‘Ya se pasará’, ‘No es para tanto’, ‘No te pongas así’ o ‘No piensen en eso’ son frases que no funcionan con la ansiedad, tal y como señala la psicóloga Iris Pérez-Bonaventura en su último libro ‘Ansiedad. A mí también me pasa’ (B de Blok). 

Se trata de una guía práctica para ayudar a los jóvenes a conocer y gestionar la ansiedad ocasionada por muchas situaciones en su vida, tanto internas como externas. Un problema del que se habló mucho durante la pandemia, pero que sigue estando presente en el día a día de muchos adolescentes. Y es que para Pérez-Bonaventura, “la ansiedad excesiva no es ninguna tontería y si dicho trastorno no se detecta ni se trata a tiempo en la adolescencia, tiende a continuar en la vida adulta”. Eso sí, también ofrece un mensaje de esperanza: “No estáis solos. La ansiedad puede darse a cualquier edad y aprendiendo un conjunto de habilidades, estrategias y técnicas se puede gestionar para poder ser, al fin y al cabo, mucho más feliz”. 

Pregunta. Según un informe de UNICEF, la ansiedad y la depresión representan un 40% de los trastornos mentales diagnosticados entre los más jóvenes. ¿A qué se debe?

Respuesta. En los últimos años, los expertos han estado alertando de un empeoramiento en la salud mental de los adolescentes y la pandemia, en concreto,  no ha hecho más que empeorar aún más esta situación: inquietud, preocupación constante, tensión muscular, dificultad para dormir, fatiga e irritabilidad son solo algunas de las consecuencias. La etapa de la adolescencia es un momento crítico en el desarrollo de una persona porque suceden una serie de cambios físicos, psicológicos y sociales muy importantes que constituirán su identidad y personalidad. También es una etapa en la que viven una elevada presión social, inseguridad y numerosos acontecimientos que les suceden por primera vez. Por todo ello, es un período especialmente vulnerable para la aparición de la ansiedad y la depresión. Concretamente, sabemos que uno de cada tres jóvenes sufre o sufrirá un trastorno de ansiedad.

Ansiedad jóvenes

P. En su libro cuenta las historias de un grupo de jóvenes que sufren este trastorno. ¿De qué forma afecta a los estudiantes? ¿Cuáles son sus principales causas?

R. Cada vez son más los estudiantes que, en su día a día, lo pasan mal por tener un exceso de ansiedad. Sienten que les domina, les absorbe y acaba decidiendo por ellos. La ansiedad excesiva no es ninguna tontería. Si los adolescentes no aprenden a lidiar con ella, invadirá sus pensamientos (que se convertirán en negativos y repetitivos), les costará mantener la atención y la concentración (en un examen pueden no acordarse de lo que habían estudiado o pueden quedarse inmóviles ante una exposición oral), dejarán de hacer cosas por miedo (pueden no presentarse a una prueba o no hacer un trabajo en grupo…) y les costará relacionarse libremente con los demás (compañeros, profesores, familiares…). Para que no les suceda, deben aprender a gestionarla.

El trastorno de ansiedad depende de muchos factores diferentes. Tiene una importante carga genética, pero también influye el temperamento del menor, los acontecimientos vitales estresantes que viva y el estilo parental, entre otros. Si el trastorno de ansiedad no se detecta ni se trata a tiempo, tiende a continuar en la vida adulta, e incluso puede empeorar y convertirse en un predictor para la depresión.

P. ¿La ansiedad afecta a todos los estudiantes por igual o resulta más común en aquellos más organizados, controladores de su tiempo y tareas…?

R. El estudiante con una personalidad, una ‘forma de ser’ perfeccionista, hiperresponsable o autoexigente es más probable que sufra ansiedad. Es importante destacar que este perfil de personalidad tiene muchas ventajas: es una persona muy trabajadora, perseverante y le gusta hacer las cosas bien. Sin embargo, en algunas ocasiones, ante una situación imprevista o un problema, puede bloquearse y empezar a darle demasiadas vueltas a las cosas buscando una respuesta ‘perfecta’ que nunca encuentra. Esta búsqueda puede absorberle y hacerle entrar en un bucle sin salida consumiendo mucho tiempo y generando ansiedad, insatisfacción y decepción.

Ansiedad adolescentes

P. ¿De qué forma se les puede ayudar (como docente o familiar)?

R. Animándoles a hablar de lo que les pasa, que comuniquen lo que sienten, que expliquen sus pensamientos y sentimientos. Este es un paso fundamental para poder manejar la ansiedad. Por otra parte, cuando el adulto (docente o familiar) ve que la ansiedad en el adolescente interfiere de forma significativa en su vida diaria, es decir, le crea un elevado malestar y una alteración en los distintos ámbitos del desarrollo en la vida diaria: en el social, académico, laboral y otras áreas importantes del funcionamiento habitual de la persona, es cuando debemos animarles a pedir ayuda profesional. En la actualidad, la ansiedad es una condición tratable. Si aprenden un conjunto de habilidades y estrategias, podrán vencer la ansiedad.

"Si el trastorno de ansiedad no se detecta ni se trata a tiempo, tiende a continuar en la vida adulta, e incluso puede empeorar y convertirse en un predictor para la depresión"

P. En un mundo hiperconectado y en el que todo pasa demasiado deprisa, ¿es posible vivir sin ansiedad?

R. En el ritmo frenético en el que vivimos en el que todo cambia de forma vertiginosa es difícil poder parar y vivir el presente sin agobiarse. En la vida existen momentos buenos y malos, situaciones más tranquilas y otras más estresantes. El problema es que, en la sociedad en la que vivimos, esos momentos de estrés no son pocos ni puntuales, sino que se han convertido prácticamente en diarios.

P. Aunque parece que la pandemia va quedando atrás, sus consecuencias siguen estando presentes. ¿Cómo se puede mejorar la salud mental de los jóvenes tras la crisis sanitaria?

R. Las limitaciones en la interacción social, la incertidumbre del presente y el futuro, las restricciones en las actividades de ocio, la imposibilidad de realizar actividad física en el exterior, el aumento del uso de horas en las pantallas, la tensión entre los convivientes, las dificultades económicas aumentaron de forma exponencial de la ansiedad en la población general. Es importante enseñarles a los jóvenes hábitos de vida saludables que los acompañen ahora y en el futuro. Algunos pueden parecer muy básicos, pero son fundamentales para la salud mental y física: mantenerse activo, dormir bien, comer y beber de forma adecuada y mantener un horario diario.

"En la vida existen situaciones más tranquilas y otras más estresantes. El problema es que, en la sociedad en la que vivimos, esos momentos de estrés no son pocos ni puntuales, sino que se han convertido prácticamente en diarios"

P. ¿Podría darnos tres consejos para las familias o docentes con hijos o estudiantes que sufren ansiedad, depresión o cualquier otro trastorno mental y necesitan la ayuda de un especialista?

R. No estáis solos. La ansiedad y la depresión pueden darse a cualquier edad y existe en absolutamente todos los países, culturas y etnias. En la actualidad, la ansiedad y la depresión son condiciones tratables: existe un tratamiento eficaz que hará que, con el tiempo, el adolescente mejore. Cada persona puede aprender un conjunto de habilidades, estrategias y técnicas basadas en la evidencia. Un ejemplo sería la práctica de la respiración profunda (coger aire por la nariz de forma lenta, retenerlo unos segundos y soltarlo poco a poco por la boca); aprender a decirse frases que ayuden en un ataque de pánico (“es temporal, igual que ha venido, se irá”, “es muy molesto, pero pasará dentro de poco”) o aprender a identificar los pensamientos negativos para cuestionarlos, es decir, observar la forma en cómo se piensa y el poder que tienen esos pensamientos en el día a día. Todo ello ayuda a manejar el malestar para disminuirlo a unos niveles que permitan gestionar la ansiedad y poder ser, al fin y al cabo, mucho más feliz.