¿Sabías que casi el 77% de los mayores de 19 años han mandado un ‘sext’ (un mensaje de texto, vídeo o imagen con contenido e intención sexualmente explícita) alguna vez? Estos datos, procedentes de una encuesta de Statista realizada en Estados Unidos entre los años 2000 y 2023, ponen de manifiesto una tendencia que se ha incrementado en los últimos años: el cibersexo y la cultura del ‘sexting’. 

El ‘sexting’ consiste en enviar mensajes sexualmente explícitos, normalmente a través de un smartphone, de manera intencionada. Además, en referencia a la legislación, hay que tener en cuenta que esta práctica es ilegal cuando el contenido online se difunde a terceros sin el consentimiento de ambas partes, porque atenta contra la intimidad de las personas. No obstante, crear este tipo de mensajes y compartirlos en un ámbito íntimo no se considera ilegal si hay dos partes que consienten y son mayores de edad.

Pero, ¿conoce la sociedad española lo que significa esta práctica? Según una encuesta elaborada por Cyberghost, el 39% de los encuestados considera que hay ‘sexting’ incluso si solamente es una de las personas involucradas quien envía mensajes explícitos. El 29% cree que, en caso de que sólo una de las partes envíe este tipo de mensajes, la otra debe estar interesada en recibirlos para que se considere ‘sexting’. Por otro lado, el 32% afirma que ambas personas deben enviar mensajes explícitos para que se lleve a cabo esta práctica. 

Sin embargo, un estudio de JAMA Pediatrics realizado en 2021 reveló que se ha vuelto más habitual entre adolescentes: al menos uno de cada cuatro reciben mensajes y correos electrónicos sexualmente explícitos; y uno de cada siete envía ‘sexts’. El problema, a parte de no tener edad legal para hacerlo, es que en algunas ocasiones este tipo de acciones deriva en prácticas como la ‘pornovenganza’.

‘Pornovenganza’: una práctica de ‘traición’ digital

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Aunque la mitad de los encuestados no conoce el término ‘pornografía de venganza’, ésta se refiere al hecho de compartir material sexual privado sin consentimiento con el objetivo de hacer daño; una práctica completamente ilegal.  Un 58% de las personas que participaron en la encuesta identifica la ‘pornovenganza’ con una expareja compartiendo contenido visual explícito sin consentimiento; un 46% lo cataloga como difundir este tipo de contenido, independientemente de si ha habido una relación sentimental; y el 31% considera que manipular una imagen o vídeo de contenido sexual, usando la cara de alguien en otro cuerpo, es ‘pornovenganza’.

Pornovenganza

En 2020, la Universidad de Durham llevó a cabo un estudio para entender la psicología detrás del uso no consensual de imágenes pornográficas, mostrando  que los delincuentes pueden estar motivados por la diversión, la gratificación sexual y la posibilidad de causar malestar a través de la humillación y la venganza. Los agresores pueden ser antiguas parejas de las víctimas que buscan represalias después de que la relación terminara, o individuos que quieren dominar y controlar a una persona. Algunos de los perpetradores también buscan beneficios económicos al distribuir este material.

Los efectos de la ‘pornovenganza’ en las víctimas

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Y es que este tipo de acciones tiene una repercusión psicológica y social muy importante en las víctimas, especialmente si son adolescentes o menores de edad al encontrarse en una situación más vulnerable. Algunos de los ámbitos en los que puede influir esta práctica son: 

  • Impacto psicológico. Las consecuencias emocionales y psicológicas de la ‘pornovenganza’ pueden ser devastadoras para las víctimas. La humillación pública puede llevar a sentimientos de vergüenza, culpabilidad y humillación, causando en muchas ocasiones aislamiento social y soledad. Además, el sentimiento de violación y traición puede derivar en diferentes problemas de salud mental. La ansiedad, depresión y el trastorno de estrés post-traumático (PTSD) son situaciones comunes entre las víctimas, causadas por la exposición involuntaria y el miedo a sufrir más daños. De hecho, en un estudio, la National Library of Medicine descubrió que las víctimas de ‘pornovenganza’ mostraban niveles de estrés continuados, con un diagnóstico de depresión y ansiedad. En los casos extremos, las emociones incontrolables pueden llevar a la autolesión o a pensamientos suicidas.
  • Daño a la imagen y reputación. Tomarse fotos o vídeos sin ropa es responsabilidad de cada persona, pero si se comparten online o se distribuyen a la familia, amigos, compañeros de trabajo o jefes sin consentimiento, podrían causar estragos en la vida personal y profesional de la víctima. Debido a que es extremadamente difícil eliminar por completo estas imágenes en la red, pueden continuar dañando la reputación de la víctima durante un largo periodo de tiempo y poniendo en riesgo sus oportunidades de recuperación. 
  • Extorsión y chantaje. La extorsión sexual (sextorsión) es una práctica maliciosa mediante la que el autor amenaza con difundir imágenes sexualmente explícitas o vídeos de la víctima, a no ser que cumplan con sus exigencias, que suelen incluir el pago de una cantidad significativa de dinero o llevar a cabo alguna acción en particular.

Qué hacer si se es víctima de la ‘pornovenganza’

Más de la mitad de los encuestados españoles (54%) no saben qué hacer si son víctimas de la ‘pornografía de venganza’. Los riesgos asociados al ‘sexting’ subrayan la necesidad de tener un sólido conocimiento en el entorno digital, medidas de prevención y comportamiento responsable cuando se practica. 

“Cada mensaje de texto, imagen o vídeo compartido online se envía a través de unos servidores web y sistemas de almacenamiento online. Desafortunadamente, todo aquello almacenado o alojado en la nube es susceptible de sufrir un hackeo, acceso no autorizado o difusión no consensuada. Una vez el contenido se ha compartido, eliminarlo es extremadamente difícil: no hay forma de rastrear dónde están los archivos y a quién se le han enviado, o quién los han compartido. La ‘pornografía de venganza’ se distribuye de manera anónima normalmente, haciendo casi imposible identificar al culpable”, explica Anna Adamska, contact creator de Cyberghost. 

Además, Adamska recalca que el riesgo de la difusión no consensual está presente incluso en las relaciones de confianza. Los desacuerdos personales, rupturas o intenciones maliciosas, pueden detonar la distribución de estas imágenes íntimas o mensajes en forma de ‘venganza’, muchas veces con consecuencias devastadoras para la víctima. Por ello, propone algunas cuestiones clave a la hora de actuar ante un posible caso de ‘pornovenganza’: 

  • Reunir pruebas. Es recomendable capturar imágenes de la pantalla en los sitios web o plataformas donde está alojado el contenido privado. Guardar las imágenes originales y/o ‘deepfakes’, solicitudes para que lo retiren, y cualquier comunicación con el implicado para defender el caso en el futuro.
  • Solicitar que lo retiren. Hay que dirigirse directamente a la web que aloja el contenido y exigir que se retire. Si bien no se pueden denunciar las redes sociales como Facebook, Instagram y X por el contenido generado por el usuario, tampoco permiten el uso de pornografía no consensual. Por ello, hay que denunciar su contenido en estas plataformas, conseguir que lo bloqueen, y exigir que las imágenes se retiren de las búsquedas de los navegadores como Google y Bing.
  • Conocer los derechos. Informarse sobre las leyes locales en cuanto a ‘pornovenganza’, difamación, infracción de copyright y violación de la privacidad. En España, la Policía Nacional pone a disposición del ciudadano un portal informativo sobre dónde y cómo interponer denuncias.
  • Incluir a las autoridades legislativas. Contactar a las autoridades legislativas locales para denunciar el crimen que se ha cometido. 
  • Considerar contratar un abogado. Un abogado con experiencia puede guiar a la víctima a través del proceso legal, ofreciéndole más posibilidades de conseguir que quiten el contenido, y que el abusador sea responsable. Ayuda a emitir la documentación necesaria, conseguir órdenes judiciales para quitar el contenido no consensuado y perseguir cargos criminales o demandas civiles contra el perpetrador.
  • Buscar apoyo emocional. Ser víctima de ‘pornovenganza’ puede resultar traumático. No hay que tener miedo de buscar apoyo emocional si se necesita. En España, el teléfono de ayuda para la denuncia de delitos en ciberseguridad es el 017, que funciona 24 horas durante todo el año. 

¿Se puede prevenir la ‘pornovenganza’?

Por otro lado, más del 70% de los encuestados españoles respondieron afirmativamente cuando se les preguntó si tomar conciencia sobre la ‘pornografía de venganza’ y otras actividades maliciosas les habían hecho más precavidos con su privacidad online. Desde Cyberghost comparten algunas acciones que se puede tomar para que resulte más difícil identificar a una persona en imágenes y conocer su ubicación offline, así como evitar que el contenido íntimo acabe en las manos equivocadas:

  • Evitar rasgos identificativos. Evitar fotografiar el rostro y características personales como tatuajes o marcas de nacimiento hará más difícil la identificación. Si alguien se está haciendo un selfie frente a un espejo, es importante sacar del cuadro objetos identificativos como la funda del teléfono, reloj o joyería.
  • Oscurecer el entorno. Evitar capturar ubicaciones identificables en las fotografías explícitas para prevenir el rastreo de su ubicación. No incluir la decoración de la casa en fotos y videos, especialmente si comparte de forma frecuente en redes sociales.
  • Desactivar el servicio de ubicación. Los archivos de fotografías y vídeos tienen metadatos, incluida la ubicación. Desactivar esta funcionalidad puede ayudar a asegurar que no se está compartiendo la ubicación sin querer al enviar contenido. 
  • Desactivar la sincronización automática. Es importante desactivar la sincronización automática de la nube, a no ser que se confíe totalmente en el servicio de almacenamiento online. En su lugar, hay que considerar almacenar el contenido de forma nativa en el dispositivo.
  • Usar plataformas seguras. Compartir fotos únicamente a través de aplicaciones seguras y encriptadas como Signal, Telegram y WhatsApp. Algunas funcionalidades pueden ofrecer seguridad adicional, como el cronómetro de autoeliminación en Telegram y WhatsApp, o las notificaciones de capturas en Snapchat.
  • Usar una VPN. Descargar una VPN puede evitar que las imágenes privadas se compartan online, pero encriptará el tráfico. La encriptación hace que otras personas no puedan ver la actividad online y robar las fotos mientras se envían. Esto es especialmente útil si se está utilizando una conexión Wi-Fi que no es segura en un hotel, cafetería o lugar público.