Hace unos años parecía que la incorporación de las TIC a la educación iba a solucionar todos los males de la escuela. Ahora, algunos expertos señalan que su prohibición es la que lo conseguirá. ¿Cómo ha sido posible este paso de un extremo a otro? 

Para comenzar hay que reconocer que durante la época de auge de las TIC se han cometido enormes abusos; abusos de los que la investigación en tecnología educativa y la pedagogía llevan advirtiendo muchos años y que fundamentalmente tienen que ver con tres cuestiones: el frecuente e interesado malentendido de que la innovación está en las herramientas; el negocio, que derivado de esto, muchas empresas han realizado aprovechando esa ‘ilusión proTIC’ en la que todos nos hallábamos inmersos; y, por último que, siendo realistas, muchas de las ‘innovaciones’ que han traído las TIC han consistido en hacer lo mismo de siempre pero con algún soporte tecnológico nuevo.

Dicho esto, cuesta comprender el giro hacia el negacionismo digital que, en tan poco tiempo, ha tomado parte de la sociedad y la educación, sin entender el momento en el que nos hallamos tanto histórico como social y en el que existe una clara polarización entre ideas progresistas y conservadoras. Es en estas últimas en las que existe una reclamación de una vuelta a los valores tradicionales, y es aquí donde las TIC representan uno de los ejes principales de estos discursos como anteposición. Un ejemplo: la forma con la que la juventud se le cuestiona sus modos de vida por ‘pasar todo el día’ en Instagram.

La ‘desdigitalización’ y la escuela tradicional

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Sólo así se entiende que se hable de la necesidad de ‘desdigitalización’ como receta para volver a una escuela tradicional que nunca se ha ido (salvando algunas excepciones) y es aquí donde si indagamos en las noticias, más allá de los titulares, empezamos a ver los agujeros de esos discursos. Resulta, por ejemplo, que la ‘digitalización’ de las escuelas en Suecia que ahora se detiene había consistido en sustituir libros de texto por libros digitales, o que la prohibición de los teléfonos móviles anunciada a bombo y platillo finalmente va a depender de lo que decida cada centro (como si esto no debiera ser así para todo).

Y así, a través de ‘clickbait’ se alimenta y se construyen discursos que evocan un marco mental en el que la tecnología es el principal enemigo. Como si el papel y el lápiz o la imprenta misma no hubieran sido en su día una nueva tecnología a la que ahora se reclama volver. Aquí siempre me acuerdo de las palabras de Sócrates que recogía Mariano Fernández Enguita en el diario El País: “Es bien conocido el rechazo de la escritura por Sócrates, que explica Platón en Fedro: devaluará la memoria y dará una mera apariencia de sabiduría. Sobra razón a quienes ven ahí el primer caso de rechazo de una tecnología de la información y la comunicación (la escritura) por un educador que ha aprendido y ejercido en otra (la lengua hablada)”.

Negacionismo Digital Educación

A esto se suma una perspectiva muy concreta de investigación que tampoco está ayudando (es importante resaltar que existen investigaciones con resultados contrarios); una perspectiva a la que se le olvida mencionar de forma sistemática que es un punto de vista del funcionamiento cognitivo de la educación y de la investigación. Y es a través de ella que se da munición al discurso negacionista: que escribir a mano es mejor para el cerebro y para el desarrollo cognitivo, que los estudiantes que leen en papel sacan mejores resultados en PISA, que las pantallas causan miopía… Sin embargo, cuando se profundiza en estas investigaciones descubres que, o los titulares han deformado sus resultados, o que la forma de llevarlas a cabo sitúa su sesgo en lo que yo llamo ‘investigaciones en la campana de cristal’: es decir, que eliminan del problema objeto de estudio todas las capas de complejidad necesarias para poder estudiarlo mediante un experimento, simplificando y reduciendo el problema de investigación y desde ahí atribuyen al medio a través del que se lee, cuestiones que pueden explicarse en función del ‘capital cultural’ de las familias.

“La innovación no está en las herramientas, sino en cómo las usemos”

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También existe un problema que acompaña a la escuela desde tiempos inmemoriales y que enfrenta dos posturas: la que piensa que la escuela debe ser un lugar alejado de la vida cuya única misión es entrar en contacto con el conocimiento elevado, supuestamente transformador ‘per se’, y la que plantea que la escuela es el espacio para reconstruir a través de conocimiento riguroso las experiencias vitales del alumnado. El dilema en este caso es muy concreto: si los estudiantes ya usan la tecnología en su vida diaria, ¿cuál es mi función como docente? ¿Trabajar en la escuela cómo debe usarse esta tecnología de la manera más educativa y crítica posible o alejarla y apartarla para que no tenga ningún espacio en la escuela permitiendo que ellos la aprendan a usar de forma totalmente acrítica?

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Frente a toda esta discusión, la tecnología educativa, la pedagogía y algunos de forma especialmente reiterativa llevamos años diciendo que “la innovación no está en las herramientas, sino en cómo las usemos” y que a esto es a lo que deberíamos dedicar tiempo de reflexión los docentes. Teniendo en cuenta que un ordenador conectado a internet es probablemente la herramienta más potente que haya tenido jamás el ser humano para aprender y que un móvil en el aula nos permite consultar internet, escribir, hacer fotos, grabar vídeos, interactuar con gente no presente… ¿La solución es prohibirlos o trabajar con ellos? Igual el problema es que ‘mi clase’ como esquema inamovible no encaja (incluso choca frontalmente) con las posibilidades que permiten estas herramientas y, claro, entonces deben ser nefastas. 

Manuel Fernández Navas estará presente en la próxima edición de SIMO EDUCACIÓN, que se celebrará el 14, 15 y 16 de noviembre en IFEMA (Madrid), con la conferencia ‘Nuevas tecnologías en educación: más allá del negacionismo y la utopía’.