Hace unos días escribí un tuit expresando una vivencia. No aspiraba el tuit a elevarse a categoría. Solo quería narrar, de forma subjetiva, la hostilidad que vi despertarse en otra gente docente conforme trataba yo de innovar en mi aula.

Pero tuvo el tuit más de 1.500 ‘me gusta’. Eso sí lo convierte en categoría; en una cargada de pena. Eran 1.500 ‘me gusta’ empatizando con la historia, sumando cada cual su propio dolor, algunos de manera muy explícita.

El profesorado innovador sufre a causa de otro profesorado que rechaza la innovación

Tanta coincidencia es clara expresión de que el profesorado innovador sufre a causa de otro profesorado que rechaza la innovación. Es más: no me cabe duda de que este es solo uno de los múltiples daños que la gente docente se causa entre sí.

Efectivamente, hay mal rollo en educación. ¡Claro! Hay mal rollo en el mundo y, por tanto en educación. No seamos ingenuos. Sabemos que las tendencias políticas entran en los claustros y dirigen muchas filias y fobias. Es así. La educación es mucho más reflejo de la sociedad que motor de la sociedad. La polarización, la prevalencia de los mensajes extremos que llaman a filas a los propios contra los ajenos aprovechando lo que sea, se ha apoderado también de ella. Algunas reacciones ante el hilo, y mis reacciones ante esas reacciones, lo evidencian.

Ahora hay que decidir si el sistema educativo se somete a esa bronca o la afronta y confronta. Ahora hay que decidir si existe gente docente que quiere ser parte de un cambio climático. Un cambio que arrincone a quien prefiere lío en todo que logro en algo; y que aune a quien opina distinto pero acepta que el respeto a las personas es un valor supremo.

No sólo eso. Me gustaría mucho que la educación tomara su venganza demostrando que se puede alcanzar esa victoria, que le preste esa esperanza a una sociedad manifiestamente mejorable.

Educación innovadora a debate

En educación tiene que haber debate, claro que sí. Como actividad humana refleja diversidad de valores. Y como no tiene, todavía, una teoría científica completa y contrastada que la abarque, cabe el debate, por supuesto.

La educación necesita un código deontológico que afee conductas feas. Y que ayude a tomar conciencia de ellas

Pero no cualquier debate.

La educación necesita un código deontológico que afee conductas feas. Y que ayude a tomar conciencia de ellas (mucha gente llama daño a lo que le hacen, pero no lo llama daño cuando lo hace).

El camino es claro: definir malas prácticas y dejar que el debate transcurra. Y, así, descubrir más malas prácticas que sumar a la lista. Actuar lo mejor posible, creciendo conforme actuamos. ¿No somos docentes? Deberíamos amar el aprendizaje, y el nuestro más. Deberíamos amar aprender a respetarnos mientras confrontamos.

¿Cambiamos el clima? ¿Mostramos que se puede? ¿Creamos esperanza? ¿Lo hacemos juntos?