La historia de la literatura está mayoritariamente escrita por y para hombres. Hasta bien entrado el siglo XX ha sido un territorio prácticamente vedado a la mujer. 

Dicho de otro modo: la literatura hecha por mujeres ha sido casi residual y anecdótica hasta los albores del pasado siglo. Incluso hoy día y, a pesar de que el lector de libros en España es actualmente una mujer mayor de 55 años con estudios universitarios, todavía hay cifras que muestran un destacado desequilibrio, como que sólo el 30% de las obras que se publican en nuestro país son escritas por mujeres. 

Y lo curioso es que el primer autor que firma un texto con su propio nombre es una mujer, como señala Irene Vallejo en su ensayo ‘El infinito en un junco’: “Mil quinientos años antes de Homero, Enheduanna, poeta y sacerdotisa, escribió un conjunto de himnos cuyos ecos resuenan todavía en los Salmos de la Biblia”. Precisamente, Vallejo apunta que la poeta Safo es la única presencia femenina en el canon literario griego: “La palabra pública pertenecía solo a los hombres. El territorio de la política, la oratoria y, en gran medida, la literatura eran sus dominios”. 


Opresión y olvido

Y, después, la oscuridad. Salvo contadísimas excepciones como Teresa de Jesús, María de Zayas o Sor Juana Inés de la Cruz en el caso de España, o Cristina de Pizán en Italia, no hay prácticamente rastro de mujeres en la literatura hasta el siglo XVIII, ni como escritoras ni como lectoras. “La única razón por la cual la presencia de las mujeres en cualquiera de los campos de la creación ha sido muchísimo menor que la de lo hombres es la misma por la cual la presencia de las mujeres ha sido muchísimo menor que la de los hombres en cualquier otra actividad pública, prestigiosa y capaz de proporcionar dinero: la opresión”, afirma la escritora Ángeles Caso en su obra ‘Las olvidadas. Una historia de mujeres creadoras’. A esta opresión, Caso añade otra consecuencia todavía más cruenta: el olvido. “Incluso las más exitosas, las más indiscutibles fueron rápidamente empujadas sin miramientos, apenas desaparecieron de la tierra, al limbo del silencio y la inexistencia”, afirma. 


Las cifras hablan por sí solas

En la actualidad, la situación ha mejorado mucho si la comparamos con la de hace tan sólo unas décadas atrás, pero todavía dista mucho de existir una igualdad real entre ambos géneros. Los datos que enumeró la periodista cultural Inés Martín Rodrigo (@imartinrodrigo) en un hilo de su cuenta de Twitter con motivo del Día de las Escritoras el pasado 19 de octubre no dejan lugar a dudas: 

“En España, el 30% de las novelas contemporáneas que se publican son obra de escritoras. 

Desde su creación, en 1901, el Nobel de Literatura ha premiado sólo a 16 mujeres, la última de ellas la poeta Louise Glück. 

El premio Cervantes, considerado el Nobel de la literatura en español, hasta la fecha tan solo ha sido otorgado a cinco mujeres (un 10% de los galardonados). 

Desde que se fundó la RAE en 1713 hasta hoy mismo han formado parte de ella un total de 486 académicos entre los que solo once han sido mujeres”. 

Y todo ello, como señala Martín Rodrigo, a pesar de que “en nuestro país, el 68,3% de mujeres lee libros en su tiempo libre frente al 56% de los hombres. El perfil del lector de libros en España es una mujer mayor de 55 años, con estudios universitarios y que vive en un área urbana”. 

Las siguientes obras analizan este fenómeno y dan un poco de luz a esta histórica injusticia literaria. 


Proscritas. Cinco escritoras que cambiaron el mundo

Lyndal Gordon realiza un completo recorrido biográfico por la vida de “cinco voces extraordinarias, cinco proscritas que levantaron su voz a lo largo del siglo XIX” y que tomaron la palabra en una sociedad que habría preferido que estuvieran calladas: Mary Shelley (“Prodigio”), Emily Bronté (“Visionaria”), George Eliot (“Rebelde”), Olive Schreiner (“Oradora”) y Virginia Woolf (“Exploradora”). A través de vínculos a veces dolorosos entre su vida y su obra, Gordon indaga en sus ambiguas relaciones familiares, en su deseo de educación (rara vez cumplido con la ayuda de sus padres), en su concepción del anonimato, en su posición frente a la jerarquía social, los hombres y el sexo, en su rechazo de los artificios de feminidad y en su indagación productiva en el silencio y la sombra. “Todas ellas fueron proscritas y marginadas durante su vida y, por muy doloroso que fuera, ese apartamiento de la sociedad les permitió dar rienda suelta a lo que deseaban decir”, apunta Gordon en el prólogo del libro. Para esta autora, especialista en literatura femenina, mirar atrás, recordar el camino que abrieron las pioneras, y de qué modo, siempre es útil para dar nuevos pasos. “Las palabras de estas cinco mujeres cambiaron nuestro mundo; y desde luego cambiaron el modo de entender la literatura. No solo las leemos: las escuchamos y vivimos con ellas”. 

Proscritas
  • Autora: Lindall Gordon 
  • Editorial: Alba

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Mujeres y libros. Una pasión con consecuencias

Para Bollman, editor y uno de los mayores especialistas en Thomas Mann, todo comenzó hace trescientos años. Hay que esperar al siglo XVIII para que la fiebre lectora llegue a las mujeres, a pesar de la burla de los hombres. Son lectoras que «leen para vivir de otra manera, o viven de otra manera y por eso leen. Y porque leen escriben», afirma la librera Lola Larumbe en su prólogo. La obra comienza en el siglo XVIII cuando comienza la fiebre de la lectura y llega a la época actual con la lectura como transgresión a través de libros como Cincuenta Sombras de Grey. Por el camino Jane Austen, Mary Shelley, Virginia Woolf, Susan Sontag o la mismísima Marilyn Monroe, gran lectora de James Joyce. 

Mujeres y libros. Una pasión con consecuencias
  • Autor: Stefan Bollman
  • Editorial: Seix Barral

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Una habitación compartida

Zadie Smith, Lorrie Moore, Siri Hustvedt, Julia Navarro, Rosa Montero, Margaret Atwood, Isabel Allende, Elena Poniatowska o Ida Vitale son solo algunas de las numerosas escritoras con las que la periodista cultural Inés Martín Rodrigo conversa sobre sus libros, lo que significa escribir para cada una de ellas o la relación entre literatura y sociedad. Gracias a estas charlas es posible descubrir las principales ideas de estas escritoras que tienen en común haber luchado por vivir y escribir bajo sus propias reglas, por derribar prejuicios y conquistar derechos en una sociedad en la que un porcentaje muy reducido de lectores hombres lee ficción escrita por mujeres. 

Una habitación compartida
  • Autora:  Inés Martín Rodrigo 
  • Editorial: Debate

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Cómo acabar con la escritura de las mujeres

La novelista y ensayista estadounidense expone en esta célebre obra publicada originalmente en 1983 las estrategias sutiles, y no tan sutiles, que la sociedad emplea para ignorar, condenar o menospreciar a las mujeres que producen literatura. Con un tono sarcástico e irreverente, Russ examina las fuerzas que sistemáticamente impiden un amplio reconocimiento del trabajo creativo de las mujeres. Exhaustiva sin ser aburrida y seria sin carecer de sentido del humor, esta edición cuenta con un nuevo prólogo de Jessa Crispin, autora de ‘Por qué no soy feminista: un manifiesto feminista’.

Cómo acabar con la escritura de las mujeres
  • Autora: Joanna Russ 
  • Editorial: Dos bigotes

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Una habitación propia

Una renovada edición del clásico de Virginia Woolf, revisada y prologada por Elena Medel y bellamente ilustrada por Sara Morante. Publicada originalmente hace casi un siglo, esta obra maestra se convertido en un clásico contemporáneo de la literatura feminista gracias a las nuevas generaciones de lectoras, que siguen encontrando en sus páginas un texto lúcido y de absoluta vigencia sobre muchas de las dificultades a las que todavía se enfrentan las mujeres hoy en día. En 1928, Virginia Woolf es invitada a dar una serie de charlas sobre las mujeres y la novela. Lejos de cualquier dogmatismo, planteó la cuestión desde un punto de vista realista y valiente. A la pregunta “¿Qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas?” solo cabía dar una respuesta: independencia económica y personal, es decir, una habitación propia. Hacía nueve años que se le había concedido el voto a la mujer y aún quedaba mucho camino por recorrer. 

Como señala Elena Medel en el prólogo de esta edición: “La cita suele reproducirse incompleta: ‘una mujer debe tener una habitación propia para escribir novelas’. Así la hemos leído siempre. […] Sin embargo, la cita real —completa— trasciende lo simbólico: ‘una mujer debe tener dinero y una habitación propia’. Ahora sabemos algo más, algo más importante: esa habitación en la que escribe la ha pagado la mujer. Con ese dinero la mujer paga ese cuarto, puede que también la casa en la que vive, la comida con la que se alimenta; no depende de nadie, y aquí ‘nadie’ significa ‘un hombre’: un marido o un padre o un hijo que asuma los gastos con los que mantener […] a una mujer que escribe”. 

Una habitación propia mujeres y literatura
  • Autora: Virginia Woolf 
  • Editorial: Seix Barral

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Las buenas chicas no leen novelas

Esta obra de la ensayista italiana y especialista en historia de la literatura tiene como objetivo liberar a las lectoras del yugo impuesto tras siglos en posiciones subalternas: “La relación entre libros y mujeres surgió de forma tardía, en el marco de una estructura de recepción preconcebida donde se las recibió con hostilidad”, apunta Serra. La lectura se convierte en una liberación de esta situación que nace del deseo, se manifiesta en el sexo y atraviesa el cuerpo de la literatura y el cuerpo de las mujeres. La lectura de las mujeres iniciada en el siglo XVIII inaugura así el aprendizaje hacia una conciencia plena y madura. Si para Rousseau, ninguna muchacha casta debía leer novelas (“jamás una virgen ha leído novelas”), Francesca Serra lo lleva más lejos, declarando a voz en grito que todas las jóvenes, antes de gozar del amor, deberían ser grandes lectoras. ¿Qué suerte habría corrido Emma Bovary si hubiera seguido su consejo?

Las chicas buenas no leen novelas mujeres y literatura
  • Autora: Francesca Serra 
  • Editorial: Península

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