Curar contenidos para personalizar el aprendizaje

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curación de contenidos

La abundante información que ofrece Internet requiere que los estudiantes aprendan técnicas de filtrado, selección y organización. Esto es lo que se conoce como curación de contenidos. Un informe de la Universidad de Guadalajara (México), publicado en su revista educativa Apertura, analiza esta técnica y explica por qué es recomendable aplicarla en el aula.

La curación de contenidos ofrece múltiples beneficios en el entorno educativo. Por ejemplo, favorece el aprendizaje colaborativo y permite que los alumnos desarrollen su capacidad para estructurar la información y comprender temas complejos.

Aprendizaje personalizado

Tal y como subraya el informe de la Universidad de Guadajalara, también fomenta una educación centrada en el alumno. En este sentido, frente a un enfoque tradicional sustentado en la memorización de contenidos, el entrenamiento de las habilidades de curación de contenidos permite personalizar su aprendizaje: cuando realizan una búsqueda en Internet son ellos los que seleccionan, filtran, organizan y distribuyen la información obtenida y no los buscadores.

“La curación es una nueva forma de buscar y genera conocimiento de mejor manera que los buscadores. Además, permite identificar, crear y sondear caminos de aprendizaje”, subraya Robin Good, ‘influencer’ especializado en esta tendencia.

Facilita la creación de recursos abiertos

Además, curar contenidos posibilita tanto a los docentes como a su alumnado la creación de recursos educativos personalizados para cada materia que incluyan fuentes de información fiables y estén adecuadamente estructurados.

curación de contenidosNo obstante, tal y como señala Good, “la curación resignifica la verdad como un factor relativo”. Así, una de los rasgos que define la curación de contenidos es, precisamente, la subjetividad a la hora de efectuar las acciones de selección y filtrado.

Desarrolla la inteligencia colectiva

Los procesos implicados en la curación de contenidos también incentivan el espíritu crítico de los estudiantes. Así, pueden surgir debates sobre qué fuente es más fiable, cómo se debe estructurar un contenido para facilitar su comprensión o de qué manera será más sencillo difundirlo.

De esta forma, se incentiva no solo el desarrollo de la inteligencia colectiva sino el desarrollo de habilidades deductivas y la puesta en práctica del aprendizaje colaborativo. “Este ambiente de colaboración permite a los estudiantes y a la comunidad en su conjunto, conversar, compartir conocimientos y ayudarse mutuamente a lograr una mejor comprensión del tema que se discute”, afirma también David Tuffley, profesor titular de Ética Aplicada de Griffith University (Australia).

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