La pandemia tuvo un gravísimo impacto en los centros educativos de Iberoamérica del que, todavía, se están recuperando. El retorno a la presencialidad ha sido lento (una media de dos años), con infraestructuras en mal estado por el abandono y una apuesta por la digitalización que no siempre ha sido exitosa. De hecho, un alto porcentaje de estudiantes e, incluso, de centros educativos, ni siquiera tiene acceso a Internet. 

Mariano Jabonero, secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) para la Educación, la Ciencia y la Cultura, conoce muy bien los desafíos que deben abordarse en América Latina para que esta situación cambie y el alumnado reciba la atención educativa que se merece. Considera que las metodologías activas o la IA son herramientas que ayudarán a alcanzar este objetivo. 

Desescolarización Por La Pandemia

Pregunta: ¿Cómo valora el estado actual de la digitalización de la educación en Iberoamérica? ¿Se disponen de recursos suficientes para afrontar con éxito la transformación digital educativa?

Respuesta: El acceso a Internet es un derecho humano tal y como declaró la ONU en 2011, derecho al que lamentablemente no disfruta toda la población. Pero en Iberoamérica, más del 60% de la población pobre menor de 18 años no tiene acceso a Internet y, en general, el único dispositivo con el que cuentan los habitantes con bajos recursos es un teléfono móvil que presenta claras limitaciones. Aunque Internet es una gran ventana para el aprendizaje, requiere de una fuerte inversión que será más beneficiosa en los países menos ricos; esto supone un desafío que hay que asociar directamente con la necesidad de contar con metodologías híbridas, contenidos digitales y profesorado capacitado y, sobre todo, comprometido. En cuanto a la inteligencia artificial, como estrategia educativa con un gran futuro, debemos superar la desigualdad que ya existe en su desarrollo en inglés frente a las lenguas oficiales de la región, el español y el portugués.

P: ¿Qué metodologías educativas son las más adecuadas para acompañar la transformación digital de los centros educativos?

R: En todo caso, metodologías activas en las que el docente no sea un mero transmisor y en las que la ingente información que el alumnado obtiene a través de los recursos digitales le sirva para argumentar y comunicarse mejor. Otro aspecto importante en el que estamos trabajando desde la OEI es el de los sistemas o metodologías híbridas que aseguren a todos los estudiantes atención educativa presencial y virtual, superando la educación remota de emergencia que, con variado acierto y siempre urgencia, pusimos en marcha durante la pandemia. Una metodología híbrida asegura más calidad e inclusión para todos, así como mayores oportunidades de aprendizaje. Pero también se requiere de currículos más ligeros y pertinentes con contenidos educativos aptos para ambas modalidades y donde el profesorado, además de capacitado y comprometido, sea evaluado.

“Una metodología híbrida asegura más calidad e inclusión para todos, así como mayores oportunidades de aprendizaje”

Mariano Jabonero

P: En el caso de Iberoamérica, ¿qué iniciativas destacaría para garantizar la inclusión y equidad en el acceso a la educación digital?

R: Existen muchas y muy relevantes. Sin ánimo de ser exhaustivo, puedo destacar ‘La educación conectada’ con lo que el gobierno de Brasil quiere conectar a todas las escuelas y reducir la brecha digital; el Plan de Transformación Digital de Colombia; el Centro de Innovación del Ministerio de Educación de Chile; o los proyectos desarrollados junto con la AECID para incrementar la conectividad en las escuelas rurales de Honduras. También los de capacitación docente en competencias digitales que llevamos a cabo desde la OEI.

Desescolarización Por La Pandemia

P: Recientemente ha declarado que Panamá es un ejemplo de cómo emprender la digitalización de la educación de manera transversal, ¿cuáles son las razones?

R: En primer lugar, el gobierno panameño ha seguido tres principios inspiradores: apoyarse en sistemas flexibles y resilientes, apostar por modelos híbridos y tener como objetivo final la transformación pedagógica. Para instrumentar lo expuesto ha adoptado medidas como dotar de un correo digital institucional a todos, crear un centro gestor de aprendizaje propio del sistema educativo y difundir la libreta digital: se trata de una plataforma que permite introducir las calificaciones estudiantiles de manera rápida y sencilla.

P: En su informe ‘El futuro de la Inteligencia Artificial en la educación en América Latina’ además de hablar sobre esta tecnología, incide en cómo les afectó la Covid-19 a los estudiantes iberoamericanos. ¿Por qué les ha costado/está costando más recuperarse?

R: La pandemia tuvo un gravísimo impacto en Iberoamérica, quizás mucho mayor que en otras regiones del mundo: más de 180 millones de estudiantes quedaron confinados en sus hogares y, de ellos, más de la mitad sin posibilidad alguna de tener acceso a una educación virtual por la falta de conexión a Internet y dispositivos. El retorno a la presencialidad ha sido lento y muchas veces con infraestructuras dañadas por el abandono y, en ese contexto, se apreció un fuerte impacto de la tecnología y digitalización que obligó a procesos de adaptación no siempre exitosos. Por otra parte, quiero destacar que el tiempo de desescolarización en América Latina ha sido el mayor del mundo, un promedio de dos años, lo cual, si se junta con las graves diferencias existentes, arrojan unos efectos muy negativos que costará superar.

Hay que limitar los dispositivos digitales de uso personal en las escuelas”

Mariano Jabonero

P: ¿Cómo se puede aprovechar la IA para superar las barreras que existen en los procesos de enseñanza y aprendizaje?

Los tutores virtuales basados en la IA pueden ayudar al alumnado con retraso o problemas de aprendizaje y hacer un seguimiento de sus avances, así como predicciones de sus progresos. Es previsible que la IA libere a los docentes de tareas administrativas o burocráticas; mejore la analítica de datos; y haga más dinámicos y flexibles los contenidos educativos y de evaluación. Así, el profesorado se adaptará rápidamente según las necesidades de los estudiantes o sus competencias lingüísticas, lo cual es muy importante en una región que, además de dos lenguas oficiales, cuenta con cientos de lenguas originarias. Y la IA, como ya está ocurriendo, es capaz de predecir con tiempo el riesgo de abandono del alumnado

“La tecnología no debe excluir nuestras lenguas ni limitarse a traducciones de mala calidad”

Mariano Jabonero

P: ¿Cómo abordaría los posibles riesgos éticos asociados al uso de esta tecnología en las aulas?

R: Recientemente, la profesora Ruha Benjamin, de la Universidad de Princeton, reivindicaba la necesidad de que se nos dé más tiempo para reflexionar sobre esta cuestión: el ritmo de los avances es imparable y quizás sea necesario pausar la incorporación de la IA a la educación hasta que tengamos seguridad. En cualquier caso, el uso de la IA debe ir acompañada de información muy clara; de la protección de los derechos de la infancia; y que su aplicación en este ámbito tiene como única finalidad el desarrollo integral de la personalidad y formar buenos ciudadanos, no ser un servicio comercial más. En Iberoamérica corremos, por otro lado, un riesgo lingüístico con la posible hegemonía del inglés; la tecnología no puede excluir nuestras lenguas o quedar en traducciones de robot de mala calidad como ha venido ocurriendo.

P: En Europa ha surgido una corriente en contra del uso de las pantallas en las aulas. ¿Qué opina sobre el debate que se ha generado? ¿El debate de pantallas sí o no en las aulas se ha planteado en Iberoamérica?

R: Es un debate muy asociado a los distintos niveles de renta y de conectividad que varían entre ambas regiones. Las condiciones socioeconómicas pesan mucho en esos análisis como, por ejemplo, quienes califican a los libros de texto como un recurso didáctico estático y del pasado, y no tiene en cuenta que es el único posible en las miles de escuelas que no tienen conectividad y sus docentes tienen escasa formación. En cualquier caso, hay que limitar el uso de los dispositivos digitales de uso personal en las escuelas y que su utilización quede supeditada a la decisión del docente para un uso educativo concreto. Fuera del centro, es responsabilidad de los padres limitar y controlar este uso: un menor que entra en Internet queda expuesto, como lo estaría caminando solo a media noche por alguna de nuestras ciudades.