Gina Rippon: «No hay diferencias entre el cerebro femenino y masculino»

En su libro, ‘El género y nuestros cerebros. La nueva neurociencia que rompe el mito del cerebro femenino’, Gina Rippon, catedrática de Neuroimagen en la Universidad de Aston (Reino Unido), trata de desmontar la idea de que el cerebro femenino es diferente al masculino por una mera cuestión de género.

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Gina Rippon
James Waller

Gina Rippon es catedrática de Neuroimagen en la Universidad de Aston (Reino Unido) y también la autora de ‘El género y nuestros cerebros. La nueva neurociencia que rompe el mito del cerebro femenino’ (Galaxia Gutenberg), un ensayo que se acompaña de datos basados en la neurociencia para mostrar que no existe la supuesta diferencia entre el cerebro de una mujer y el de un hombre por razones de género. La experta analiza cómo los mitos y las ideas preconcebidas en torno al funcionamiento del cerebro según el género han afectado al rol de la mujer en la sociedad o, incluso, cómo sigue influyendo en el ámbito educativo. 

Pregunta: ¿Cuál ha sido la razón para que, durante tanto tiempo, se sostuviera el mito de que el cerebro del hombre es diferente al de la mujer?

Respuesta: El origen de esta cuestión se inició cuando los científicos (hombres) aceptaron el ‘statu quo’ en la sociedad, en la que los hombres y las mujeres no sólo eran diferentes anatómicamente sino que sus funciones sociales, las expectativas que la sociedad tendría o podría tener de ellos también eran diferentes. Y estos científicos se propusieron demostrar que estos dos diferenciadores estaban vinculados causalmente: lo que hacía a los hombres y mujeres anatómicamente diferentes también provocaba que sus cerebros fueran diferentes, y esto significaba que sus habilidades, sus temperamentos y personalidades también eran distintos. ¡La biología era el destino!

Esto de ‘cazar la diferencia’ impulsó poderosamente la investigación científica desde sus comienzos, y es posible que a día de hoy todavía la impulse aunque de una forma posiblemente más matizada. 

«Creo que cada cerebro es diferente de todos los demás cerebros, pero estas diferencias no están determinadas por el sexo de sus dueños»

P: ¿Ha influido esa creencia ‘cerebral’ al papel que ha desempeñado la mujer en la sociedad? ¿En algún ámbito más que otro? 

Absolutamente. Está bastante generalizado si te fijas en los datos globales relacionados con la brecha de género. Creo que el ‘lugar’ de la mujer en la ciencia, tanto históricamente como en la actualidad, es un gran caso de estudio de los estereotipos de género y que impregnan todos los niveles de una profesión, disciplina o institución.

P: Ahora bien, ¿existe alguna diferencia neurológica que diferencie el cerebro de una mujer y de un hombre? Entonces, ¿se les puede considerar como iguales?

cerebro

No existe ninguna estructura cerebral actualmente identificada ni patrón de conectividad, áreas de descanso o actividad relacionada con las tareas que identifique de manera consistente y fiable un cerebro como masculino (de un hombre) o femenino (de una mujer). 

Hay algoritmos de aprendizaje automático que han alcanzado una tasa de éxito del 85%, pero se sigue hablando de datos a nivel de grupo, es decir, promedios. La cuestión es la enorme cantidad de variabilidad en los datos de los cerebros femeninos o masculinos y que hay una enorme cantidad de superposición en esos conjuntos de datos, lo que hace que las diferencias sean cada vez más pequeñas. 

‘¿De qué sexo es este cerebro?’ ¡No es una pregunta útil!

Aunque no podemos encontrar diferencias entre los cerebros masculino y femenino no significa que sean lo mismo. Creo que cada cerebro es diferente de todos los demás cerebros, pero estas diferencias no están totalmente determinadas por el sexo de sus dueños.

P: En su libro menciona conceptos como el neurosexismo. ¿Cuál es su significado?

Es un término acuñado por la filósofa, psicóloga y escritora Cordelia Fine con el que pretende llamar la atención sobre las prácticas en neuroimagen y en la propia comunidad investigadora y que sirven para crear ‘una literatura sesgada sobre la presentación de las diferencias de sexo en el cerebro como extensas, funcionalmente significativas y fijas, y que por lo tanto y de manera explícita apoyan una perspectiva esencialista de género». Además Fine añade: «El neurosexismo promueve estereotipos perjudiciales, limitantes y potencialmente autocumplidos».

P: También analiza el cerebro social, en el que tienen cabida informaciones como los estereotipos, ¿cuáles son los asociados al cerebro de la mujer y cuáles a los del hombre? ¿Cree que en la escuela se enseña de manera diferente a las niñas que a los niños por la idea preconcebida del cerebro ‘distinto’?

El cerebro social procesa las reglas externas de la sociedad en un individuo, el contexto social en el que vive su vida. Esto puede incluir las distintas reglas asociadas a los diferentes sexos, las expectativas de la sociedad, las actitudes… y que un individuo interiorizará. Estas pueden y, de hecho influyen, en las prácticas educativas (¡así que sí, se enseña de manera diferente a los niños que a las niñas!). 
Para entender esto último hay una frase de Reshma Saujani, fundadora de ‘Girls Who Code’, que creo que lo dice todo: «Enseñamos a nuestros chicos a ser valientes y a nuestras chicas a ser perfectas».

Periodista cultural con gran interés en la educación y la innovación tecnológica en las aulas. El futuro pasa por la tecnología y ya está aquí. ¿Te lo cuento?

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