¿Qué es el control parental?. El escritor y conferenciante norteamericano Marc Prensky acuñó en 2001 el término nativos digitales para referirse a las generaciones que desde edades muy tempranas viven rodeadas de tecnología e interactúan con ella: ordenadores de sobremesa, portátiles, smartphones, consolas de videojuegos, tabletas…
Los nativos digitales han incorporado estos dispositivos en su día a día con una asombrosa naturalidad y lo habitual es que estén ‘conectados’ al entorno que les rodea. Estudios recientes de organismos como UNICEF muestran que el acceso al primer dispositivo con conexión a Internet se produce cada vez a edades más tempranas y que hasta un 41% de los menores tienen smartphone propio en torno a los 10 años. ¿Cómo valorar este contacto tan temprano con las TIC? En palabras de Marta Bermejo, psicóloga y directora técnica del centro de psicología Psicomaster: “Es una situación peligrosa, ya que no disponen del grado de madurez necesario para hacer un buen uso de ellos”.
Fomentar una mayor conciencia
La cuestión surge, por tanto, a la hora de garantizarles una navegación segura, tanto en casa como en el centro escolar. Es aquí donde aparecen los programas de control parental, herramientas que facilitan el control de acceso y contenidos a la Red por parte de los menores. “Es importante que los padres se conciencien sobre su utilización por los riesgos que conlleva: ciberacoso, peligro de adicción, baja tolerancia a la frustración, búsqueda de sensaciones y de identidad propia…”, asegura Óscar González de Escuela de Padres con Talento.

Aun así, los últimos informes sobre bienestar digital en la infancia y la adolescencia reflejan que el acompañamiento adulto continúa siendo una asignatura pendiente: muchos menores siguen navegando sin supervisión habitual o con escasas normas de uso, pese al aumento de los riesgos asociados al entorno digital. “Gastamos una gran cantidad de dinero en programas antivirus para mantener nuestro ordenador limpio, pero nos cuesta ver la utilidad y la necesidad de invertir en una buena herramienta que nos ayude en la supervisión de lo que nuestros menores hacen en la Red”, sentencia Bermejo. En este sentido, la función de los progenitores no sería la de espiarlos, sino supervisar. “La clave la tenemos más allá de las herramientas: confianza y comunicación. Hay que educar desde los primeros años y más allá de las nuevas tecnologías”, añade.
Redes sociales y móviles
Dos de las principales preocupaciones que se manifiestan al hablar de menores e Internet están relacionadas con las redes sociales y el uso de los teléfonos móviles. En el primero de los casos, la mayoría de plataformas establecen los 13 años como edad mínima para crear una cuenta según sus condiciones de uso, mientras que en España el consentimiento para el tratamiento de datos personales en servicios digitales se sitúa en los 14 años. Aun así, el Gobierno ha iniciado la tramitación de una normativa para elevar esa edad hasta los 16 años con el objetivo de reforzar la protección de los menores en el entorno digital. En el segundo, varias investigaciones afirman que estos empiezan a utilizar su primer terminal entre los 9 y los 12 años. “Como la función de estos programas es la de proteger, deberían emplearse hasta que el niño adquiera un nivel de responsabilidad y madurez que permita retirar cierto control”, sostiene González.

Por su parte, Bermejo se lamenta que “iniciamos a los hijos en el uso del móvil a edades muy tempranas creandoles esa necesidad”. Así, y en muchas ocasiones, el único control que ejercen las familias es el del gasto y desconocen el verdadero uso que hacen de él .
Funcionalidades del control parental
A la hora de utilizar un programa de control parental no basta con instalarlo en el dispositivo en cuestión (ordenadores, móviles o tabletas) y olvidarse de él; hay que dedicarle tiempo si queremos que sea efectivo. En líneas generales, este tipo de soluciones incluyen funcionalidades de filtrado de páginas web inapropiadas para su edad en función de temáticas o tipos de contenidos; establecimiento de unos horarios para conectarse; o tiempo máximo que pueden permanecer conectados.

Algunas de ellas incluso disponen de control de aplicaciones (por ejemplo redes sociales o programas de mensajería), geolocalización, bloqueo de llamadas, función de supervisión de búsquedas o servicios de notificaciones y monitorización para consultar cuál ha sido la actividad de estudiante durante el tiempo que ha permanecido conectado. “El control parental ayuda a poner un límite importante, pero no tiene que ser el único. Debe haber otros como el diálogo familiar, potenciar aficiones y actividades sociales….”, sugiere González.
El establecimiento de estos límites es importante porque. en caso contrario, los riesgos a los que se enfrentan los escolares serían aún mayores como, por ejemplo, cambios que podrían afectar a su manera de ser, horarios de sueño, tendencia al aislamiento, un descenso notable en el rendimiento académico… “Siempre destaco que necesitan que les guiemos y acompañemos por las calles y parques de Internet, en ese mundo virtual que tiene tantos o más peligros que el real: sexting, grooming o ciberbullying. Son problemas que debemos abordar desde la supervisión, acompañamiento y orientación por nuestra parte”, concluye Bermejo.
Errores más comunes a la hora de usar el control parental
Aunque el control parental es un gran aliado para que los menores naveguen y se muevan en entornos digitales con mayor seguridad, su eficacia depende de cómo se utilice. Estos son algunos de los errores más habituales.
Pensar que sustituye a la educación digital
Los expertos coinciden en que estas herramientas ayudan a limitar determinados contenidos o funciones, pero no reemplazan las conversaciones sobre privacidad, redes sociales, ciberacoso o uso responsable de la tecnología: el diálogo siempre será la mejor herramienta de prevención.
Configurarlo una vez y no revisarlo
Las necesidades digitales cambian a medida que los menores crecen. Por eso, conviene actualizar periódicamente las restricciones, revisar los horarios de uso y adaptar los filtros en función de la edad y madurez de cada menor.
Aplicar las mismas restricciones a todos los menores
No todos utilizan Internet de la misma manera: algunos necesitan mayor supervisión y otros requieren de más margen de autonomía. En todos los casos debe acompañarse de normas claras y, siempre que sea posible, consensuadas.
Limitar solo el tiempo de pantalla
Reducir las horas de uso es importante, pero también controlar qué aplicaciones utilizan, con quién interactúan, qué contenidos consumen, si realizan compras dentro de juegos y aplicaciones…
No explicar el motivo de las restricciones
Si los menores comprenden que el control parental busca protegerlos y no vigilarlos o ‘espiarlos’, suelen aceptar mejor estas medidas y participar de forma más activa en el establecimiento de hábitos digitales saludables.
¿Qué plataformas y herramientas tienen ya su propio control parental?
Hace unos meses se aprobó la Ley para la protección de las personas menores de edad en los entornos digitales y, entre otras cuestiones, exige a los fabricantes de dispositivos digitales que integren de fábrica una función de control parental gratuita y accesible que podrá configurarse la primera vez que se encienda el móvil, la tablet, el ordenador o el televisor inteligente. Aunque todavía no ha entrado en vigor, lo cierto es que cada vez son más los dispositivos y servicios que incorporan estas herramientas sin necesidad de instalar aplicaciones adicionales.
Por ejemplo, en el caso de los móviles es posible contar de manera gratuita con las funciones de control parental que ofrecen sus sistemas operativos: Family Link de Google permite gestionar el tiempo de uso, bloquear aplicaciones o conocer la ubicación de los dispositivos Android de los menores desde el smartphone de sus padres o tutores legales; mientras que los iPhone y los iPad de Apple incluyen de serie las soluciones Tiempo de uso y En Familia de iOS para restringir contenidos por edades, impedir compras en la App Store, gestionar todos los dispositivos de la familia desde una única cuenta…
Además, las principales redes sociales también incorporan funciones específicas para facilitar la gestión familiar y limitar el uso, las búsquedas o sugerencias de cuentas que les llegan a los menores: TikTok dispone de la herramienta Sincronización familiar, Instagram ofrece un sistema de supervisión parental para cuentas de adolescentes, mientras que YouTube cuenta con YouTube Kids y experiencias supervisadas adaptadas a distintas edades.
Por otra parte, plataformas como Netflix, Prime Video o Disney+ permiten crear perfiles infantiles con contenidos adaptados a estos usuarios, así como establecer clasificaciones por edades o bloquear títulos concretos mediante un PIN. Incluso videoconsolas como Nintendo Switch, PlayStation y Xbox disponen de herramientas y aplicaciones para controlar el tiempo de juego, limitar las compras o restringir la comunicación con otros usuarios.