Una vez terminado el contenido de los botes de conserva, hay dos opciones: reciclarlos en el contenedor de vidrio o convertirlos en diferentes objetos para decorar la casa. Si se opta por la segunda alternativa, puede convertirse además en una divertida actividad para hacer con los más pequeños de la casa. Alargados, pequeños, anchos… Todos los tamaños y diseños valen para realizar estas manualidades con botes de conversa que os proponemos a continuación. 

Un ‘arcoiris’ de sal de colores

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Reciclando uno de estos objetos se puede realizar una de las manualidades más conocidas en las que la sal es protagonista. El proceso es muy sencillo: con sal teñida con tiza de varios colores, los menores deberán de ir rellenando el tarro con diferentes capas. Tienen la posibilidad de combinar los colores que ellos quieran para personalizar su creación. Cuando el bote esté completamente lleno de sal, es hora de cerrarlo y decorar la tapa para darle un toque final. Importante: durante el proceso de creación, hay que evitar girar o mover demasiado el tarro para que no se mezclen las sales de colores. 

Bola de nieve

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Este objeto tan popular en invierno consiste en una bola de cristal rellena de agua y partículas blancas en cuyo interior se encuentra un objeto o una escena en miniatura que, cuando se agita, simula la sensación de que está nevando dentro de ella. Para crear una bola casera se necesita un tarro de cristal; una pequeña figura; purpurina de colores y pegamento. El primer paso es pegar el muñeco en la tapa del bote de cristal, intentando que quede lo más centrado posible. Después, se vierten la purpurina y el agua en el bote hasta que el líquido quede hasta el borde del objeto. Como paso final, hay que cerrar la tapa con fuerza y ¡a agitar la bola! 

Decoración al gusto con servilletas 

Con esta idea se obtienen botes de conserva personalizados en el que almacenar cualquier objeto que se desee. El primer paso es limpiar bien el bote y quitar las pegatinas. Después, se cubre la mitad con cinta de carrocero blanca y se pinta la parte que ha quedado libre con pintura acrílica del color que se desee. Mientras se deja secar, hay que escoger qué diseño de servilletas de papel adornarán el tarro. Una vez elegido, se recorta el contorno del dibujo de la servilleta con cuidado y se pega sobre el tarro utilizando una cola blanca diluida aplicándola con ayuda de un pincel. Y como toque final, hay que pintar la tapa del bote y añadir diferentes detalles como puntos de colores para darle un toque extra de personalidad. 

Farolillos de cristal con botes de conserva

Para dar un toque de luz al jardín o a cualquier espacio del hogar, se pueden combinar estos tarros de conserva con tapas y botellas de plástico de diferentes productos, fomentando así el reciclado de los objetos. Para comenzar hay que realizar, con ayuda de un adulto, unos agujeros en los dos extremos de la tapa del bote con un tornillo y un martillo. Después, recortar la parte superior de una botella de plástico y pegarla sobre la tapa. Una vez lista, hay que pegar sobre esta otro cuello de botellas de plástico y una tapa.

Para poder colgar el farol, hay que hacer los mismos agujeros que anteriormente se han hecho en la tapa, ahora sobre las capas de plástico pegadas e introducir por ellos un alambre. Después, se pega sobre una base de plástico y se pinta al gusto. Y, para conseguir la luminosidad, hay que introducir en su interior una vela y ¡listo!

Frasco de la calma con botes de conserva

Esta idea busca estimular los sentidos de los más pequeños y calmar su estrés y nerviosismo a través de una sencilla manualidad. Se comienza echando agua caliente en el interior del tarro hasta la mitad y, después, se añade una gota de colorante alimentario. Una vez que el agua ha cambiado de color, se vierte sobre ella pegamento y se mezcla todo bien. Tras esto, se echan dos cucharadas de purpurina brillante y se remueve la mezcla para que se adhiera todo bien. Se termina de rellenar todo el bote con agua y se cierra la tapa con fuerza para evitar que se salga. 

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Lucía García López

Periodista, redactora y feminista. Me gusta el cine, la música, el arte y la política. Aprendiendo día a día. Convencida de que la cultura es la mejor arma de transformación