La primera experiencia que recuerdo con el cine se remonta a mis años de estudios primarios. Un antiguo alumno de mi colegio trajo un proyector de 16 mm y vimos en la clase ‘El maquinista de La General’ (1926), película muda del maravilloso cómico Buster Keaton. Fue la primera vez que me di cuenta de que el cine nos enseñaba la realidad de una forma diferente, que podíamos entender cómo se comportan las personas y los objetos en el contexto que provocaba un tren de vapor en una guerra. Desde ese momento el cine me ha acompañado como una herramienta para contemplar lo que me rodea, como un instrumento de conocimiento.

Sabemos que, desde los orígenes de la imagen en movimiento, surgió la pregunta en relación a la existencia de un cine educativo. Este nuevo medio permitía ver con precisión el vuelo de un pájaro, el crecimiento de una flor o revertir el sentido del movimiento en las acciones del ser humano. Un medio que nos daba una nueva forma de mirar el mundo, que a veces se acercaba a la ciencia y otras a la magia.

Este nuevo poder de reflejar la realidad se vio como una posibilidad para explicar lo que nos rodeaba, como una herramienta educativa. Así por ejemplo aparecieron los primeros documentales, como ‘Nanuk, el Esquimal’ (1922), el cual permitió conocer la realidad del pueblo Inuit al resto del planeta. Al mismo tiempo, el cine se debatió entre ser un medio para el conocimiento o para el entretenimiento.

Nanuk
Fotograma de ‘Nanuk, el esquimal’ (Robert Flaherty, 1922)

El cine como herramienta didáctica

En la actualidad, las familias y los docentes se han visto desbordados por este paso de la imagen en movimiento en un cine a las pantallas como dispositivos de uso cotidiano.  Sin embargo, también ha colocado al séptimo arte y sus películas en un espacio más valorado y del que no se cuestiona su interés artístico y ético. Esta posición del cine  nos hace reflexionar sobre el significado de la educación dentro de este medio, el cual puede responder a diferentes inquietudes.

Algo en lo que podemos estar todos de acuerdo es en que el séptimo arte refleja los conocimientos a los cuales ha llegado el ser humano, que nos descubre mundos desconocidos reales (‘Campeones’) o de ficción (‘Avatar’), que se presenta como modelo de comportamientos y que nos ayuda a ver el mundo con una sensibilidad nueva. En este sentido podríamos decir que la experiencia cinematográfica es una práctica educativa. El cine, por lo tanto, educa, pero cómo y dónde educa.

Podemos pensar en si esta educación se debe dar fuera o dentro de la escuela. En este sentido, vemos que las instituciones pedagógicas introducen el cine, si lo hacen, de manera planificada. Muy diferente es cómo aparece el cine fuera del espacio educativo, normalmente dentro de modos de hacer construidos desde la industria mainstream, que no siempre tienen como intención entretenernos enriqueciendo nuestra mirada sobre el mundo, sino que en muchos casos la empobrece. Y aquí aparece la necesidad de cómo educar en este medio, de cómo hacer que el cine y sus películas nos acompañen en la vida  de una manera fértil.

Preguntando en una clase de 1º de Comunicación Audiovisual sobre obras de directores Importantes para la historia del cine (Orson Welles, Buñuel, Hitchcock, Rossellini o Bergman), descubrí que no habían tenido ningún contacto con estas películas fuera de un esfuerzo autodidacta. Si queremos que las nuevas generaciones tengan una relación profunda con el este arte, debemos introducirlo desde una postura alfabetizadora, donde el cine es una herramienta cotidiana de aprendizaje y entendimiento de lo que nos rodea, no un mero objeto de consumo.

Así, podemos distinguir que no es lo mismo educación con el cine que la educación del cine. Las didácticas que se pueden plantear desde estas perspectivas son muy diferentes.

En ocasiones el cine se usa como un apoyo ilustrativo de un tema, si estamos trabajando en historia el Imperio Romano vemos ‘Ben-Hur’ o ‘Gladiator’, pero quizá el cine deba ser entendido en nuestra sociedad como la lengua y la literatura, un ámbito que necesitamos dominar para conocernos como especie. De este modo, el tiempo de la escuela o del instituto se hace un momento muy preciado en el que sería bueno acertar en las elecciones y en el acercamiento hacia las películas.

Los hermanos Lumière

Por todo esto, me gustaría esbozar un acercamiento consciente y crítico dentro de un ejemplo.  En una película es interesante lo que cuenta, lo que nos transmite del mundo, pero también reconocer el rastro de cómo se ha creado. Si elegimos para empezar los orígenes del cine, podríamos partir de que la creación cinematográfica siempre es una elección.

La fecha que se da por los historiadores como inicio del cine es el 28 de diciembre de 1895. Se decide a partir de la primera exhibición pública que hicieron los hermanos Lumière. Se cuenta que, en una de estas primeras proyecciones, la gente se apartó al ver un tren en movimiento, pensando que les iba a arrollar. El relato de este hecho sí que explica cómo el cine parte de un desarrollo tecnológico, que tiene una parte de educación de la sensibilidad, que está inmerso en la sociedad e influye en la forma de ver el mundo.

Lumiere
Fotograma del plano del tren rodado con la cámara Lumière.

En el caso de los hermanos Lumière, tenían poco menos de un minuto para rodar una acción, la cámara estaba fija, el encuadre era un espacio no cambiante, no existía sonido y la película era en blanco y negro. Desde este marco, como el de un cuadro, lo que sí podían elegir eran las acciones y el contexto que querían mostrar. A partir de este reconocimiento, parece lógico que, cuando se vean algunos planos Lumière, el espectador entienda su significado y pueda incluso imitar sus prácticas en una suerte de emulación de sus condiciones creativas. Esto nos daría un experiencia cinematográfica completa, ya que la creación es indispensable para entender un arte.

El cine siempre educa, pero no siempre en el sentido que nos gustaría. En ocasiones, las películas espectacularizan la violencia, banalizan la sexualidad o naturalizan la marginación. Por eso un acercamiento consciente nos facilitaría la labor educativa del cine. Al mismo tiempo, si los creadores realizan obras que intenten explicar lo que nos rodea y los comportamientos del ser humano en una idea de la creación de un mundo mejor, haciendo películas desde la ficción más imaginativa al documental más naturalista, sus obras formarán parte de nuestra educación más enriquecedora.