La responsabilidad de los docentes con la competencia lectora

Poca variedad léxica, dificultad para comprender textos y errores ortográficos son algunas de las consecuencias de no trabajar la competencia lectora en las aulas. Gema Lasarte, doctora en Ciencias Literarias, reflexiona sobre ellas y cómo se debe formar al profesorado para evitarlas.

Gema Lasarte

En ocasiones, los docentes nos hallamos ante un problema común: un alumnado que adolece de una escasez léxica, con dificultad para comprender las frases, que usa incorrectamente los signos de puntuación, con problemas para realizar unos buenos apuntes, con una escritura impersonal o una falta de criterios a la hora de mantener un debate.Y es necesario que el profesorado asuma la responsabilidad de desarrollar en ellos la competencia lectora.

El aspecto comunicativo del lenguaje

Como afirma el doctor en Filología Hispánica Víctor Moreno, cabría sostener que el principal problema con el que realmente nos encontramos es la falta de vertebración de la lectura comprensiva en el currículo escolar. Y es que la labor de la escuela no es crear lectores buenos o amantes de la literatura, sino lectores competentes.

Todo esto deriva del aspecto comunicativo del lenguaje. En este sentido, de la misma manera que cada docente es responsable de la competencia comunicativa, también lo somos de la competencia lectora, porque sin comunicación ni comprensión no hay aprendizaje.

competencia lectora

¿Cómo lo hacemos? Entiendo que tenemos una dificultad dual. Por una parte, existe un cuerpo docente poco capacitado en esta competencia y, por otro lado, la sociedad y la juventud ha cambiado su manera de leer. En la actualidad, los niños saben escuchar música, tener tres pantallas abiertas, enviar mensajes de WhatsApp y hacer deberes al mismo tiempo. El problema no son los niños ni los jóvenes, sino los adultos, que se van quedando fuera del proceso y se desautorizan a sí mismos ante una juventud siempre más digitalizada.

Nuevas formas de lectura

Por eso, urge formar al profesorado en las nuevas lecturas y sus formas digitales. Necesitamos conocer las dinámicas lectoras que están liderando el mercado y analizar otras opciones digitales, como los booktubers: cómo se relacionan y se comportan en la red. O cómo se ha originado el paso de los blogs a las books. También, y como indica la docente de Filología catalana Gemma Lluch, tenemos que atender cómo se lee en las nuevas sociedades digitales. Somos responsables de la educación lectora de la escuela y tenemos que hacer planes adecuados, que pueden partir de un ‘contrato’ entre estudiante y docente.

Lectura digital

En este contrato, el profesorado tiene que comenzar por sustituir los libros de texto por páginas web y enseñar a leer en Internet. Antes teníamos un problema, el de la lectura, ahora tenemos otro: un mundo digital en el cual, en muchas ocasiones, el alumnado está por delante del docente. Y me atrevo a augurar un tercero: el desconocimiento del uso correcto de Internet y toda la problemática que empieza a generar su mal uso, como es el caso del ciberbullying.

Formación dentro y fuera del aula

Cuando hablamos de formar al lector digital, es decir, de formar al profesorado, también incluyo a la comunidad de padres y madres, ya que la competencia lectora ha de ir acompañada del hábito lector. En el País Vasco en las últimas décadas han surgido muchos clubs de lectura. Una herramienta que también se está incorporando a la comunidad escolar.

Me parece valiosísimo para reunir al profesorado, al alumnado y a las familias en torno a los libros. Este encuentro puede darse en torno a una biblioteca real como virtual y puede ser interesante también para formar a las familias en las lecturas digitales. Y lo más importante: para poner en valor la lectura.

Lectura fuera del aula

En nuestro país, hoy por hoy la lectura es considerada un hábito ‘friki’ y que no sirve para nada, cuando en realidad el nivel de lectura de un país es uno de los termómetros que mide su nivel cultural. Tenemos grandes escritores y escritoras, buenísimas bibliotecas, interesantes planes lectores en algunos centros escolares, proyectos innovadores y herramientas interesantes de lectura.

Lo único que nos hace falta, aparte de incentivar la validez de la lectura desde las instituciones, son docentes conscientes de este capital cultural y de su validez, y que desde sus centros escolares desarrollen planes lectores, sin olvidar la capacitación del cuerpo docente en la lectura digital.

Leer, como hacer deporte, es una buena práctica que se adquiere con disciplina y que aporta buena salud. Salud cultural.

2 COMENTARIOS

  1. Es cierto que muuchooos niños y jóvenes, también universitarios, tienen una muy preocupante escasez de vocabulario, de capacidad de comprensión y de expresión. Considero que esto no es una «competencia» más entre otras que se puede tener o no tener; más bien pienso que la dificultad, o imposibilidad, de comprensión-expresión oral y escrita puede compararse, en orden al desenvolvimiento social y a la comprensión de la realidad, con la dificultad, o imposibilidad, de respiraren el orden biológico.
    ¿A qué se han dedicado todos los 8 años de Primaria, los 4 de la ESO, los 2 de Bachillerato (o FP), más (en algunos casos) los 4 de Grado universitario si tienen un muy limitado registro comunicativo?

  2. Estoy cansada de artículos de supuestos «expertos» que solo responsabilizan a los profesores del fracaso de los alumnos. Al final se dice que es responsabilidad de todos, incluido las familias, pero lo único que aparece en el titular es la velada incompetencia de los profesores. Los hijos son de los padres y créanme que al final es de ellos de quienes deben aprender lo más importante. Habrá profesores poco preparados, pero bastante hacen con las condiciones en las que trabajan, pues la mayoría de veces son los únicos que se preocupan por el bien de un alumno.

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