma particular de integrar dicho contenido y quiere compartirlo con otros. “Convertirse en creador sin haber pasado por las fases anteriores es raro. Hay youtubers de contenido educativo que en un aula fracasarían estrepitosamente, y al revés”, sostiene Ujeda. En este sentido, recalca que “es distinto crear contenido a crear experiencias de aprendizaje y acompañar al alumnado para destapar todo su potencial”. 

Qué necesita el alumnado

El alumnado que ha cambiado su rol pasivo a otro más activo ya considera el vídeo como una herramienta más de aprendizaje. María, Pablo, Ana y Jaime son cuatro estudiantes de Bachillerato que ya lo han incorporado en sus rutinas. Los cuatro lo emplean para reforzar conocimientos, ampliar determinadas materias o repasar conceptos que no les han quedado muy claros en clase. “Es un complemento para estudiar Arte y Matemáticas, además de que incrementa la motivación y lo puedo ver todas las veces que quiero”, afirma sin dudarlo María. Una ventaja esta última con la que Pablo está totalmente de acuerdo, mientras que Ana lo usa como “refuerzo para entender asignaturas como Física o para repasar antes de un examen de Historia para refrescar conceptos”.

Jaime, por su parte, los emplea sobre todo en Física, Matemáticas y Química “para ampliar conocimientos y comprobar si la actividad que estoy haciendo está bien”. Este alumno, además, tiene la suerte de que uno de sus profesores sube vídeos de sus clases a YouTube.

Durante la conversación se toman la licencia de dar consejos a los docentes creadores de vídeos: les piden que sean muy visuales, que lo hagan con pasión y que le dediquen tiempo a prepararlos, porque les advierten que todo eso se nota. Y, muy importante: “Aunque pongan toda su buena intención, no deben durar más de 10 o 15 minutos. Si se alargan hasta los 50 minutos nos recuerda demasiado a una clase”, advierte Pablo.

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