Cómo gestionar la nueva normalidad con adolescentes

La pandemia ha cambiado los esquemas de toda la población. En el caso de los adolescentes, las medidas sanitarias y de distanciamiento social pueden provocar ciertos conflictos, ya que el apego con sus amistades es más intenso en esta etapa vital. Ana Ciruelos y Natalia Guijarro, psicólogas de ‘The English Montessori School’, ofrecen algunas claves para gestionar con los jóvenes esta situación.

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adolescentes nueva normalidad

En la etapa de la adolescencia, por norma general, a los jóvenes les cuesta asumir las normas impuestas y suelen cuestionar las decisiones. Sin embargo, también es un momento en el que podemos mantener conversaciones más adultas y compartir información de una manera más enriquecedora.

La necesidad del grupo social, la limitación de todos aquellos ‘privilegios’ que habían ganado con la edad, pueden llevarlos a un ‘permanente estado de enfado’. En esta etapa se hace esencial la escucha activa, sin juzgar. Es importante que se sientan escuchados y valorados, que participen en las decisiones familiares. Hay que aceptarles tal y como son y ayudarles en la toma de decisiones, intentar aconsejarles pero no abusar de la imposición. Hay que mostrarles afecto, pero al mismo tiempo fijarles normas y límites claros. Hacerles sentir que son importantes para su familia y que puede contar con su ayuda.

La nueva normalidad con adolescentes en casa

Durante estas edades hay que hablar con ellos sobre sus sentimientos, interesarse en su día a día, vigilar los cambios de humor o comportamiento y no menospreciar sus problemas, ya que para ellos son importantes.

adolescentes Cómo gestionar la nueva normalidad

No obstante y en la situación actual, para las familias puede ser un desafío lograr que sus hijos cumplan el distanciamiento social. Por ello, es necesario transmitirles la idea de que no se trata tanto de ellos sino de que cualquier persona puede contagiarse y ser portadora, siendo posible el contagio a otras personas más vulnerables. Por ello, resulta conveniente:

  • Compartir información sobre la nueva situación. Probablemente, ellos sepan incluso más que nosotros.
  • Respetar aquellos momentos en los que deseen estar solos, darles su espacio y su tiempo, pero con cuidado de que no se aislen.
  • Establecer conversaciones periódicas con los jóvenes, interesándonos por cómo se sienten y preguntándoles directamente acerca de sus preocupaciones y necesidades actuales.
  • Invitarles a nuevos espacios de reunión familiar, pero sin obligarles. Es conveniente disponer de un momento para hablar o simplemente para estar todos en familia.
  • En esta etapa los amigos son muy importantes, los vínculos que establecen con sus compañeros son uno de los aspectos fundamentales de su desarrollo personal y social. Ahora que ese contacto se ha reducido, debemos ser algo más flexibles en cuanto al uso de móviles y nuevas tecnologías, pero estableciendo siempre unos horarios y unas normas de uso.
  • Interesarnos por sus hobbies resulta una buena ocasión para conocer sus gustos y participar en ellos.

La comunicación: clave para mantener una buena relación

A la hora de prevenir conductas de riesgo en adolescentes, la familia es clave. Es fundamental una comunicación continua y frecuente con ellos, practicando la escucha activa, no abusando de los imperativos y órdenes, y negociando con ellos. Hacer uso del ‘estar’ en lugar del ‘ser’. Por ejemplo, se puede cambiar el siguiente mensaje: ‘eres un desordenado’ por ‘la habitación está desordenada’. No debemos etiquetar ni comparar.

Cómo gestionar la nueva normalidad

Ahora, al estar más tiempo en casa y utilizar las redes sociales como la principal vía de comunicación con los amigos, es importante estar atentos al tiempo diario que dedican a jugar a videojuegos o al uso del móvil, ya que pueden engancharse más fácilmente que en otros momentos. Limitar el tiempo de uso de los aparatos electrónicos y un control parental en los dispositivos son cuestiones fundamentales que las familias deben tener en cuenta. 

En definitiva, no se trata de imponer sino de pactar y acordar con ellos un uso razonable. Tampoco es cuestión de entrar en su intimidad, puesto que poco a poco se van convirtiendo en adultos y hay que respetar su espacio, además de depositar la confianza suficiente para que sean personas autónomas.

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